Rainer María Rilke

29 de diciembre del 2010

Rilke es uno de los poetas más importantes del cambio de siglo en Europa, junto a Baudelaire y Verlaine. Sus obras poéticas más importantes son Las elegías de Diuno, y los Sonetos de Orfeo, que se han vuelto la obsesión de los lectores en alemán y la pesadilla de los traductores a todos los demás […]

Rainer María Rilke

Rilke es uno de los poetas más importantes del cambio de siglo en Europa, junto a Baudelaire y Verlaine. Sus obras poéticas más importantes son Las elegías de Diuno, y los Sonetos de Orfeo, que se han vuelto la obsesión de los lectores en alemán y la pesadilla de los traductores a todos los demás idiomas, pues usa de un modo tan original y raro las palabras, que nadie sabe exactamente cómo es que hace lo que hace. También es uno de los críticos de arte más sensibles, de los que supo apreciar más rápido y con mayor provecho la obra de los impresionistas franceses, y de Rodin. Al respecto tiene dos hermosos libros, uno dedicado a Cézanne y otro a Rodin, en forma de cartas a su esposa, a quien no quiso llevar a París a ver la exposición. Y es que Rilke también escribió muy famosas cartas, entre las cuales una colección llamada Cartas a un joven escritor que le cuenta a un joven que quiere emprender la carrera de poeta a cerca de lo que se le viene. Es autor también de una novela o memoria semi-autobiográfica, llamada Los cuadernos de Malte Laurids Brigge, de una tristeza sobrecogedora, y de unos de los mejores cuentos del siglo XX, entre los cuales hay una colección llamada Las historias del Buen Dios que, como dijo Stevenson, debería haber multa para el que no lo haya leído.

Y sin embargo, Rilke no es conocido ni como cuentista, ni como novelista ni como crítico de arte, sino como poeta. Pero no es una falla de los críticos literarios o del público lector, que ha olvidado, como pasa con tantos autores, la mayor parte de su obra. Todos los libros de Rilke se leen y se estudian por igual, lo que pasa es que todos son en el fondo poesía. Pues aunque cambie el formato de sus obras, y el estilo y el destinatario, hay una cosa que no cambia nunca, y es el uso poético del lenguaje, o el vuelo poético de sus frases. Desde ese punto de vista las obras de Rilke caben todas bajo la misma categoría, pues son todas la expresión poética de una de las personas más tristes, más indefensas, más obnubiladas por la locura guerreante de la época moderna, pero a la vez más sensibles y más hábiles con la pluma que ha dado el siglo XX, tan pródigo en genios, pero también en tantos artistas farsantes y prepotentes.

Ver comentarios
KONTINÚA LEYENDO