René Rebetez

René Rebetez

30 de diciembre del 2010

René Rebetez nació en el literario pueblo de Subachoque, hija de una apacible profesora de arte colombiana y un milimétrico relojero suizo. Y aunque la vida de Rebetez sí tiene de literaria, no tiene nada ni de apacible ni de milimétrica, sino más bien de lo contrario, agitada y carente por completo de algo medianamente parecido a una brújula.

En Bogotá pasó por varios colegios, de los que no sacó más que el gusto por las novelas de aventuras decimonónicas y una sólida amistad con Camilo Torres, el futuro sacerdote guerrillero. De ahí en adelante la vida de Rebetez parece modelada sobre la de Maqroll el Gaviero, dudoso héroe de las novelas de Mutis. Provisto de un par de libros de Salgari y Julio Verne, se va al puerto de Buenaventura y se sube a un barco con destino Europa. Allá contacta a la familia de su padre, con la que no se entiende demasiado, e intenta la vida del francés intelectual, que por supuesto le dura muy poco.

Entonces regresa a Colombia, en donde termina trabajando esporádicamente para la revista Semana y dividiendo su tiempo libre entre los cocteles con los rolos elegantes y las reuniones con los soñadores camaradas de su mejor amigo de infancia. Más seducido por los cambios sociales que por el cambio del dólar, Rebetez zarpa hacia Cuba a prestar sus servicios a la causa. Allá estudia paralelamente el arte oculto de la santería y la obra de Levi Strauss, formando los orígenes de su pensamiento, que habría de abarcar las ciencias y las pseudo-ciencias.

En su viaje de regreso a Bogotá, suponemos que ya con una copia de la Invocación a Maqroll el Gaviero en la mano, decide quedarse en México, donde estudia arte colonial y precolombina y va aplicando los conocimientos adquiridos, como todo buen estudiante, al campo práctico, en este caso, al tráfico de tesoros arqueológicos. Para entonces ya se pasea con igual facilidad por la obra de Gurdjieff como por la de Bradbury, y mantiene una correspondencia cuyo contenido es difícil de imaginar con Salvador Elizondo, Juan Rulfo y Jodorowski.

De esos años, que son los años sesenta, es su creación literaria más intensa, que incluye temas como la experimentación con ácido lisérgico, la magia en el Vaupés, la ciencia ficción, el I Ching y la culinaria caribeña.

En los ochentas lo encontramos de nuevo viajando sin cansancio, desde las costas del Bósforo, donde conoce el sufismo, hasta las costas de Providencia, donde finalmente encontró el reposo en una borrasca digna de Maqroll, en la penúltima noche del año.

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