La meditación: el arte de estar presente y vivir en paz

Publicado por: felipe.lopez el Lun, 04/01/2021 - 10:01
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Armando Martí
Al terminar de meditar, muy posiblemente las circunstancias y el mundo no van a cambiar, pero indudablemente la actitud frente a los problemas, las enfermedades, la ansiedad y el estrés, serán muy diferentes gracias a esta práctica.
Meditación
Créditos:
Cortesía, Armando Martí

La meditación es una antigua práctica, cuyo origen se remonta a las tradiciones de la India y se extiende hacia el budismo tibetano y los templos de Shaolin, en donde se han gestado algunas de las reglas y técnicas de este aprendizaje. 

Sin duda, estos ejercicios son motivados por un don maravilloso que posee el ser humano para su protección y desarrollo integral, pues la meditación repotencializa las autopistas neurológicas y fortifica los procesos físicos, emocionales, mentales y espirituales. 

La meditación es una función interior del alma, de modo que todos podemos meditar sin pertenecer específicamente a alguna religión. 

Incluso, en la vieja Europa los médicos de esa época recomendaban a sus pacientes desequilibrados del sistema nervioso que aprendieran a meditar. Consejos que han perdurado a lo largo del tiempo. 

Precisamente, en este siglo XXI se está utilizando la meditación como una solución muy importante al momento de controlar el estrés, la inseguridad, el miedo y el vacío existencial que caracterizan estos tiempos modernos afectados por la pandemia del COVID-19. 

A simple vista parece difícil meditar, pero como todo lo grande es en realidad demasiado sencillo. La meditación dinámica que practico desde hace muchos años me fue transmitida por el maestro hindú Kirpal Singh y complementada con las enseñanzas de S.S. Dalai Lama. 

Esta consiste en mantenerse en una vibración positiva de amor y compasión con uno mismo y con los demás, aprendiendo a vivir el momento presente y dejando pasar por algunos minutos todos los pensamientos que mi mente quiera proyectarme, simplemente observándolos sin juicios como si fuera el espectador de mi propia película.  

En principio, se puede sentir una sensación de extrañeza pues casi todo el tiempo estamos condicionados por los recuerdos del pasado y las expectativas del futuro, sin vivir en el aquí y en el ahora. 

Además, tratamos de controlar los pensamientos y comportamientos que, al dejarlos fluir con libertad, nos damos cuenta de que muchos de ellos antes nos producían miedo, angustia e inseguridad y, poco a poco van perdiendo su poder e influencia negativa en nuestra vida. Es importante recordar, que con la meditación obtenemos una nueva forma de percibir el mundo desde una conciencia plena. 

Meditación
Créditos:
Cortesía, Silias Baisch

Durante el ejercicio tomo conciencia de mi respiración. Inhalo y exhalo lenta y profundamente, sintiendo como el aire purifica mis pulmones y el oxígeno llega a mi cerebro, calmándolo y llenándome de energía, vivificando cada célula de mi cuerpo. 

Al exhalar, imagino que todas las tensiones, preocupaciones y desarmonías salen de mí. Inhalo de nuevo y me siento lleno de paz, serenidad, confianza y bienestar. 

Cuando logro relajarme, proyecto una luz suave encima de mi cabeza de colores sutiles como el azul, el amarillo o el magenta. Siento como esta vibración sanadora recorre amorosamente mi piel junto con mi cara, cuello, hombros, pecho y espalda, llegando hasta el estómago, caderas, piernas, pantorrillas y pies. 

De esta manera, desbloqueo emociones dolorosas que se han ido acumulando durante mucho tiempo en algunas zonas de mis órganos internos y externos. 

Las frecuencias relajantes del color elegido me hacen experimentar una nueva sensación de alivio, libertad y sanidad integral, por lo que agradezco al universo el regalo de la vida, concientizándome desde mi nueva actitud que tengo el derecho natural de estar y sentirme bien, pleno y feliz. 

Después, visualizo en mi mente un cielo azul totalmente despejado por donde pasan algunas nubes grises, blancas y de otros colores. Sin prisa, pero sin pausa, se van alejando de mi cabeza. 

Dejo que todo ocurra sin forzarlo y entonces imagino la punta de una montaña, con un paisaje de pinos, árboles y vegetación de color verde natural.

