Negociación o guerra

Negociación o guerra

8 de noviembre del 2018

Desde los orígenes de la humanidad los conflictos entre pueblos se han resuelto, bien sea por medio de la guerra, o a través de negociaciones. Incluso cuando se recurría a la guerra para someter a una determinada población, al final se negociaba un armisticio o un acuerdo de paz.
 
Son numerosos los ejemplos de negociaciones que han puesto fin a conflictos sanguinarios y entre los más famosos está la paz de Saint Germain, que terminó el enfrentamiento entre hugonotes y católicos en el reinado de Catalina de Medicis y en el que se aplicaron principios de negociación, que aún hoy en día se conocen y se utilizan. El otro ejemplo muy conocido, tal vez por sus consecuencias desastrosas, fue el Tratado de Versalles, que puso fin a la I guerra mundial, pero como este Tratado no  fue producto de una verdadera negociación, sino más bien un “Diktat”, abrió una herida profunda que permitió el surgimiento del nazismo y de la II Guerra Mundial.

Es  trascendente mencionar las negociaciones que se llevaron a cabo entre los Estados Unidos y Vietnam en París, en pleno curso de la  guerra en Indochina, y que le puso el punto final a la guerra entre ambas naciones.
 
Por último, como otro ejemplo constructivo y positivo se encuentran las negociaciones llevadas a cabo en Centroamérica por el llamado Grupo de Contadora, que propiciaron la subscripción del Acuerdo de Esquipulas, que logró la culminación de los sangrientos conflictos en esa región.
 
En nuestro país se debate si la solución a nuestro conflicto y crisis humanitaria solo se resolvería con una intervención militar foránea, o si se requiere que la presión internacional fuerce algún tipo de salida negociada.
 
La resolución de la situación mediante una intervención militar foránea se ve, por lo menos por ahora, poco probable, ya que la aplicación del R2P en Naciones Unidas es un proceso de largo plazo y complejo y la intervención humanitaria, al margen de las Naciones Unidas, cuenta con mucha resistencia tanto en Latinoamérica como en Europa.
 
¿Qué opciones quedan entonces para resolver esta dramática crisis que nos tiene a todos atenazados y desesperados? La mejor de las opciones sería cumplir con los preceptos establecidos en la Constitución de 1999, que es la única base de sustentación que puede facilitar un amplio espacio de acuerdos que permiten reencontrarnos entre venezolanos con diversidades ideológicas.
 
Esto sólo se podrá llevar a cabo si existe la suficiente presión internacional unida a la necesaria convergencia de los diversos factores fundamentales de la vida política de nuestro país, que acepten y entiendan que solo habrá futuro si se producen cambios sustanciales que conduzcan a la reinstitucionalización y democratización de Venezuela, y en la que las partes en conflicto estén decididas a dar importantes pasos hacia adelante para que ello sea posible.
 
Sabemos que el camino no es fácil y está lleno de obstáculos, sin embargo bien vale la pena el esfuerzo de transitarlo si con él se logra llegar al destino con el menor derramamiento de sangre posible.
 

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