Edubar Arango Valencia

Director del Periódico La Gaceta y de la Agencia Imperio Publicidad y Comunicaciones.
Experto en Marketing, imagen Política y corporativa y Relacionista Público.

Edubar Arango Valencia

Apatía hacia la política del nicho más coyuntural: La Juventud

El 8 de septiembre de 1949 la Cámara de Representantes se tiñó de sangre. Ese día se discutía una propuesta del Partido Liberal para adelantar las elecciones presidenciales para noviembre de ese año. Los conservadores se oponían a adelantar los comicios. El tono de la discusión iba subiendo con cada intervención. El choque llegó a su clímax cuando los representantes Gustavo Jiménez, liberal, y Carlos Del Castillo, conservador, se intercambiaron los peores insultos.

Jiménez le recriminó a su colega que negara que su padre, en realidad, fuera un humilde campesino y le dijo que sus apellidos –Del Castillo- eran un invento. Del Castillo le contestó a gritos: “¡Yo al menos soy hijo legítimo! ¡Usted no lo es, y reaccione!”. Dicho esto, se llevó su mano al bolsillo de su saco y sacó su revólver. Jiménez alcanzó a decir: “¡Miente, malparido!”, y lo que siguió fue un caos que nadie ha logrado aclarar.

Varios congresistas desenfundaron sus armas – en esos años era costumbre de algunos tenerlas- y comenzó la batalla. El representante Jiménez recibió dos balazos. Uno en el brazo derecho y otro, el fulminante, en la garganta. Se desangró en cuestión de minutos sobre las escaleras de la Cámara. Mientras tanto, en su curul, el representante Jorge Soto del Corral, quien nada había tenido que ver en el enfrentamiento, yacía moribundo. Por las heridas causadas en una de sus piernas, en medio del cruce de disparos, falleció meses después. Esa noche fueron disparados 40 tiros.

Y no nos vamos muy lejos, las congresistas María Fernanda Carrascal, del Pacto Histórico, y Katherine Miranda, de la Alianza Verde, se andan sacando los trapos al sol en Twitter. El motivo, el que se haya archivado una investigación contra el fiscal Francisco Barbosa en la Comisión de Acusación. Carrascal trinó que "Miranda parece más de oposición” y que “no se le puede llamar independencia a un saboteo constante”. 

Por la misma vía, Miranda respondió que “a diferencia tuya a mí no me regalaron la curul, tengo voz y no me prohíben hablar. No saboteo, lo hago de frente y más cuando quieren meter micos como la expropiación en el Plan de Desarrollo. ¡No tengo la culpa de que ustedes no hagan mayorías! Yo critico hoy, lo mismo que criticaba en el gobierno Duque. ¡No como tú, que hoy haces maromas para justificar lo que ayer denunciabas!”. 

Así, puede haber muchas historias de política, que parecen sacadas de un libro del Gabo, por el realismo mágico y lo macondiano de sus contextos.

Debo confesar que a veces, muchas veces, me surgen preguntas como ¿A qué hora el ejercicio de la política se volvió una actividad delincuencial? Una labor criminal, practicada por hampones de la peor ralea. Un oficio asociado al bandidaje y a la malandragem. Una ocupación propia de gánsters y personas sin escrúpulos, que por un cargo llegan a las peores bajezas.

Es entendible entonces, la apatía y el desinterés de muchos por lo político, pero es que a nadie le gusta que jueguen con sus sentimientos, sus anhelos, sus esperanzas, sus sueños. La apatía política define una actitud que reniega o cuando menos ignora intencionadamente la actividad política ligada a la vida en sociedad. También se conoce por el italianismo qualunquismo (de qualunque, «cualquiera», refiriéndose al ciudadano común). Está vagamente inspirada en las acciones del movimiento italiano del Fronte dell'Uomo Qualunque (Frente del Hombre Común) y se caracteriza por una desconfianza general hacia las instituciones, los partidos políticos y varios aspectos de la política, viéndose como algo distante, pernicioso e incluso perturbador de la autonomía individual. Es similar al Poujadismo francés.

No es un secreto que la política es uno de los temas que menos llaman la atención de los jóvenes. Este es uno de los escenarios donde menos se ven identificados los adolescentes, por lo que buscan otros espacios para entender su realidad.

Los jóvenes, el nicho más importante por ser el más apático, viven una situación de incertidumbre frente al futuro inmediato (empleo y educación) y quieren que le cuenten cosas de verdad (Cero Carreta). El estilo con que se presenten las propuestas o los discursos políticos pasan a ser secundarios.