Concentrándome en la cúspide, proyecto mi energía en ese punto y “siento” que floto en posición de loto (con las piernas cruzadas y las manos sobre los muslos), mientras mi cuerpo se balancea suavemente de izquierda a derecha de forma agradable y natural.

Continúo respirando lenta y tranquilamente, sin afán. Ahora empiezo a entender que yo soy quien se deja afectar por los eventos externos, las críticas, las presiones y los deseos de otras personas.

Meditación
Créditos:
Cortesía, Pascal Debrunner

Por ejemplo, en la meditación repito frases de paz en mi mente como: 

“Si yo cuido de mi cuerpo, lo protejo y lo amo, mi propio cuerpo cuidará de mí, me protegerá y me amará.”

“Cada momento que pasa, me siento mejor, mejor y mejor.”

“Soy consciente de que puedo cambiar el hábito de estar y sentirme mal, por el hábito de estar y sentirme bien”. 

- “Todo pasa y todo es efímero, pero lo único que permanece es el amor, el perdón y la compasión hacia mí mismo y los demás”. 

“Mi cuerpo es un instrumento de Dios por donde pasa su bondad y amor universal”. 

Le sugiero a los lectores, que cada uno personalice sus propios mensajes para llegar a los estados meditativos esperados, anotándolos en una libreta de mano con el fin de programar su mente y recibir los beneficios de la meditación.

La meditación dinámica

Meditación
Créditos:
Cortesía, Jared Erondu

Este método de meditación dinámica es posible realizarla a cualquier hora del día, en los trancones de la ciudad, mientras se desplazan en un transporte de servicio público, en la sala de espera de un consultorio médico y en cualquier circunstancia de modo o lugar que altere el sistema nervioso. Lo anterior se puede practicar día de por medio o cada tercer día. 

La meditación dinámica ayuda con el propósito de no tomar decisiones apresuradas e impulsivas, ya que el éxito de toda decisión consiste en ser consciente y responsable de las consecuencias y alcances de esta, pues lo que sembramos hoy es lo que recogeremos mañana.

No hay cosa más importante que algunos espacios de soledad, en donde me escucho a mí mismo, medito y dejo fluir mi intuición la cual es mi leal amiga y consejera. 

Recuerdo las palabras, de quien durante un tiempo fue mi director espiritual, el padre Fernando Umaña Montoya cuando en sus retiros espirituales del Foyer de Charité nos enseñó: “el ruido hace mucho mal y el mal hace mucho ruido”.

Y es cierto. Lo he aplicado, evitando personas ansiosas, negativas, pesimistas y escandalosas que perturban mi equilibrio interior. Sin duda, debemos desentendernos de todo aquello que nos roba nuestra paz interior.

Es increíble la sensación de descanso y felicidad producida por la decisión sincera de abandonar el deseo de ganar, competir, tener siempre la razón y pretender “ser el centro de atención” de todo el mundo. 

Por eso, es esencial procurar convertirnos en seres libres y sencillos que gozan de la sensación de un beso, un abrazo, de la belleza en el arte y especialmente de la conexión con la madre naturaleza, la gran “Pachamama” que día a día nos da su amoroso sustento.

Al terminar la meditación, muy posiblemente las circunstancias y el mundo no van a cambiar, pero indudablemente la actitud frente a los problemas, las enfermedades, la ansiedad y el estrés, serán muy diferentes gracias a esta práctica. 

Recuerda que cuando te amas y respetas tu cuerpo, emociones y mente, vives motivado hacia la paz interior. Sin duda, esta fuerza es la brújula que te guía a permanecer sereno ante cualquier circunstancia de la existencia por muy difícil que sea. Crecer es el camino y celebrar juntos la vida es nuestro verdadero propósito. 

La meditación y la oración clarifican tu mente para administrar y gestionar tus reacciones emocionales logrando el equilibrio contigo mismo y con los demás, convirtiéndote en un ser pacífico, libre, maduro y amoroso.

Si nos enamoramos de este bienestar, poco a poco iremos recuperando nuestra naturaleza esencial, es decir, estar conectados a Dios, sintiendo su presencia que nunca nos abandona.