María Elena Walsh

12 de enero del 2011

Anteayer murió María Elena Walsh, una de las escritoras de libros infantiles más importantes de América Latina, nacida en el Gran Buenos Aires hace ochenta y un años. Casi todos la conocemos por sus poemas y libros infantiles, si no por su nombre, por los de sus personajes, inolvidables como todos los personajes bien construidos. […]

María Elena Walsh

Anteayer murió María Elena Walsh, una de las escritoras de libros infantiles más importantes de América Latina, nacida en el Gran Buenos Aires hace ochenta y un años. Casi todos la conocemos por sus poemas y libros infantiles, si no por su nombre, por los de sus personajes, inolvidables como todos los personajes bien construidos. Entre ese absurdo desfile figuran el Mono en Kimono, la Vaca que jamás saluda y el Doctor en su cuatrimotor, habitantes de un mundo en que el sinsentido es la norma y en que el humor es la etiqueta, muy a la manera de los escritores infantiles ingleses del XIX, como Lewis Carroll y Edward Lear, cuyos dementes poemas su padre, de origen irlandés, le leía de niña.

Pero Maria Elena Walsh también escribió novelas de adultos y cuentos y poemas que fueron apreciados por los pocos que llegaron a conocerlos, ya que Walsh, siempre tímida, nunca quiso hacerles demasiada fuerza. Sin embargo los libros salieron, y los leyó Borges, quien escribió un admirable ensayo sobre su escritura, y los leyó Juan Ramón Jiménez, quien la invitó a pasar una temporada en su casa en Estados Unidos, cosa de la que Walsh se enorgulleció en principio y de la que se arrepintió al terminar la estadía, debido a la famosa e insoportable neurastenia del poeta.

Con igual auto crítica y timidez, Walsh incursionó en la música, en un dúo con Leda Valladares que las llevó a presentarse en el Teatro Olympia junto a Edith Piaf. El repertorio incluía canciones tradicionales argentinas de todos los tipos y regiones, y se convirtió, una vez instaurada la Democracia de Alfonsín, en una especie de insignia de la libertad alcanzada.

Pero antes de eso habría de venir la dictadura, o las dictaduras en Argentina, período en que Walsh ya estaba escribiendo para niños y ya había publicado su inovlidable El reino del revés, en que nada el pájaro y vuela el pez, que usan barbas y bigotes los bebés y que un año dura un mes. El canto era en principio un favorito entre los niños, cuya imaginación volaba alzándose sobre las consecutivas contradicciones rimadas. Pero unos años después de su publicación llegó la dictadura de Onganía, y entonces Argentina se convirtió en el reino del revés, en que un ladrón es vigilante y otro es juez y que dos y dos son tres.

Entonces Walsh entrevió las posibilidades de sus canciones infantiles, y se dedicó a escribir poemas con sutiles dobles sentidos, hechos aún más agudos por la fuerte censura que velaba sobre sus obras. Finalmente, como sabemos, llegó la Democracia, y entonces Walsh pudo dedicarse a escribir como quería y a hacer felices a unos niños que tenía, en principio, más posibilidades de llegar a serlo, cosa que hizo con ánimo y talento siempre ascendentes hasta el lamentable día de su muerte, hace tan solo un par de días.

Ver comentarios
KONTINÚA LEYENDO