Gonzalo Ariza

Gonzalo Ariza

3 de febrero del 2011

Muy joven empezó Gonzalo Ariza a internarse en el mundo de arte colombiano, ingresando a los diecinueve años a la Escuela Nacional de Bellas Artes en su natal Bogotá. Muy pronto empezó a trabajar con escritores nacionales, haciendo ilustraciones para sus libros o sus revistas, como las hizo para la revista Pan, presidida por el maestro León de Greiff y los trece panidas. Pero su lenguaje pictórico empezó a tomar su forma definitiva en el primero de sus viajes a Japón, con una beca para estudiar litografía, xilografía y grabado con importantes maestros. Allí empezó a preferir el paisaje como sujeto para sus cuadros, y cuando regresó a Bogotá se dedicó a pintar la sabana de Bogotá, la tierra caliente y la los cerros orientales, producto de lo cual fueron varias exposiciones en galerías y museos.

Al regreso de un segundo viaje a Japón con un cargo en la Embajada de Colombia, sin embargo, encontró que la crítica de arte se le había tornado en contra, y que varios académicos atacaban su obra calificándola de costumbrista y abogaban por la necesidad de un arte moderno colombiano, del que tomaron por estandarte a Alejandro Obregón. A la cabeza de este ataque estaba la crítica Marta Traba, con la que Ariza discutió por escrito hasta que encontró que no valía la pena discutir con alguien que juzgaba los cuadros antes de ir a verlos, y que defendía un desarrollo del arte ideado en las aulas de la universidad y no en los talleres de los artistas.

Entonces Ariza se retiró del mundo del arte y regresó al Japón, donde lo recibieron con brazos abiertos y donde hizo la llamada “Primera exhibición de obras hechas por un latinoamericano en el Japón”, de éxito inesperado. Ya entrada la década del ochenta y pasados casi diez años, Ariza regresó a su casa de La Candelaria para encontrarse con que el público y la crítica, después de una década, y tras el desprestigio de Marta Traba, había empezado a valorar sus obras, que fueron de vuelta a las paredes de los museos y las galerías, esta vez para quedarse.