Museveni, al poder de Uganda por cuarta vez

22 de febrero del 2011

El 18 de febrero pasado se realizaron las elecciones presidenciales y parlamentarias en Uganda. Yoweri Museveni, uno de los líderes africanos que lleva más años en el poder (desde 1986), fue elegido para un cuarto mandato, en medio del inconformismo de la oposición que alegó la utilización de enormes sumas de dinero para comprar votos y sobornar el sistema electoral.

A pesar de que los comicios transcurrieron en relativa calma, los observadores internacionales manifestaron múltiples irregularidades. El inconformismo de la oposición representada en Kizza Besigye (líder que obtuvo la segunda votación con un 26,1 por ciento y que se ha enfrentado a Museveni en las dos últimas contiendas) sumado a la coyuntura revolucionaria de Egipto, puede desencadenar la violencia post-electoral que vivió Kenya en 2008 y que dejó 1.500 personas muertas. Esta situación tiene muy tensos a los ugandeses que cargan un pesado legado de violencia.

Ahora bien, para muchos ugandeses del centro y sur del país el resultado de las elecciones es positivo, ya que Museveni representa la transición hacia la paz, luego de un largo periodo de inestabilidad política y económica. Por su parte,  la gente del Norte de Uganda, primordialmente de etnia Acholi, aseguran que estas elecciones han sido un avance, en la medida que muchos pudieron atender los comicios desde sus lugares de origen, sin temor a que su derecho al voto fuera obstaculizado por nuevos ataques del Ejército de Resistencia del Señor o Lord’s Resistance Army (LRA) en inglés. Sin embargo, esta alegría no es completa, ya que para muchos habitantes del norte la supervivencia es su mayor prioridad y dudan de que este nuevo mandato aporte grandes cambios a sus vidas.

El Norte de Uganda ha afrontado una de las peores crisis humanitarias de la historia por los enfrentamientos entre el LRA y  las fuerzas armadas gubernamentales ugandesas. Este conflicto armado ha desplazado más 1,7 millones de personas de un mismo grupo étnico, obligándolos a vivir hacinados en campamentos por más de 20 años. Los rebeldes  del LRA libraron una guerra brutal, reclutando forzosamente niños (más de 20.000)  para su lucha y obligando a las niñas a servir como esclavas sexuales. Todos aquellos que se opusieron a esta lucha fueron mutilados o asesinados, dejando una inmensa ola de dolor y sufrimiento en las familias de esta región. En los últimos años, la acción militar liderada por Museveni ha dispersado el grupo rebelde a  la República Democrática del Congo, al sur de Sudán y a la República Centroafricana.

Cinco años después de esta absurda guerra se estima que 70 mil permanecen en campamentos, según la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (Ocha). Algunos no pueden regresar debido a conflictos por la tierra, a disputas entre clanes, o a la falta de acceso al agua, a los servicios de salud y educación o a la carencia de infraestructura para la reconstrucción del territorio y de la vida de estas personas.

El nuevo mandato de Museveni significa mucha desesperanza para los habitantes  del norte quienes no ven representados sus intereses en este gobierno. Ahora que el Norte de Uganda se encuentra en un periodo de transición de la asistencia humanitaria, a la rehabilitación y el desarrollo, se requiere de mucha voluntad política para que la verdadera paz llegue a Uganda. Se espera que Museveni recapacite en estos nuevos cinco años en el poder, trayendo desarrollo y estabilidad a la gente del Norte, seres humanos que son ejemplo de lucha y dignidad, y a quienes tuve el privilegio de conocer, respetar, querer y admirar.

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