Para lo que hay que ver

Vie, 24/06/2011 - 09:00
La fiscal Viviane Morales no sólo está demostrando como dicen muchos, que tiene pantalones. Lo que fundamentalmente deja ver es que está totalmente sintonizada con un país hastiado de impunidad. Q
La fiscal Viviane Morales no sólo está demostrando como dicen muchos, que tiene pantalones. Lo que fundamentalmente deja ver es que está totalmente sintonizada con un país hastiado de impunidad. Que tiene todas las ganas de ejercer el cargo sin contemplaciones y de alguna manera que también está sacando esa rabia en el corazón que le produce a los cristianos de a pie que los corruptos anden, gobierno tras gobierno, tranquilos como Pedro por su casa en todos los rincones del Estado. Ese es tal vez el mayor aporte de la fiscal, que contra todos los pronósticos, se la está jugando para devolverle algo de confianza a unos ciudadanos que ya lo único que les queda por perder es la fe en la justicia divina, porque la humana los tiene totalmente frustrados. Sobre todo porque todo el mundo siempre sabe cómo se están haciendo las cosas, que tal fulanito le responde a tal jefe. Que perencejo es el que da las órdenes, en fin, todo en materia de manejos privados de lo público es un secreto a voces. La corrupción siempre ha existido y en todas partes del mundo, pero lo que se siente hoy en Colombia es que se salió de todas proporciones, incluso de las que al abuelo de Carolina Hoyos le parecían justas. Ahora es más notoria, se siente, se respira, se palpa. No es desproporcionado decir que en cada acto de la administración pública se perciben los olores a podrido. Se ven los funcionarios como un arquetipo. Todos son iguales. Todos tienen el signo del CVY en la frente. Todos saludan ¿Que hay para hacer? No es sino que alguien se acerque a una oficina pública para que sienta el tufillo de lo soterrado, el sabor nauseabundo de hay gato encerrado, que algo huele mal, cuando no se estrella de frente con el hedor de la putrefacción. Cualquier trámite por inocuo que sea se convierte en una oportunidad para esa especie humana que se convirtió en negociante de lo público, tramitador de los que no tendría porque serlo, manejador de información que alguien decidió ocultar para poder negociarla como privilegiada. Se presenta a menor y a mayor escala. Es una ralea que desprestigia y avergüenza el servicio público, que ronda las oficinas estatales para ver cómo le sacan provecho a la más insignificante solicitud para proveer el azúcar de los tintos, el papel higiénico, la tinta para cartuchos de impresora, lo que se necesite; cuando no es sin ningún escrúpulo la nómina paralela, el pliego prefabricado en los despachos del ganador de la licitación, o la contratación de estudios de expertos sobre el sexo de los ángeles. Así incluso se venden, como proveedores de lo que sea y contratistas pa las que sea. Siempre hay alguien que necesita remodelar oficinas para ayudar un contratista, comprar edificios para buscar un sobreprecio, cambiar tapetes, en fin, siempre hay un contratico para ayudar a los amigos que por alguna razón influyeron en que el funcionario quedara en ese cargo que le permite pasar factura. La fiscal y el procurador y la contralora pueden no ser perfectos, pueden tener preferencias no muy católicas, pueden tener pasados no muy, o muy ortodoxos, o algunas fobias particulares y por qué no algo de protagonismo mediático. Pero lo que si es un hecho es que estas personas se acercan a lo que los colombianos simplemente soñamos: Que haya alguien que le ponga el tatequieto no a los corruptos, ni a los traficantes de lo público, sino a aquellos que son eso y actúan a sabiendas de que no les pasa nada. Esta manada de seres que ya rayan con el cinismo, que se sienten intocables,  aquellos que estudian el derecho para actuar torcido, conocen la ley para saber dónde están sus vericuetos. Aquellos que saben que aún en la cárcel se pasearán como Pedro por su casa, despachando nombramientos y arreglando coimas con autoridad inmoral, porque aquí se ha llegado al punto en que se respeta y se reconoce es al que sabe buscarle la comba al palo y salir airoso a pesar de su escandalosa condición . Fiscal, procurador y contralora, tres personas distintas tras un sólo designio verdadero. No desfallezcan que no son pocos lo colombianos que empiezan a tener fe en ustedes. Que se equivoquen, claro que va a pasar; que su olfato los traicione, es una probabilidad; que su ego se infle, son humanos y habrá que controlarlo; que aparezcan testimonios falsos que luego se desinflen también cabe en lo posible. Pero por amor a Dios que nada les tape los ojos, que nada los enceguezca, porque muchos creen que llegó la justicia.
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