Astor Piazzolla

Astor Piazzolla

11 de marzo del 2011

Astor Pantaleón Piazzolla, hijo de padres italianos, nació en Mar del Plata, Argentina, ya condenado a ser tanguero, o futbolista. De todas formas la historia de Piazzolla y el tango fue muchos menos directa de lo que habría podido ser, y poco sabía el joven Astor, que a los ocho años ya tenía su primer bandoneón y ya soñaba con tocar con la orquesta de Aníbal Troilo “Pichuco”, el mejor bandoneonista de Buenos Aires, que para ingresar a ese mundo recién salido del arrabal porteño y recién aceptado en las grandes salas de conciertos, tendría que viajar no a Buenos Aires, sino a Nueva York a conocer a Carlitos Gardel.

El padre de Piazzolla era el sastre de Gardel, y por eso el cantor se había hecho buen amigo de la familia. Aprovechando que la familia se había mudado a Nueva York, Gardel invitó a Piazzolla a participar en su última película, El día que me quieras, en la que hace un papel corto de repartidor de periódicos. Además de afirmar su amor por el tango, la relación con Gardel también le abrió puertas cuando de vuelta en Argentina, pero esta vez ya en Buenos Aires, Piazzolla intentó dedicarse de lleno al tango. Dos años le costó ingresar a la orquesta de Troilo, en la que pronto sería el arreglista. Sólo hasta el cuarenta y nueve, sin embargo, después de haber pasado por varias orquestas, Piazzolla compondría su primer tango piazzollesco, llamado Desbande.

Entonces, frente a una pieza que a primera vista era distinta de todo lo que había escrito antes, Piazzolla tuvo el buen tino de intuir que en el lenguaje del tango clásico, como se tocaba en las orquestas de entonces, no encontraría los elementos para desarrollar esa idea que había logrado insinuar en Desbande casi involuntariamente. Entonces deja el tengo y se dedica a estudiar otras corrientes musicales. Retoma sus estudios de música clásica, que habían empezado en Nueva York con un pianista húngaro y habían continuado en Buenos Aires con Alberto Ginastera. Dado su amor y su temprano éxito con el tango, Piazzolla había mantenido esta parte de su educación al margen, pero retomando el estudio de Bartók, Bach y Stravisnky descubre que los viejos maestros aún tienen mucho por enseñarle. Una composición sinfónica de esa época le merece un premio consistente en ir a París a tomar clases con Nadia Boulanger, la más famosa profesora de música del momento, que le muestra cómo su camino musical está justamente en lograr unir sus dos formaciones. Entonces Piazzolla compone sus primeros tangos sinfónicos memorables, para sorpresa y horror de muchos tangueros argentinos acostumbrados a que el tango cupiera en la tarima de un bar.

En efecto, las críticas en Argentina no son favorables, pero Piazzolla siguió escribiendo y experimentando, primero con la música clásica y eventualmente con el jazz, que había descubierto en Nueva York. De esta triple conjunción musical es que finalmente salió el tango de Piazzolla, que él mismo llamó Nuevo Tango, y que los jóvenes festejaron y los viejos lamentaron tanto en Buenos Aires.

De ahí en adelante la historia de la música de Piazzolla es una de constantes éxitos, giras por el mundo, reconocimientos de expertos y legos, colaboraciones con los artistas más importantes del momento. Grabó un disco con el vibrafonista de jazz Gary Burton, y con el saxofonista Gerry Mulligan. Compuso Le grand tango, un concierto para cello que Rostropovich interpretó en Nueva Orleans. Con Horacio Ferrer escribió algunos de sus tangos más famosos, como Balada para un loco. Musicalizó las milongas de Borges, que presentó en el Colón de Buenos Aires frente al escritor, ya ciego y anciano.

En una entrevista para la televisión alemana, explicó que el tango es la música de la noche, del bar del arrabal porteño, de los inmigrantes, y en seguida, como si no hallara nada de contradictorio en ello, explicó cómo él amaba la mañana, salía a comer helado con sus nietas  y hacía jogging en Central Park. Ese Piazzolla, ese último Piazzolla, era el que ya había encontrado hasta el último recoveco de su camino musical, y había logrado compartirlo con el mundo entero, y lo había hecho  un hombre feliz. Pero también ese último Piazzolla fue el que en 1992, murió.

Desde entonces muchos han sido los que, a manera de homenaje o de ejercicio nostálgico han interpretado nuevamente sus composiciones. Sin embargo, todo lo que Piazzolla escribió, lo tocó él mismo y lo grabó, varias veces, y gran parte de ellas con el inolvidable Quinteto Nuevo tango, con Ziegler en el piano y Suárez Paz en el violín. Por eso, aunque algunas de esas interpretaciones póstumas no son del todo desafortunadas, siempre tendremos el privilegio, raro en un compositor, de escucharlo con su bandoneón inimitable, interpretándose a sí mismo.