¿Quién compró la guitarra más costosa de la historia?

20 de septiembre del 2013

Paul Allen, el magnate que confundó Microsoft es el mayor coleccionista de Jimi Hendrix, abrió un museo para el músico en el 2000.

Jimmy Hendrix Portada, kienyke

Jimi Hendrix cerró el Festival de Woodstock, en 1969, tocando el himno nacional de los Estados Unidos con su guitarra Fender Stratocaster. Era el final de una década convulsionada que tuvo en el rock a la banda sonora de una generación, están en la retina de muchos la llegada del hombre a la luna, la Guerra De Vietnam o la muerte del Che Guevara. También, la irrupción de los hippies en todas sus variedades y formas, el establecimiento de los Derechos Civiles y las protestas que atravesaron el país hasta convertirse en una ruptura cultural refugiada en dos palabras sencillas y cargadas de sentido: amor y paz.

Hendrix interpretó ‘La bandera de estrellas’ como una forma de protesta. Sí, claro. Pero también como un juego musical, una súbita improvisación en el que los ácidos y la marihuana fueron la puerta de escape, para él, y para el medio millón que lo estaba escuchando. Porque de eso se trataba todo esto: dejar de tomarse las cosas tan en serio.

Desde aquel 17 de agosto, la guitarra blanca de Hendrix se convirtió en el instrumento más valioso de la historia del rock. Finalizado el Festival, en el atafago de la vuelta desde aquella granja en el Estado de Nueva York tras tres días inolvidables, se perdió el rastro de la Stratocaster.

El último que  supo de ella fue Mitch Mitchell, el baterista de la banda, dijo que “Jimi solía regresar al hotel con ella siempre”. Tras la muerte de Hendrix, casi un año después del mítico concierto, Mitchell la guardó para él, la escondió con llave durante veinte años bajo llave y sin decir nada ni a sus amigos ni a familiares. Era su secreto.

Jimmy Hendrix y Paul Allen, kienyke

Allen propuso originalmente un museo Hendrix en el centro de Seattle en 1992. A Hendrix padre le sonó la idea, pero no se concretó el proyecto. 

En 1990, Mitchell decidió que la guitarra debería ser expuesta, conocida por los fanáticos de Hendrix. ¿Las razones? No dio una convincente, un día recordó que la tenía guardada y decidió echarle un vistazo. No quedaba mucho de la ‘Guitarra Blanca’, como es conocida en el mundo del rock: los trastes se habían manchado y las cuerdas corrieron una suerte similar, estaban supremamente oxidadas y las botó a la basura.

En el verano de aquel año, Neville Marten, reseñó el estado de la Stratocaster Blanca en la revista ‘Guitarrist’ de Inglaterra: “La tuerca se había dañado, las quemaduras de cigarrillos fueron evidentes en el cabezal, ya que Jimi aseguraría su cigarrillo en la sexta cuerda, y cuando él hacía un solo extenso se quemaba hasta el filtro”.

Tras revisar y restaurar en parte la guitarra, Marten postuló su precio en aquel reportaje: cien mil libras esterlinas. Fender, la casa fabricante le escribió a Marten para que por favor redujera su costo, pues quería hacer parte de la puja en la subasta por ella. La Rolling Stone estuvo en el día de la subasta: “se vendió en Sotheby, por 198 mil Libras, un record, cuando las guitarras célebres eran un fenómeno reciente”.

En 1993  la guitarra fue nuevamente subastada, aquel año su precio aumentó hasta el millón y medio de dólares. Cinco años después, Paul Allen, cofundador de Microsoft la compró en  dos millones de dólares. Allen es, de hecho, el mayor coleccionista de objetos y rarezas de Jimi Hendrix, tiene desde hojas líricas, letras de canciones, ropa que usó Hendrix, sus guitarras, en especial, la que quemó en el Festival de Monterrey en 1967. “Esta guitarra es el santo grial para cualquier fan de Hendrix”, señaló Allen cuando decidió construir un museo en honor a su ídolo, el Experience Music Project, en Seattle, Washington, que abrió sus puertas en el 2000.

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