Fabrizio de André

11 de enero del 2011

Tras la sorpresa causada por los primeros discos de Fabrizio de André, los críticos dijeron repetidas veces que de André era el Bob Dylan italiano, mostrando la admiración que los italianos empezaban a tenerle; unos años después, cuando se hizo evidente que de André era el mejor músico popular que habría de ver el siglo […]

Fabrizio de André

Tras la sorpresa causada por los primeros discos de Fabrizio de André, los críticos dijeron repetidas veces que de André era el Bob Dylan italiano, mostrando la admiración que los italianos empezaban a tenerle; unos años después, cuando se hizo evidente que de André era el mejor músico popular que habría de ver el siglo XX italiano, empezaron a decir que Bob Dylan era el de André americano, revelando la admiración que se tenían los italianos a sí mismos.

De todos modos,  aunque las obras de estas dos leyendas de la música son a primera vista diferentes, el modo en que estas se constituyeron, en relación a la cultura popular, es bastante parecido. De André empezó traduciendo y adaptado obras de los grandes cantantes de la chanson francaise, como Georges Brassens y Charles Aznavour, del mismo modo en que Dylan empezó adaptando blues y country del medio Oeste americano.

Muy pronto de André empezó a componer sus propias canciones, tendiendo siempre más hacia la poesía, es decir, a canciones cuya letra podía leerse como un texto impreso en una página, cosa que en efecto sucedió, siendo muchas de sus letras publicadas en antologías poéticas italianas. En la década de los sesentas, sus letras empiezan a mostrar sus tendencias políticas de izquierda que se van radicalizando a medida que el panorama social lo requiere, pero de André, como Dylan, nunca cedió a las canciones estrictamente de protesta, proveyéndolas siempre, a través de los recursos poéticos, de cierta validez universal.

Sin embargo, mientras en esa época la figura de Dylan alcanzaba la fama, en el caso de de André eran sólo sus canciones, debido a aguda timidez y pánico escénico que lo mantenían lejos de los escenarios. Una de las primeras entrevistas radiales de de André, en efecto, consistió en una charla con una amiga acerca del poeta americano Edgar Lee Masters, que su amiga grabó sin su permiso, y luego publicó, cosa que el cantante no tomó a mal. El producto de esa charla fue un disco con adaptaciones de los poemas de ese poeta, que también habían inspirado varios temas de Dylan, y que es uno de sus trabajos más logrados.

De ahí en adelante, de André se va haciendo a la idea de hablar y presentarse en público, impulso momentáneamente frenado pero impulsado a la larga por los cuatro meses que él y su esposa pasaron en cautiverio en manos de una banda de secuestradores sardos, que los tuvieron errando por las montañas de la isla hasta que recibieron una suma delirante de dinero de sus familiares. El episodio llevó a de André a dar entrevistas y escribir artículos al respecto, pero también canciones, que habría de interpretar frente a enormes públicos en una larga gira europea que sin embargo habría de acabar prematuramente, como su propia vida, a causa de una enfermedad pulmonar que lo agotó en cuestión de meses.

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