Muchas cifras, muchas víctimas

12 de agosto del 2011

Sin ninguna duda, uno de los temas más angustiantes tanto para la administración local como ante la mirada de la comunidad  internacional es el de las cifras de víctimas en la capital de la República. Sobre lo primero ya algo conocemos, pero es importante resaltar lo segundo cuando el gobierno esta luchando estoicamente por la […]

Sin ninguna duda, uno de los temas más angustiantes tanto para la administración local como ante la mirada de la comunidad  internacional es el de las cifras de víctimas en la capital de la República. Sobre lo primero ya algo conocemos, pero es importante resaltar lo segundo cuando el gobierno esta luchando estoicamente por la suscripción del Tratado de Libe Comercio con Estados Unidos, que a veces coquetea y otras es indiferente con nosotros. Lo que pasa es que lo segundo es consecuencia de aquellos aterradores guarismos que sumados a la inestabilidad jurídica e incertidumbre en materia regulatoria que le presentamos a los de afuera, hacen que no seamos atractivos para ellos.

No obstante, tener clara nuestra situación en materia de seguridad y de muertes violentas a diario (cinco decesos a causa de la violencia recibe a diario El Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses en Bogotá), que de seguir así, serían 800 personas a corte de diciembre de este año. Hemos visto una disminución en algunas cifras de criminalidad, que no es suficiente, pero que abre paso para que en nuestra administración sea cada vez más ostensible y podamos volver a salir tranquilos al trabajo, a hacer mercado o de rumba. Sobre este último punto es importante aclarar que las zonas de esparcimiento en Bogotá no dan tregua en la criminalidad, y no me refiero a las localidades de Kennedy, Suba, Ciudad Bolívar, Barrios Unidos ni San Cristóbal, que lideran las estadísticas, sino a lugares como la Zona T, Zona G, Parque de la 93 y Usaquén, entre otros. Este alfabeto zonal que en sus generosos menús nos ofrecen desde la más lánguida empanada, hasta la mejor langosta y platillos franceses, cuenta también en su carta con una amplia gama de punibles listos para ser servidos y ejecutados en contra del ciudadano. A la orden del día están el suave “manos de seda” (robo de billetera sin sentirlo), el raponazo (algo fuerte y con sabor amargo), el fleteo (de alto nivel) y el infaltable paseo millonario (que ofrece un agradable recorrido por barrios de Bogotá acompañado por lo general de arma de fuego), entre otros. Me pasó y lo viví en carne propia. Salí del restaurante “El Techo” en el Centro Comercial el Retiro y fui víctima de atraco dentro del taxi que me transportaba hacia mi casa a las 11 de la noche, por suerte según los móviles del reato eran principiantes, aunque uno no sabe que es más peligroso si amateurs o profesionales, porque de los nervios a los primeros es más fácil que se les dispare el arma. Fui despojado de mi teléfono móvil y por suerte la cosa no pasó a mayores, adicional a la caminata que tuve que emprender desde “El Codito” hasta la 127 con 19, pues el efectivo que llevaba también me lo quitaron.

Ahora bien, como lo mencioné arriba, las cifras afortunadamente han presentado una tendencia a la disminución en ciertos sectores de la ciudad, pero si la administración no coadyuva con eso y más bien propicia ambientes ciudadanos par al delincuencia, pues no se convierte en garante de la seguridad sino en cómplice de la comisión de los delitos que tienen atemorizados a los asociados. Postes de energía sin fluido eléctrico, obras sin terminar, no presencia de policía, trancones, falta de buena señalización, etc., propician escenarios idóneos para el crimen y sus perpetradores. Imaginémonos por un instante en Usme en donde ocurre el primer ejemplo citado, a la persona que va del trabajo a su casa y debe pasar por un sector donde no hay alumbrado público y está plagado de delincuentes, o la niña que para ir al colegio debe atravesar un potrero lleno de escombros por una obra a mitad de marcha.

Desde el Concejo ejerceré control político y veeduría por el cumplimiento de los programas de seguridad para Bogotá. Uno de los propósitos es duplicar los cuadrantes de seguridad en las localidades más afectadas y echando mano de tres herramientas fundamentales como son la cohesión social, las comunidades y los individuos que se ven amenazados por diversos problemas sociales como son la exclusión, la pobreza y la criminalidad, vamos a borrar de las estadísticas del D.C. esas malditas cifras, porque a partir de ese momento las víctimas dejarán de ser un problema y van a convertirse en parte de la solución, a través de mesas de gestores de paz y veedores ciudadanos, generando de esta misma manera empleo y aminorando así el riesgo que supone el ocio. Por eso, el énfasis a desarrollar dentro de la política de seguridad de nuestra administración es de corte participativo, de reconocimiento de la dimensión espacial territorial y de velar por la vigencia de los Derechos Humanos como fuente legítima de seguridad.

No más cifras, no más víctimas: Esto hará que se pueda vivir dignamente en Bogotá, le dará impulso al resto del país y seremos atractivos para que desde afuera no solo nos coqueteen, sino que se enamoren de nosotros, para firmar TLC, BIT y todos esos importantes instrumentos en el desarrollo social, económico y jurídico del país.

@arellanoL17

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