Ser o no ser uribista

Jue, 29/03/2012 - 01:02
Twitter es una terapia balsámica. Cuando a uno lo insultan una vez, eso horada el fundamento emocional, conmueve, y crece un nudo en la garganta hasta en el más fuert

Twitter es una terapia balsámica. Cuando a uno lo insultan una vez, eso horada el fundamento emocional, conmueve, y crece un nudo en la garganta hasta en el más fuerte e inocente. Cuando ya es una tonelada de ultrajes por día, uno empieza a entender que los agravios hablan mal del que los profiere y no de quien los recibe. Lo que sí puede marchitar el espíritu es la convicción interior de haber obrado mal, pero en estado de certeza sobre la inocencia fustigada, cada insulto es una flecha sin punta. Una forma de calistenia para el alma.

Gracias a Twitter he ido profundizando en mi aprendizaje de humildad. Cada vez respondo con mayor cortesía a quienes me lanzan procaces sentencias que pretenden desbarrancar mi amor propio por el precipicio de su amargura. El resultado es fascinante: Cuando una persona me dice "Canalla, HP, fachista," Le respondo "Está errado. Perdono su agravio, le invito a la reflexión" Enseguida, poco a poco, una sublime paz interior va invadiéndolo a uno, hasta que se logra gravitar encima de la maledicencia humana. Es una sensación confusa, porque conviven superioridad y humildad al tiempo; una especie de "experiencia religiosa" originada en lo peor de la mezquindad del hombre, pero catalizada por una tolerancia medicinal que abreva en las certezas interiores...

Para aterrizar esta divagación, que no es teológica ni metafísica, debo decir que, en mi caso, estadísticamente, el 80% de las injurias vienen de quienes me dan por uribista, solo por eso empecé a preguntarme si lo soy. Como no he podido descifrarlo, el ejercicio es pensar por escrito y en público: ¿Seré uribista? A ver...

Uribe considera la diplomacia un ejercicio de falsedades: Yo no.

Uribe no está de acuerdo con la nueva relación de hipocresía con el régimen chavista: Yo sí.

A Uribe "le patea" la arrogancia tercermundista disfrazada de ilustración autonómica de Rafael Correa. En eso estamos de acuerdo; tener ese presidente habla mal de los ecuatorianos.

A Uribe no le gustan los cocteles ni rumbas de Bogotá: Yo las gozo. Me siento de visita en Roma A.C.

Uribe no se toma ni un traguito. A mí, socialmente, me parece un vehículo de descubrimientos.

Uribe considera que la legalidad de la dosis personal es un error. Yo también. Pero por razones distintas: Discurro que, como en el cohecho, es igual de pecaminoso comprar que vender...

Uribe no está de acuerdo con la legalización de la droga ni del aborto. Yo sí. ¡Y estamos tarde!

Uribe extraditó más de mil colombianos: Para mí, extraditar un nacional es claudicante. Debería ser traición a la patria.

A Uribe le gustaba Juan Manuel en su gabinete. A mí, me parecía buen ministro, pero mala idea.

Uribe pensó que Santos sería el mejor continuador de sus ideas. Yo sabía que no.

A Uribe le parece nefasto el gobierno de Santos, a mi me parece bastante bueno. Aunque sea regularcito en lo que Uribe era muy exitoso, logra ser bueno en lo que Uribe no era.

Uribe es retórico, yo soy dialéctico. Uribe desprecia lo refinado, a mi me subyuga. Uribe es clerical, yo no, por librepensador... Uribe no ve la estética de las cosas, yo concedo inmenso valor a las formas, lo estético me acaricia.

Uribe cree en inamovibles. Yo, por ejemplo, pienso que Colombia no debería tener ejército sino una policía muy especializada de 600.000 hombres. A Uribe eso le parecería impensable.

Uribe no baila, yo me creo buen parejo. Uribe no descansa; a mi descansar me parece más importante que trabajar. El tiene poco sentido del humor, a mí la risa me parece más importante que el sexo...

Tengo más bien pocas afinidades con Uribe. Quizá solo el sentido patriótico, la poesía y los caballos. Y tal vez no baste para que sea divertido departir de largo.

Sin embargo, jamás hubo un Presidente tan consagrado a su mandato popular; el país volvió a ser viable gracias a su capacidad de trabajo y abnegación. Recuperó el territorio, y la soberanía interior que hoy despliega el Estado se le debe toda. Aquí no habría inversión sin su soliloquio de la "confianza inversionista" e indiscutiblemente devolvió Colombia a la gente amedrentada y sin fe, que se apretujaba en las ciudades, como los vaqueros en el Fuerte, cuando el estado zozobró desde el 82 en adelante... Sin Uribe, ese naufragio que llamábamos país estaría más hondo que el Titánic. Ningún fiscal habría osado investigar delincuencia organizada, ni los magistrados habrían desempolvado denuncias que ignoraron por años. Tampoco un solo periodista hubiera podido pronunciar la palabra "paraco" sin que lo pagara con su vida.

De no ser por Uribe el Bloque Capital de Miguel Arroyave mandaría en Bogotá, la guerrilla pondría la mitad de los gobernadores del país y las AUC la otra mitad. No habría boom de commodities ni locomotoras de nada, pero sobretodo, jamás habría sido presidente Santos. Veinte columnistas no tendrían tema, ni Semana habría consignado 10.000 millones más por pauta. Eso sí, seguirían las masacres, el ejército seguiría acobardado en las guarniciones, los policías usarían revolvitos 38 de 6 balas, las fincas serían improductivas, el comercio estaría deprimido, los secuestros se negociarían en una oficina de las Farc en la 72 con Séptima, y nos habría llevado el diablo.

Pero en Colombia es más "natural" difamar que admirar y aplicaron la fórmula L&M de la izquierda: Una tonelada de verdad revuelta con una pulgarada de mentira, que basta para corromperla toda. La sigla sale de un ejemplo: Si a 50.000 litros de leche, se le revuelve una cucharadita de caca, ¿sigue siendo leche? ¿O se vuelve un batido de leche con mierda?

Para los furibistas, tantos desacuerdos críticos me inhabilitan como integrante de sus huestes, y para los antiuribistas también estoy descartado por reconocer sin ambages los méritos del expresidente. Francamente las dos cosas me tranquilizan. En realidad no soy uribista ni antiuribista, solo "sergioaraujista" a secas.

@sergioaraujoc

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