La segunda vuelta para la elección popular de alcaldes no siempre sería necesaria como norma general, pero hoy por hoy en no pocos municipios del país en los cuales no existen fuerzas totalmente mayoritarias, podría inventarse esta modalidad democrática a la criolla, rebuscando salidas pero sin acomodar la ley ni destruir las instituciones, como pretendió el re elector mesiánico, el Supremo Uribe.
Me explico: adaptando mecanismos alternos como encuestas relativamente objetivas y sanas, para que en las elecciones de octubre se presenten dos o a lo sumo tres candidatos producto de alianzas y uniones previas, basadas en datos de favorabilidad e intención de voto. Si tomamos el caso de Bogotá, como se están dando los re alineamientos, tendencias, amoríos y novedades, todo está cantado para que terminen enfrentadas en la elección de Alcalde Mayor, tan solo dos fuerzas mayoritarias que decidirían a voto limpio el futuro de la ciudad capital. El uribismo y una alianza de quienes se oponen a la posibilidad que la capital sea tomada por la corriente del todo vale, del avionismo y el exultante extremismo de derecha.
Aún es muy temprano para saber en cabeza de cual candidato entre los varios que se oponen a la supuesta aplanadora de la alianza Uribe-Peñalosa, podría estar el pase para esa “segunda vuelta” por acordada sustracción de materia.
Peñalosa no solamente ha bajado considerablemente en las encuestas que giran en torno al uribismo y que manejan universos favorables a las dinámicas impuestas de frente o de soslayo aun por el viejo régimen. Según una encuesta independiente, Petro le gana ya en intención de voto al Señor de los Bolardos. De tal modo que la carrera no parece estar ya pre pagada para que Peñalosa con el apoyo de todo el aparato propagandístico y de opinión sumado a la clientela uribista, gane de manera holgada.
En la encuesta de Cifras y Conceptos solo entre votantes de Bogotá (le creo más que a Gallup, con una muestra muy diferente), Gustavo Petro aparece con el 15,7 por ciento de la intención de voto y Peñalosa con el 14,6 por ciento. Tercero está el delfín Carlos Fernando Galán de Cambio Radical con el 10,3 por ciento (reflejo del buen momento de Vargas Lleras) y luego Gina Parody y David Luna con el 5 por ciento.
No más con esos datos y faltando la casi segura candidatura de Antanas Mockus, que a quien más le quitaría votos sería a Peñalosa por el lado de la mayoritaria fuerza visionaria que se fue de los verdes, se ve sin esfuerzo como dos grandes núcleos antagónicos y de todas maneras polarizados, están enfrentados. El uribo-peñalosismo, y los anti bolardo. O sea, lo que ya se llama en la calle el partido Uriverde a secas, con Peñalosa, pero sin Fajardo, sin Mockus, sin Ola Verde, sin corriente de opinión. Con Lucho, si, pero Lucho Garzón ya es tan solo un monigote con el vestido al revés. O sea, un payaso sin votos ni gracia. Peñalosa con Uribe sí, pero candidato de un partido que ya no existe.,
En mi teoría del puchero bogotano, caben en la olla Petro, Carlos Fernando Galán, Gina Parody, Antanas Mockus En el sancocho de Uribe cabe Peñalosa desde luego, y cuando más el “Eclipse de Luna”, que es liberal pero puede estar perfectamente al final con Peñuribe, por afinidades ideológicas de fondo. Que a Luna le parezca chévere rock al parque (pura demagogia) eso no le quita su condición de amante del pop neoliberal de derecha.
Y aún falta en el sancocho el candidato del Polo, que aunque seguramente estará lejos de la punta en los sondeos (hasta de pronto para octubre con Samuel haciéndole compañía a Iván en la cana), de todas maneras tendrá con él la muy considerable corriente de opinión y la maquinaria de la izquierda, debilitada si por la fenomenal embarrada de los Moreno y por lo que Petro le quitó al PDA.
Así, en la “primera vuelta” antes de Octubre, los candidatos del puchero anti Peñuribe, podrían ponerse de acuerdo, si verdaderamente quieren impedir que a Bogotá la gobiernen con los errores de Peñalosa sumados a los horrores de Uribe.
Me imagino que dentro de unas semanas en la parte alta de la tabla por la alcaldía de la capital estarán Petro, Mockus y Peñalosa, en la parte media Gina Parody, Carlos Fernando Galán y el candidato del Polo, y bien abajo David Luna y pequeños etcéteras. Y ya más cerca del día de las elecciones, a un mes o tres semanas, se sabrá si es Petro o Mockus quien podrá evitar que la ultra derecha meta el jonrón en Bogotá.
Y si Uribe, temeroso de lo que ya parece una segura derrota de su candidato para el segundo cargo de la nación, decide lanzarse él mismo, pues ya las encuestas le están haciendo sonar las alarmas también: Uribe sacaría 15,4 por ciento y Petro 14,7 por ciento. Empate técnico. Y ya sabemos que para los técnicos paisas como don Álvaro, “empatar es perder del todo”
Viendo así las cosas, la supuesta enredada carrera por la alcaldía de Bogotá, estaría desde ya mucho más clara de lo que se supone. Y si aún no se dieran las alianzas y descartes para mi deseada “segunda vuelta” da la impresión desde estas primeras de cambio, que los señalados por la divinidad están bastante disminuidos y que no tendremos que soportar en la capital a los herederos de los falsos positivos, de Ais, de las chuzadas. Un puchero bogotano contra los que ahora amparados en un Verde descolorido, quieren seguramente entrar y saquear a Bogotá como lo hicieron en el Inco, en los Ministerios de Transporte , Agricultura, Protección Social, Estupefacientes, Oficina del Alto Comisionado, Incoder y lo que falta por saberse.
Peñalosa ha entrado al uribismo en olímpico piscinazo salpicando de manchas su candidatura. Manchas ajenas, que ahora Peñalosa ha vuelto propias. Quiere quedarse con el oro de Uribe, pero el oro también se derrite. Al Supremo se le están bajando las defensas, cada vez comete más errores y su teflón ya tiene ralladuras como de cincel. Y agréguenle a ello los lastres propios de don Enrique. Basta pasar por la Caracas y ver las losas destruidas del Transmilenio para saber que no hay que votar por él. Con el sobrecosto producto del error en el pavimento, ya se habría hecho una troncal y media. Si es que dejamos las cosas así, y no inquirimos a ver qué torcidos se esconden detrás de esa chambonada. Y ni siquiera él puede desconocer que por lo menos hasta hora, con el resultado de la encuesta independiente y las otras, su estrategia de juntar cobijas con Uribe, oh paradoja, le está saliendo costosísima. A Uribe también.
Pero si la jugada de concertar una segunda vuelta contra Peñalosa funciona, no habrá alcalde uribista.
