Wikileaks: el secreto no tiene un carácter absoluto

28 de febrero del 2011

Para la ciencia ética en determinadas circunstancias es válido y necesario guardar ciertos secretos en el ámbito personal e institucional. El sigilo no tiene un carácter absoluto, excepto el de la confesión católica, donde la excepción confirma la regla. Este talante lo genera el hecho de que el secreto no es incondicional, sino un bien moral al servicio de valores irrenunciables, y cuando estos sufren daño a causa de determinado silencio éste debe levantarse.

La dignidad humana de la persona y de los pueblos, y la solidaridad, son los absolutos morales que constituyen la columna vertebral del mínimo ético jurídico que hoy acatan, por lo menos en teoría, todos los pueblos de la tierra. Este mínimo es la Declaración Universal de los Derechos Humanos Personales y Sociales de 1948.

Todo silencio que vaya en contra de estos absolutos morales debe levantarse, y Wikileaks lo está haciendo con gran valentía y hondo carisma humanitario, démosle gracias a Dios. En este sentido graves crímenes cometidos por poderes cuasi omnímodos, y mantenidos por éstos en secreto para ser muy eficaces en el ejercicio de sus más perversos intereses, están saliendo a la luz pública. Y esto es muy importante, ya que tales poderes deben asumir que solo es legítimo y válido proceder por los caminos de la ética y el derecho. De lo contrario todo el mundo lo sabrá, debiéndose atener a los tribunales nacionales e internacionales, y a las consecuencias de que caiga sobre ellos todo el peso de la ley, la moral, y la conciencia buena y recta de la humanidad. La dirección electrónica de Wikileaks es: www.mirror.wikileaks.info.

El sitio web www.presseurop.eu/es/content/article/370261-wikileaks-verdad-o-caza-de-la-exclusiva diciembre 16, 2010, trae un sugerente análisis sobre el huracán Wikileaks, que resumo a continuación.

El 23 de octubre de 2010, el sitio web WikiLeaks, seguido por los diarios New York Times, Spiegel, Le Monde y Guardian, publicó más de 400 mil documentos secretos del ejército estadounidense sobre su presencia en Irak desde la invasión de 2003. Entre las muchas perlas que esta documentación revela se encuentra el hecho que entre 2006 y 2007 tal ejército masacró varios civiles inermes e indefensos mostrándolos como caídos en combate.

“Es la guerra día a día, vista desde la calle, desde el puesto fronterizo y relatada de forma lapidaria y sin reparos por el soldado redactor”, señala Le Monde. “Es la explicación de la banalidad de la violencia en este tiempo de guerra y de ocupación”. Por su parte, Der Spiegel, recuerda en su portada que después de 100 mil muertes, “sigue sin haber paz”, y se pregunta: “¿Todo eso merecía la pena?”.

A pesar de todo, estima Berliner Zeitung, “Wikileaks presta un servicio a la democracia”, porque ésta se enfrenta de manera crítica a sus horas más sombrías. “Por otro lado, en China el gobierno teme el anuncio de la creación de un WikiLeaks local”. Para el Financial Times, “los gobiernos deberían darse cuenta de que no pueden hacer frente a la revolución de la información que ha generado WikiLeaks. La tecnología hace que sea cada vez más difícil proteger a la población de las consecuencias de los conflictos armados. Atrás queda el tiempo en el que se podían ocultar los horrores”.

Como es de conocimiento público Colombia no escapa a todo este escándalo. Estas revelaciones están aportando valiosos datos acerca de las chuzadas del DAS, los mal llamados falsos positivos, o el último acuerdo militar entre los Estados Unidos y Colombia, el cual tumbó la Corte Constitucional y que resultó ser ante todo una iniciativa del gobierno nacional.

Concluyo con una sabia perspectiva del gran eticista católico italiano actual, Enrico Chiavacci: “El bien del mismo que confía el secreto, el bien del receptor, el bien de otros y el bien de la comunidad pueden exigir, cuando sean suficientemente graves los motivos, la violación del secreto. Pero se necesita una gravedad particular, también porque la violación de un secreto, especialmente el profesional, es siempre un grave daño a la fiabilidad de la vida asociada”.

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