Artie Shaw

30 de diciembre del 2010

Arthur Jacob Arshawsky, a diferencia de la mayoría de los jazzistas de su época, nació en una familia rica, blanca y judía de Connecticut. Su educación musical, por lo tanto, comenzó con la música clásica y en el conservatorio, y le tomaría un buen tiempo acercarse a la espectacular escena del swing en la Nueva […]

Artie Shaw

Arthur Jacob Arshawsky, a diferencia de la mayoría de los jazzistas de su época, nació en una familia rica, blanca y judía de Connecticut. Su educación musical, por lo tanto, comenzó con la música clásica y en el conservatorio, y le tomaría un buen tiempo acercarse a la espectacular escena del swing en la Nueva York de los años treinta. Sin embargo, una vez allí, brilló tanto como los maestros que llevaban ahí la vida entera.

La escena del swing en Nueva York estaba liderada por Benny Goodman, el “rey del swing”, que tenía la big band más exitosa de todas. Los mejores músicos del jazz conformaban su orquesta, las mejores cantantes se peleaban por cantar con ella, y el mejor arreglista de la década, Fletcher Henderson, escribía los arreglos. Pero a diferencia de las corrientes anteriores del jazz, el swing se había vuelto un fenómeno multitudinario y un negocio multimillonario, cuyos éxitos se reproducían en las radios y los televisores de todo Estado Unidos y cada vez más de Europa. Por eso, aunque los músicos más talentosos tocaban con Goodman, la industria los había obligado a limitar sus experimentos musicales y ceñirse a la fórmula exitosa del swing bailable y feliz.

Pero en medio de ese panorama apareció Artie Shaw, con una big band menos célebre pero con una propuesta en varios sentidos inesperada. Por un lado, la orquesta de Shaw pretendía eliminar la absurda segregación de músicos según el color, y dio un enorme concierto en Nueva York figurando a Billie Holiday, la mejor cantante negra de la época. Pero si la respuesta no fue del todo negativa en la capital, sí lo fue en los estados del sur, y los productores amenazaron a Shaw de terminar su contrato. Entonces Shaw decidió no echar a Billie Holiday y más bien contratar al trompetista Buddy Rich, negro como la noche. La inevitable catástrofe, sin embargo, no ocurrió, porque Shaw logró confundir a los espectadores racistas y deleitar a los indiferentes con otra sorpresa complementaria, que fue la inclusión de elementos musicales del todo blancos y europeos en su bailable orquesta. Introdujo, por ejemplo, un cuarteto de cuerdas al estilo clásico, y escribió arreglos en que el jazz iba de la mano con la música de cámara. La respuesta, al principio, fue confusa, pero pronto Shaw logró usurparle el trono al rey del swing Benny Goodman, y apropiarse de él.

Sin embargo, las presiones mediáticas y comerciales que ya habían llevado a Goodman a retirarse de la gran escena y constituir un refinado y pequeño ensamble de jazz, destinado a un público mucho más selecto, terminaron por forzar a Shaw por el mismo camino. Así es que para la década del cincuenta, Shaw ya había olvidado el swing, y redescubriendo las primeras pasiones de su infancia, se había retirado a Europa, a tocar al frente de pocos una música que pocos entendían, a estudiar matemáticas avanzadas y a darse en fin la vida que un verdadero rey se merece.

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