¿Y nuestros estudiantes?

¿Y nuestros estudiantes?

16 de Mayo del 2017

He sido profesor universitario por más de veinticinco años. La cátedra es una excelente plataforma para apreciar la evolución de un país. El estudiante no siempre se parece al ciudadano. Los colombianos son luchadores y aguerridos. Por eso salen adelante en un entorno lleno de dificultades. En cambio los alumnos van siempre por la ley del menor esfuerzo. Eso era cierto en el pasado y lo es hoy.

La idea de que uno “aprende lo que estudia” no cala en nuestras entidades de educación superior. Nuestros estudiantes prefieren “aprender lo que les enseñan” y por ello toda la carga recae sobre el profesor. Si es malo o indolente, el alumno pasa la materia sin aprender nada porque “no se lo enseñaron”.

Según el observatorio de empleo del Ministerio de Educación Nacional, el salario de enganche de un graduado de la universidad es en promedio de 1,5 millones de pesos mensuales, que equivale a dos veces el salario mínimo vigente. Entre estudiar y no estudiar, la diferencia salarial es mínima porque el mercado no reconoce el valor agregado de la educación. Esto es terrible para cualquier país.

Donde en otras latitudes los estudiantes son rebeldes, cuestionadores, insolentes y atrevidos, en nuestro país son de una gran pasividad. Sólo protestan por las notas. Lo demás los tiene sin cuidado pues su mundo se resume a terminar la carrera para tener el diploma que los cataloga como “doctores”.

Este triste retrato de nuestra juventud estudiantil sólo se matiza cuando veo las emocionantes imágenes de los universitarios venezolanos que protestan contra la dictadura Chavista. Ver a esos jóvenes correr todos los riesgos para recuperar su país me da entusiasmo. El madurismo es el gobierno de los más incapaces y corruptos. Los jóvenes que estudian saben que en ese sistema lo que se premia es la fidelidad al socialismo y al régimen. El conocimiento no tiene ninguna importancia en un sistema donde el único mérito que cuenta es repetir, como lora, las consignas de diseñadas por los cubanos a favor de la revolución.

Mientras esos muchachos venezolanos luchan por recuperar sus libertades los de aquí aplauden a los cabecillas de las Farc que afirman, como dice Timochenko, que Venezuela es “un bello experimento de democracia y tolerancia, que construye una alternativa económica y política frente al designio neoliberal”.

Los estudiantes venezolanos me producen admiración; los colombianos depresión.

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