Piet Mondrian

1 de febrero del 2011

Desde sus inicios la obra de Piet Mondrian estuvo marcada por una búsqueda de tipo espiritual a la que los diversos estilos y lenguajes que fue adoptando con el tiempo estaban siempre subordinados. Como tantos otros europeos de principios del siglo XX, Mondrian encontró su primer camino contemplativo en la teosofía de Madame Blavatsky, mujer […]

Piet Mondrian

Desde sus inicios la obra de Piet Mondrian estuvo marcada por una búsqueda de tipo espiritual a la que los diversos estilos y lenguajes que fue adoptando con el tiempo estaban siempre subordinados. Como tantos otros europeos de principios del siglo XX, Mondrian encontró su primer camino contemplativo en la teosofía de Madame Blavatsky, mujer ucraniana que sedujo a cientos de artistas, pensadores y políticos con su teoría del conocimiento directo de una deidad que, al juzgar por las atroces consecuencias de la revolución industrial, las cuales habrían de concluir en las guerras mundiales, estaba siendo buscado por el camino equivocado.

Los primeros cuadros de Mondrian, hechos en su natal Holanda, son de tendencia impresionista, e incorporan las técnicas del momento como el puntillismo y el fauvismo. Pero Mondrian habría de dejar rápidamente esa escuela, como también las posteriores, en búsqueda de un lenguaje propio. Desde el comienzo, sin embargo, manifestó un interés particular por los colores primarios y las formas sencillas, que finalmente culminaron en ese estilo tan particular de sus cuadros más famosos, que parecen cuadrillas dislocadas, y que tanto le recordaban a Cortázar el mapa del metro de París.

En efecto, fue en París donde Mondrian encontró esa manera esquemática de representar sus hallazgos, sin duda influenciada por el cubismo y las obras de Picasso y Braque. No mucho tiempo después, sin embargo, llegó la Segunda Guerra, y Mondrian tuvo que huir a Londres, donde vivió un tiempo corto antes de mudarse del todo a Manhattan. Allí sus cuadros tomaron una nueva y última dirección, manteniendo la estructura general de rectángulos coloreados pero adquiriendo mayor libertad en cuando al uso de las líneas y los matices.

Pero además del lienzo, Mondrian usó en ese período su estudio como soporte para su obra. Pintó el estudio entero de blanco, y los objetos de homogéneos colores primarios, la banca roja, azul el fonógrafo. Sobre las paredes reorganizaba regularmente una cantidad de cuadrados coloreados, formando combinaciones diferentes cada vez, siempre destinadas a crear relaciones de tensión y de armonía. A este lenguaje Mondrian llamó neo-plasticismo, y escribió que para su ejecución era necesario un ambiente propicio, que manifestara sus principios en cada uno de sus objetos. Es así que el estudio neoyorquino de Mondrian fue tal vez su obra más lograda, la cual, sin embargo, pudo disfrutar muy poco tiempo, pues aunque los Nazis no lo alcanzaron, sí lo alcanzó la neumonía, meses antes de concluida la Guerra.

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