Que la tortilla se vuelva

Mar, 20/03/2012 - 01:01
“¿Cuando querrá el Dios del Cielo
Que la tortilla se vuelva?
Que la tortilla se vuelva,
Que los pobres coman pan
Y los ricos mierda, mi

“¿Cuando querrá el Dios del Cielo Que la tortilla se vuelva? Que la tortilla se vuelva, Que los pobres coman pan Y los ricos mierda, mierda…” Copla popular.

Cuando corrían los años 70 y soñábamos con cambiar el mundo en una revolución socialista, cantábamos entusiasmados estas coplas que resumen muy bien la simplicidad de las soluciones que preveíamos para crear un “mundo mejor”. Era todo tan fácil: voltear la tortilla y ¡punto!

Lamentablemente los años y los repetidos fracasos de esos modelos elementales, nos han ido acercando a una posición menos ingenua. Las cosas no cambian porque cambien los protagonistas o porque se inviertan los papeles sociales. El mundo creado por los seres humanos es mucho más complejo, más sutil y más difícil de cambiar.

Estas reflexiones, y el recordar las simpáticas coplitas revolucionarias, me llevaron a mirar la carátula de la revista Soho con gran escepticismo. Allí, de la mano de su director, un tremendo y sarcástico periodista, se le dio vuelta a la tortilla del servicio doméstico. La tan cacareada foto de una dinastía de caleñas, que en un despliegue de pedantería se dejó retratar con sus dos mucamas negras al fondo, parecía haber encontrado una respuesta contundente: la portada de una prestigiosa revista dedicada a un grupo de hermosas mujeres afro desnudas y un par de empleadas domésticas blancas, al fondo, listas a servir a sus patronas.

¿Se hizo justicia? ¿Se humilló a esa oligarquía blanca inconsciente y primaria? ¿Se ensalzó a las mujeres negras? ¿Se cambiaron las condiciones de trabajo de las empleadas domésticas? No lo creo. Probablemente lo único que se logró fue vender la revista, pero nada más.

La foto de Soho me sigue dando vueltas y no termina de convencerme, por el contrario, me ha dejado un sabor agridulce. El dulzor de la broma, de la parodia que se tenían bien merecido las damas caleñas y el amargo de una venganza inútil, de una tortilla que se da vuelta para que “arriba queden las afro y abajo las blancas”; pero lamentablemente las cosas no son tan simples, ni los cambios sociales tan sencillos. Esa fue una de las mayores enseñanzas de Nelson Mandela, que después de su humillante y prologando cautiverio, no salió a perseguir y encarcelar blancos, sino a cambiar las condiciones de esa sociedad enfermiza como la del apartheid.

Si sectores sociales indolentes, se ufanan de su riqueza, de su poder, de su dominio, demostrando de paso una insensibilidad monstruosa frente a la pobreza y la marginalidad, uno creería que ese sistema debe cambiarse por otro totalmente distinto, un sistema donde, si se requiere el trabajo doméstico, se pague con justicia, se valore como algo fundamental y se de trato digno a quienes lo ejerzan, inclusive cuando quienes lo hacen son las mismas esposas o compañeras. Un mundo en el que la riqueza esté mejor repartida y no se tengan enormes barreras educativas y de oportunidades por el solo hecho de ser afro; una sociedad donde el valor del ser humano no se tase en el color de la piel, o en el extracto bancario.

Pero la famosa foto lo que plantea es algo muy distinto: ¡basta con cambiar de orden en los asientos y ¡ya! Con un agravante que aparece como menaje subliminal: a las mujeres afro para que adquieran valor hay que desnudarlas, a las blancas les bastan sus apellidos y su plata.

Y algo más para rematar, la foto de las poderosas señoras blancas refleja la verdad de lo que pasa en nuestra sociedad, es un reportaje gráfico objetivo: Esas señoras existen, viven allí y son así de ricas;  la carátula de Soho, en cambio, es una ilusión, una puesta en escena, la expresión de un deseo, el deseo de venganza, pero de una venganza que envilece. En vez de voltear la tortilla, qué bueno sería hacerla de nuevo cambiando los ingredientes de pobreza y segregación, por oportunidad y respeto y poder retratar, más temprano que tarde, mujeres afro empoderadas y orgullosas de sus logros.

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