Hirohito

7 de enero del 2011

Hirohito fue el emperador número ciento veinticuatro del Japón, sistema de gobierno cuyo origen data del siglo VI d.C. Aunque el papel del emperador había variado continuamente a lo largo de la historia, fue durante el mandato de Hirohito en que se trasformó radicalmente, convirtiéndose en la actual monarquía constitucional japonesa, liderada por su hijo, […]

Hirohito

Hirohito fue el emperador número ciento veinticuatro del Japón, sistema de gobierno cuyo origen data del siglo VI d.C. Aunque el papel del emperador había variado continuamente a lo largo de la historia, fue durante el mandato de Hirohito en que se trasformó radicalmente, convirtiéndose en la actual monarquía constitucional japonesa, liderada por su hijo, el actual emperador titular Akihito.

Hirohito fue coronado emperador en 1926, y su era fue llamada la era showa o la “paz iluminada”. En ese entonces, el emperador era el soberano absoluto del país, poder que le confería su poder divino, derivado de su relación directa con los dioses antiguos. Sin embargo, y dada su condición divina, el emperador no solía inmiscuirse en los asuntos del ejército japonés, y aunque su aprobación era necesaria para ejecutar toda acción, nunca las cuestionaba. Este sistema, tan extraño para los países occidentales, había funcionado bien durante siglos, dándole al ejército la responsabilidad de ocuparse de los conflictos circunstanciales mientras el emperador tiene el tiempo de pensar y planear el futuro lejano del pueblo japonés, o en el caso de Hirohito, dedicarse al apasionado estudio de la vida en el fondo de los mares, tema sobre el cual publicó varios libros.

De todas formas, en la segunda década de su era Hirohito debió enfrentarse a las presiones de los países involucrados en la Segunda Guerra Mundial, conflicto para nada circunstancial. Durante mucho tiempo se creyó que Hirohito se había mantenido a la altura de la dignidad de su cargo y había dejado al ejército libre  de tomar las acciones necesarias, que como se sabe condujeron a la destrucción atómica de Hiroshima y Nagasaki y a la abdicación del Japón junto con todos sus aliados. De ese modo, tras la catástrofe, Hirohito ascendió como el símbolo del resurgimiento del Japón, desde entonces bajo una monarquía constitucional exigida por la gente y aceptada de muy buena gana por el emperador.

La reciente investigación histórica, sin embargo, a desenmascarado una serie de sucesos del todo diferente, en que Hirohito tuvo gran parte de la responsabilidad de la caída del Japón y fue posteriormente protegido por los Americanos, que lo exoneraron  de toda culpa para poder hacerle al pueblo japonés más tolerable la transición a un modo de gobierno más parecido al que han deseado instaurar en el mundo entero.

Hirohito, sin embargo, alcanzó a morir ileso de tales acusaciones y a heredar su cargo, desde entonces ceremonial y titular, a su hijo Akihito, quien además también el heredó el amor por las profundidades del océano, y quien lleva veinte años dedicado al apacible estudio de los mundos submarinos.

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