El Hospital San Francisco de Asís de Quibdó: Un enfermo terminal que agoniza a la vista del Gobierno Nacional

25 Diciembre 2021, 11:38 AM
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Por: Edubar Arango.

El Padre Nicolás Medrano, jamás se imaginó que su idea de la creación de un hospital en Quibdó pero con visión para atender a todos los chocoanos en 1910, se convertiría no en una solución para la precaria atención en salud que padecían los habitantes de estas tierras sino en un maremágnum de problemas que se agravarían con el tiempo.

La situación del Hospital San Francisco de Asís de Quibdó, es digna de una serie en Netflix, donde muy seguramente tendría una enorme audiencia entre los amantes de las “pelis” de terror, comedia, acción, suspenso y drama, mucho drama.

18 intervenciones en lo que lleva de vida institucional, no han podido solucionar absolutamente en nada, el descalabro del déficit financiero que se vive en la Nueva ESE, un nombre que se le dio, en el afán de mantener con vida a esta mole de concreto y problemas.

Y es que ya no se sabe que más hacer para que este paciente terminal, se recupere. Entre los cuidados paliativos que se le han aplicado, figura la última y más reciente intervención, llena de polémica, como todas y que en nada beneficia, una figura administrativa como esta, pues, se ha convertido en un sinónimo de descalabro financiero para el único hospital de segundo nivel del departamento del Chocó y un rollo judicial con cárcel incluida para sus interventores.

La Nueva ESE, estando en cero deudas, el 29 de junio del 2020, fue objeto de una intervención forzosa tras la decisión de Jefferson Mena Sánchez, gobernador encargado del departamento, luego de que la procuraduría suspendiera provisionalmente de su cargo a Ariel Palacios, gobernador electo, por supuestas irregularidades en la celebración de un contrato por más de 2.000 millones de pesos para promoción de actividades relacionadas con la pandemia del Coronavirus.

La intención de Mena Sánchez, fue la de tratar de salvarle la vida al moribundo hospital, darle una bocanada de oxígeno, que tanto necesitaba, del tanque de la Superintendencia de Salud, ya que Fabio Aristizabal, su director, había expresado por todos los medios de comunicación su gran preocupación por la vida del San Francisco.

Todos creímos que esa sería una excelente decisión, pues tratándose de la Superintendencia de Salud, los recursos para salvar de la tumba a este desahuciado centro hospitalario, a pesar de que ya nadie daba un peso por las intervenciones, estaban garantizados.

Pero oh sorpresa! Una serie de ceses de actividades, motines, revueltas etc. por deudas en los salarios del personal médico-asistencial y terceros (Restaurante, Suministro de medicinas, Aseo, Vigilancia, Suministro de Sangre etc.) de 4, 5 y hasta 10 meses hacen que se reviva el temor de la liquidación del único y más importante centro de salud de los chocoanos.

Una enfermera en un medio de comunicación nacional dijo que su nevera parecía del polo norte: solo hielo y agua y causó gracia muy seguramente en algunos, pero solo el loco sabe el peso del costal que carga y la situación por muy hilarante que parezca es trágica, a muchas ya echaron de sus casas por deber varios meses de arriendo, amén de las que aún continúan esquivando a los arrendadores, pero mirando como bañarse donde algún familiar o vecino porque les cortaron el agua y alumbrándose con velas porque DIspac, la empresa de energía, no tiene esa benevolencia y además no tiene porque. Y ni les hablo del grave lio con los “Gota-Gota” y agiotistas usureros que hacen su agosto con estas desgracias y la cosa se vuelve más bizarra en plena época navideña.

La situación es caótica y preocupante y solo está en manos del gobierno, que es el que asumió la intervención y no contentos con eso la extendieron un año más, pero sin haber solucionado las deudas que ya suman más de 20 mil millones y contando como taxímetro loco y que no se vislumbra una salida pronta y eficaz, para recuperar a este comatoso hospital.

A este paciente agónico y que hace recordar el bochornoso caso del diputado Rodrigo Mesa, por allá en el 2012, cuando eufórico dijo que “meterle plata al Chocó, era como echarle perfume a un bollo”, no se le ve por ningún lado una salida digna y sobre todo inmediata. Dándole ideas al gobierno de su definitivo cierre.

Lo que sí se puede solucionar ya, es el pago del personal médico, enfermeras y por supuesto el de las contrataciones (Terceros), pues las intervenciones se hicieron para SOLUCIONAR no para aumentar más la problemática ya existente y eso es una tarea obligatoria de la Súper Salud, pues nadie entiende después de tanto tiempo y conociendo el daño, ya sea por medio de las sentidas notas de los empleados y los artículos de nosotros los periodistas, no ejercen una real dinámica para cancelar los emolumentos y ponerse al día con los adeudados.

Las fallas de muchos hospitales públicos y privados se hicieron evidentes cuando fueron presionados por un cambio en su sistema de financiamiento, donde se pasó de subsidiar al hospital mismo (subsidiar oferta), para atar los ingresos de los hospitales a los servicios que presten a la población (subsidiar la demanda). Este cambio los obligó a algo muy deseable, encontrar la forma de servir mejor a los pacientes para ganar su preferencia. El liderazgo y la decisión han sido condición necesaria para los casos de éxito, para otros su esfuerzo se ha frenado por causas externas a ellos y que requieren una intervención del Estado, y finalmente, para muchos, afloraron problemas muy antiguos, que simplemente estaban escondidos y que los han llevado a una situación de poca viabilidad. Es a estos últimos casos a los que me refiero cuando planteo la necesidad de reflexionar más profundamente sobre los cierres.

La verdad, aquí podría quedarme escribiendo tomo tras tomo, la enciclopedia de esta tragedia griega de nunca acabar y de la cual las EPSs son las grandes culpables, pues se hacen los “Caregallinas” con los recursos que obligatoriamente se tienen que destinar para el funcionamiento de este mortecino centro hospitalario.

Para mi, el San Francisco Murió y no nos dimos cuenta, ¡Dios lo tenga en su santa gloria!

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