La preocupación por el alejamiento de la juventud, de la que se han hecho eco diversas instituciones y medios de comunicación, ha dado lugar a numerosas iniciativas nacionales e internacionales. Se ha constatado el descenso en el interés por la política de los ciudadanos y ciudadanas más jóvenes, su desafección hacia las distintas instituciones democráticas y su apatía respecto de los modos tradicionales de participación. Paralelamente, se ha llamado la atención sobre la necesidad de matizar estos resultados e ilustrarlos en función de un cambio cultural más generalizado y que estaría afectando a toda la sociedad.

En cuanto a sus actitudes hacia la política se ha confirmado que, en comparación con generaciones anteriores, los jóvenes son más desconfiados del gobierno y de sus conciudadanos, están menos interesados en la política y los asuntos públicos, su conocimiento de las instituciones políticas y del proceso democrático es deficiente, consumen menos información política y están menos dispuestos a la participación ciudadana, tanto en las elecciones como por otros canales

La apatía que se observa en la participación política de los jóvenes, resulta de varias circunstancias, entre ellas la educación deficiente, la falta de inclusión, carencia de oportunidades de empleo y la poca especialización de las instituciones para atender a este sector en especial. El problema es no atender características socioeconómicas, políticas, jurídicas, lingüistas y culturales específicas de cada pueblo. Por lo que concluimos que, para combatir este fenómeno, en necesario empezar desde la educación primaria, hasta la superior, generando mejores condiciones de acceso a la educación y adecuando los programas a cada región.

Vienen las elecciones regionales y los jóvenes hoy en día ya no tragan entero y eso es producto, simple y llanamente de sentirse usados para alcanzar escaños y luego ser desechados cual papel higiénico usado.

A propósito, en el argot político existe un dicho muy popular, “la política es el arte de comer caca o mierda, sonreír y pedir más”. Es un dicho muy antiguo, de hecho, es médula central del adoctrinamiento político, propio de los políticos de viejo cuño.

Significa que a pesar de que te esté yendo mal, de que tengas que soportar cosas que van en contra de tus intereses y te afecte negativamente, debes aceptarlo, y estar dispuesto a colaborar para que los demás tengan la impresión de que eres un político con oficio. ¡Háganme ustedes el hp favor!

Mientras tanto, en los grupos de WhatsApp y en las redes sociales, los áulicos de lado y lado siguen destripándose aún por Uribe y Petro y los medios montan show con las declaraciones de Mancuso. Somos especialistas en cortinas de humo.

Y si por allá llueve, en el Chocó no escampa. Las cosas van de mal en peor, aun no hay claridad de quien debe estar sentado en la silla de la gobernación del Chocó, el gobernador electo Ariel Palacios, utilizando las vías de hecho y un concepto de una funcionaria de la oficina jurídica, se instaló en el llamado Palacio de la Confianza, mientras Farlin Perea, la gobernadora encargada por el Presidente Petro, aguarda por un concepto de un Magistrado. ¿En que terminará esta tragicomedia?

Sin embargo, la esperanza se asoma tímida en mi departamento, representada en cabezas de jóvenes exponentes de la talla de Enrique “Kike” Abadía, nuevo jefe de gabinete de la Contraloría General de la Republica, Andrés Mauricio Palacios, en la Dirección de la Agencia de Desarrollo Rural para Antioquia y Chocó, Juan Carlos Blanco, quien sale de la regional del SENA a aspirar a regir los destinos de la ciudad capital con una campaña desde el amor y el sentido de pertenencia y está Acxan Duque, quien acaba de ser designado como Director Nacional de Asuntos Étnicos de la Unidad de Restitución de Tierras. Esos solo algunos nombres de chocoanos que están haciendo patria con su profesionalismo e idoneidad y que constituyen un bálsamo entre tanto caos y desorden administrativo. ¡Bien por ellos y bien por el Chocó!

ADENDA:

El pasado 2 de mayo se cumplieron 21 años de la Masacre de Bojayá, nombre vergonzante como se conoce la muerte violenta en el interior de la iglesia de ese municipio Chocoano, de 79 personas, entre ellos 45 niños, el 2 de mayo de 2002, como consecuencia de la explosión de un cilindro bomba o pipeta lanzado por miembros de las Farc, en medio de combates que sostenían con un grupo paramilitar que operaba en la zona.

A los sobrevivientes, personas buenas que representan la palabra resiliencia en su máxima expresión, mi abrazo fraterno.

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Edubar Arango Valencia
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