A pesar de que muchos le han querido dar una especie de cristiana sepultura porque creen que la ola verde fue girasol de un día, el Partido Verde acaba de demostrar que no está biche, que no se ha desteñido y que contra muchos pronósticos está cada vez más maduro. Hoy nuevamente se pinta la cara de color esperanza y pone de presente que vive, siente y aspira. El fin de semana pasado realizó su segunda conferencia en Cartagena y dejó claro que está en la pelea, que con sus dos gobernadores, sus 50 alcaldes, sus 27 diputados, sus 172 ediles y sus 792 concejales avanza hacia la construcción de una propuesta partidista sólida y que llegó para quedarse en la disputa por el poder y por una Colombia nueva.
Con cierta sorna, algunos miembros de los partidos tradicionales y sus periodistas cercanos hablaban del Partido Verde como una colcha de retazos sin norte ideológico y hasta en busca de dirigentes, luego de la descuadernada que se había pegado cuando Antanas Mockus hizo toldas aparte en las pasadas elecciones de alcaldía, por no estar de acuerdo con que el expresidente Alvaro Uribe apoyara al candidato verde, Enrique Peñalosa. Se sumaba al pesimismo el reciente desconcierto que generó Lucho Garzón, su expresidente vocero, cuando aceptó un cargo de consejero presidencial en asuntos de diálogo social, que en el ambiente quedó como un favor de un ministerio sin funciones y un ingreso destemplado a la Unidad Nacional del presidente Juan Manuel Santos.
Pero a pesar de la subsistencia de algunos problemas internos, como que algunos sectores de izquierda agrupados en torno a una facción llamada Reverdecer, sienten que el partido más que representante legal tiene dueño y señor, y de las constantes amenazas que se ciernen siempre sobre un partido joven, su nuevo presidente y vocero, Alfonso Prada, decidió echarse el partido al hombro y sacarlo adelante para que retome las banderas que le dieron su razón de ser y se consolide como la tercera opción que requiere la Colombia moderna. Esa opción de centro, de democracia social y de nueva forma de ejercer la política que tantos extrañan. Prada Gil, no obstante su juventud, aceptó el reto, se la jugó en paro en este evento y terminó perfilado como un dirigente de quilates y con mucho futuro.
Prada logró incluso que el presidente Santos se pusiera, literalmente, la camiseta verde y durante una hora y media rindiera una especie de informe de gestión, en tono persuasivo y respetuoso ante un auditorio que más de dos años atrás se le había enfrentado contundentemente en la contienda electoral por la presidencia. El nuevo jefe verde dejó ver, además, que en esta particular coyuntura es más grande que algunos de sus antiguos directivos. Lucho y Peñalosa se vieron pálidos frente al brilló que tuvo el nuevo líder verde durante el encuentro.
Su carisma fue notorio y dejó en evidencia que sus exjefes no hubieran podido llevar al partido al punto de revivir el optimismo y la fe en la alternatividad política, así existan diferencias. No tanto porque sus antiguos jefes no sean capaces, sino porque les quedó grande. Para ponerse al frente de un partido se necesita de una mínima condición, ser hombre de partido. Y Prada lo ha sido desde pequeño, conoce el ejercicio modesto del gregario y sabe hacer la segunda. Quizás aún esté en formación el talante de ideólogo pero lo que sí muestra es que se mueve muy bien en las lides de la alta política y que no le queda para nada grande asumir el liderazgo de la colectividad verde.
Los más escépticos, que lo veían hasta la semana pasada como una extensión incondicional del peñalosismo, quedaron más que satisfechos con sus posturas independientes, sus ganas de abanderar las causas democráticas que lo han distanciado de las prácticas del liberalismo y su ferviente deseo de jalonar procesos en bien de las negociaciones de paz, de la reforma a la justicia y de una política minera que garantice el desarrollo sostenible. Pero sobre todo dispuesto a emprender seriamente el camino de la defensa de la naturaleza y su biodiversidad desde los postulados ambientales y ecológicos que trasciendan las visiones anacrónicas del antropocentrismo.
El partido tomó su segundo aire y se prepara para un congreso en el primer semestre del año próximo en el que se dará más representatividad a los dirigentes regionales y mayor participación a los nuevos liderazgos tanto juveniles como femeninos. Aspira a mejorar algunos desbalances en el funcionamiento de la democracia interna y volver por los fueros de los principios que los unieron al rededor de un nuevo ethos. Una nueva ética de lo social que encarnaba Lucho, una nueva ética de lo público que encarnaba Antanas, una nueva ética de lo político que encarnaba Fajardo, una nueva ética de lo técnico que encarnaba Peñalosa y una nueva ética de la seguridad que encarnaba Martha Lucía Ramírez. Prada tiene que contar con la calidad académica de John Sudarsky, la vocación social de Antonio Sanguino, la experiencia política de Iván Name, el espíritu de servicio de Jorge Londoño, la seriedad de Ángela Robledo y el ímpetu de Carlos Amaya para que nunca más se cometan errores de bancada como el que acaba de suceder a propósito de la reelección del Procurador, que dejó verde a más de uno.
Ahora el reto es aún mayor. Garantizar que el partido se mantenga independiente, que las posturas ideologizantes de derecha, que representan en alguna medida Peñalosa y Gilma Jiménez, se debatan pero no fracturen el partido; que las posturas antipartido de Mockus no logren empañar sus enseñanzas de la vida es sagrada, del no todo vale, y de los recursos públicos sagrados; que las posturas de los antiguos miembros del M19 que hacen parte del partido no lo arrastren a la cola del alcalde Gustavo Petro, y menos por unas migajas de poder en el Distrito; y que se aprenda de la experiencia de las organizaciones democráticas que en el país casi siempre terminan en ejercicios de canibalismo, divisionismo y vanguardismo sembrando nuevas decepciones y replicando viejas frustraciones.
Santos y Petro se pelean la camiseta verde
Dom, 09/12/2012 - 07:38
A pesar de que muchos le han querido dar una especie de cristiana sepultura porque creen que la ola verde fue girasol de un día, el Partido Verde acaba de demostrar que no está biche, que no se ha d
