Un viaje hacia la conciencia superior

Publicado por: felipe.lopez el Lun, 08/03/2021 - 09:43
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Creado Por
Armando Martí
Cuanto más comprendamos el funcionamiento de la mente, tendremos mayor capacidad para potencializar los canales que conducen al descubrimiento de una conciencia superior de donde proviene toda nuestra felicidad, equilibrio y bienestar.
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Cortesía, Carlos de Toro

Sin duda, la mente humana es el sistema operativo biológico más fascinante de todo el universo. Tanto así, que no se han podido contestar muchas de sus preguntas y continúa siendo un enigma para la neurociencia y la psicología. 

No obstante, hay tres componentes esenciales en la red neuronal del cerebro conocidos como el consciente, el inconsciente y el superconsciente, los cuales tienen diferentes funciones, aunque necesitan trabajar de forma armónica con el fin de preservar la salud integral de las personas. 

Cuanto más comprendamos el funcionamiento de la mente, tendremos mayor capacidad para potencializar los canales que conducen al descubrimiento de una conciencia superior de donde proviene nuestra felicidad, equilibrio y bienestar. 

En ocasiones, tanto el inconsciente como el consciente pueden perder la sincronización, generando una especie de corto circuito que nos desconecta de nuestra fuente esencial y, es en este punto, en el que surgen los problemas, las crisis, los conflictos y las enfermedades psicosomáticas. 

¿Cuántos de nosotros hemos decidido perder peso, dejar de fumar, controlar las adicciones, ahorrar dinero, mejorar la autoestima y no depender ni controlar a los demás? 

Sin embargo, estas intenciones ante el primer obstáculo o dificultad, nos hacen rendirnos y evadir el compromiso de sentirnos bien con nosotros mismos. 

Esto se debe a que la decisión se tomó a un nivel consciente, pero el filtro de la mente inconsciente debilitó las respectivas acciones. Además, la voluntad necesaria para liberarnos de estos malos hábitos proviene no sólo de la mente, sino también del espíritu. 

Por eso, el camino hacia la liberación interior es el conocimiento junto con el adecuado manejo de esta trilogía mental que, en realidad, es la clave para lograr aquellas cosas que deseamos.

¿Cuál es la función de la mente consciente?

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Cortesía, Guilherme Caetano

La mente consciente es la encargada de proyectar nuestra identidad personal. Funciona de manera lógica, racional y secuencial, gestionando por segundo varios bloques de información según los niveles de estrés o el estado de calma en que nos encontramos.

Ser consciente significa estar presente al momento de usar intencionalmente el conocimiento derivado de cada acción o comportamiento que hagamos, con el objetivo de tomar las mejores decisiones hacia nuestra sobrevivencia y seguridad individual.

A su vez, este contenido mental se emplea para adaptarnos a las cadenas de antiguas creencias limitantes, las cuales pueden ser reprogramadas o resignificadas con la ayuda y el apoyo de profesionales de la psiquiatría, la psicología, la hipnosis y la PNL (Programación Neurolingüística). 

¿Cómo trabaja el inconsciente?

La función principal del inconsciente es filtrar toda la información innecesaria. Como una especie de detrás de cámaras para que la mente logre lógicamente realizar su trabajo diario sin inhibiciones, según los programas a los que tiene acceso desde el inconsciente eligiendo qué recordar o qué olvidar. 

Es importante tener en cuenta, que con el tiempo el cúmulo de deseos ocultos en el inconsciente junto con las emociones reprimidas se vuelven más difíciles de manejar hasta convertirse en factores desencadenantes de desequilibrios nerviosos.

Pero, si este depósito mental no se limpia de vez en cuando a través de intervenciones psicológicas tales como la de sacar a la superficie muchas de las emociones reprimidas mediante la catarsis, lo más probable es que aparezca una ruptura psicológica del yo o una enfermedad psicosomática a gran escala.

Freud: el viajero del inconsciente

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Cortesía, Archivo de Sigmund Freud

Antes del descubrimiento del inconsciente y su poderosa influencia en las enfermedades mentales y desequilibrios emocionales, los síntomas se atribuían a posesiones demoníacas, hechicería y maldiciones pues el mal reinaba con gran ímpetu y la ignorancia lo fortalecía. 

Afortunadamente, desde hace más de 100 años el papel de las influencias inconscientes en nuestro pensamiento despertó el interés de los científicos. Así sucedió con Sigmund Freud, médico neurólogo austriaco de origen judío y padre del psicoanálisis, quien enfatizó la mente consciente como el lugar del pensamiento racional y emocional, mientras el inconsciente como la guarida de lo irracional. 

