Nos tumbaron los kioscos

Vie, 16/09/2011 - 00:02
Samuel Moreno fue elegido con el apoyo de miles de vendedores ambulantes que esperaban ayuda. Unos, porque estaban aburridos de que los persiguiera la policía. Otros,

Samuel Moreno fue elegido con el apoyo de miles de vendedores ambulantes que esperaban ayuda. Unos, porque estaban aburridos de que los persiguiera la policía. Otros, porque se querían formalizar.

Pero los vendedores, como otros miles de grupos poblacionales, también se llevaron su propio desengaño. La administración de Lucho Garzón decidió que a Bogotá se le entregarían 3000 kioscos metálicos, construidos, que serían espacios de socialización y en los cuales los ciudadanos encontrarían los servicios que ofrece cualquier kiosco universal.

Sin embargo, las promesas del Polo, el partido benévolo con el sector de los vendedores que no quiere estar más en la calle, nunca se cumplieron. De los 3000 kioscos prometidos, la ciudad solo recibió 300, de los cuales solo 150 están ocupados en la actualidad.

Y esos 150 poco o nada sirven. Los vendedores se mojan, y no tienen donde poner una revista o un ramo de flores que se pueda vender. En las grandes ciudades del mundo siempre hay un ‘gancho’ para comprar en los kioscos: allí están las revistas especializadas, los soldaditos de colección, las flores, los chicles o los chocolates. Aquí, hay los mismos cinco productos de paquete, y no tienen nada atractivo a la venta, ni siquiera un periódico. Es más, los vendedores sobreviven a punta de los minutos al menudeo, de los alimentos cocinados en calle y prohibidos por la norma, y sentados en sus propios butacos. Tal y como lo advirtieron muchos concejales, hace cinco años, los administradores de los kioscos no tendrían ni siquiera un lugar donde sentarse.

¿Por qué razón los kioscos no se entregaron? ¿Por qué la mitad no están en funcionamiento? Valdría la pena pensar si los carruseles, esta vez de la piratería, también llegaron a la administración. Sin duda, formalizar a los vendedores ambulantes es una medida que favorece a vendedores, ciudadanos y empresarios, pero que va en contravía de las mafias que se enriquecen a costa de la venta de piratería ilegal en la calle y que la comercializan en todas las esquinas.

Por último, es evidente que no se han reglamentado los aspectos referentes al aprovechamiento económico del espacio público, incluido en el Plan Maestro de Espacio Público que se aprobó en la ciudad hace seis años y del cual depende la política de Kioscos de la ciudad.

Más allá de la casuística, este tema de los kioscos demuestra lo confundido que está el panorama ideológico en Bogotá. Muchos piensan que defender el espacio público y construir andenes son asuntos de derecha. Sin embargo, el espacio público es el lugar que mejor aprovechan quienes no tienen carro y quienes más buscan la calle para disfrutar un rato de esparcimiento. Al no pensar en el espacio público, las administraciones excluyen a los menos favorecidos: los ciudadanos de a pie, y los vendedores que no quieren estar más en la calle. Y el caso que expongo hoy, es solo una muestra más de que el Polo sacrificó sus promesas por sobreponer los beneficios económicos de muchos de sus representantes, a los réditos políticos y logros electorales. Por ahora, que aparezcan los kioscos.

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