Por eso, Freud describía las capacidades de la mente consciente como un sensible detector de estímulos exteriores que provocan diversas reacciones, dependiendo del impacto emocional de esta información codificada y almacenada en el cerebro. 

Freud lo explicaba: "La mente inconsciente se puede ver como la fuente de los sueños y los pensamientos automáticos (los que aparecen sin causa aparente), el depósito de recuerdos olvidados (que aún pueden ser accesibles a la conciencia en algún momento posterior) y el lugar de los implícitos (las cosas que hemos aprendido tan bien que las hacemos sin pensar)”

En consecuencia, la mayoría de los contenidos del inconsciente al no ser confrontados se convierten en sensaciones desagradables de las que huimos tales como el dolor, la ansiedad y el conflicto. 

Freud comparó los tres niveles de la mente con un iceberg. La parte superior que se puede ver sobre el agua, representa la mente consciente, la parte que está sumergida bajo el agua, pero aún es visible es el preconsciente y, la mayor parte del iceberg que se encuentra oculta debajo de la línea de flotación, representa el inconsciente.

Carl Jung: el artesano del espíritu

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Cortesía Thinking Mind

Con el fin de nutrir la investigación del estudio de la mente humana, Carl Jung, médico psiquiatra y psicólogo suizo profundizó desde otras orillas la mente consciente, inconsciente y superconsciente complementando el estudio de fenómenos sagrados ancestrales producidos a un nivel de la comunidad desde la cultura, los mitos y las leyendas.

A esto lo llamó “arquetipo” (modelo), pues el inconsciente es una construcción de aspectos tanto individuales como colectivos. Ahora bien, esta matriz mental moldea la forma en que percibimos e interpretamos las experiencias diarias según el bagaje histórico heredado de cada pensamiento y experiencia de los antepasados. 

Los arquetipos son conceptos en forma de símbolos emocionales que ayudan a filtrar y procesar las sensaciones, percepciones e imágenes brindando un sentido a la existencia desde el “inconsciente colectivo”.

Por esta razón, para Jung un arquetipo es: “universal y puede ser reconocido tanto en manifestaciones culturales de distintas sociedades como el lenguaje, el comportamiento social y los sueños, cuya influencia mental afecta todo lo que hacemos incluso sin darnos cuenta.”

Finalmente, Jung descubre que la desconexión con el espíritu es la causa de muchos de los fracasos en nuestros propósitos de vida. Por increíble que parezca, son el origen de algunos de los accidentes, bloqueos y ciclos emocionales. 

Esto ocurre al no saber gestionar la inteligencia inconsciente y caer en la trampa de proyectar hacia el destino profecías destructivas autorrealizadoras. En palabras de Carl Jung: “hasta que el inconsciente no se haga consciente, el subconsciente dirigirá tu vida y tú le llamarás destino.” 

La nueva dimensión de la supraconciencia

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Cortesía, Christian Liebel

La fuerza espiritual o sentido de la intuición son estados superiores de la mente humana. La supraconciencia es la conexión con la plenitud frente a otras realidades armónicas y de profundo bienestar personal.

En este estado de conciencia superior se logra experimentar nuevas formas de amor, compasión, perdón, humildad y calma que nos libera del sufrimiento y la carga del mundo material. 

La práctica para lograr estados de supraconciencia, se le conoce en occidente como la oración contemplativa y en el budismo e hinduismo, como la meditación. 

En esta acción no existe la división, pues Dios nos une a todos. Más allá del consciente y del inconsciente, lo espiritual es lo único real. La vibración del amor universal hace que descubramos que estamos hechos no sólo de cuerpo, emociones y mente, sino también que somos seres esencialmente divinos. 

Este regalo del cielo no se logra a través de poderes mentales y acumulación de riquezas, fama o dinero. Es la vida simple, transparente y llena de respeto a la naturaleza y a los demás, la que nos pone de cara a la verdadera felicidad al descubrir que existe un Poder Superior a nuestro ego que nos ama y acepta tal y como somos.

Recordemos que cada pensamiento causa un sentimiento, cada sentimiento una acción y cada acción un resultado que define el futuro. 

Por increíble que parezca, de nuestra actitud compasiva y amorosa depende el equilibrio del planeta. Reflexionemos sobre las decisiones que tomamos día a día, pues debemos aprender a adueñarnos del espacio que existe entre el estímulo y la respuesta. 

De esta forma, no nos haremos daño a nosotros mismos ni a los demás, ya que con nuestra nueva conciencia podemos elegir el bienestar personal y el mejoramiento continuo de toda la colectividad humana.