El tigre y el dragón

Mié, 10/06/2026 - 18:07
Nos quieren arrebatar los símbolos patrios con muy discutibles sentencias.
Créditos:
KienyKe

Podemos agradecer a Dios haber sobrevivido al paso infame por el poder de todo un señor mequetrefe. De un mamarracho que nunca debió ser presidente de Colombia. Y no es poco lo que tenemos que agradecerle a Dios, siendo conscientes de las barbaridades que cometió ese señor.

Motivo de gratitud con Él porque ya no restan más que unas cuantas semanas para que el nefasto gobierno de Petro y su banda criminal pasen de ser quienes gobiernan a quedar en la mira de la justicia nacional e internacional. Y el otro motivo es que no queda la menor duda de que el heredero de Petro, el anticandidato Cepeda, no tiene la menor opción de sacar la votación requerida para superar a su contendiente.

Sin esta última condición, no tendríamos nada que agradecerle, porque el futuro sería más dramático que un presente que se ha hecho insoportable.

Al país se le apareció la Virgen con la candidatura de Abelardo de la Espriella. Contra todo pronóstico, un curioso personaje decidió pasar de una vida apacible en Italia a medírsele a un ogro de inmensa peligrosidad. Pareciera un cuento de hadas, pero qué le vamos a hacer.

A veces la ficción se toma un mundo real que trata de imponerse por encima de los sueños y anhelos de las personas. Con una simbología casi medieval de Tigres y Defensores de la Patria. Con gestos sacados de películas para niños, como el de Firmes por la Patria haciendo el saludo militar, en un mundo en el que, por la virtualidad y la IA, nos vemos inmersos en fantasías que nos hablan de que la realidad puede ser otra cuando quienes la protagonizan son héroes legendarios.

Como en todo cuento, aparecen enemigos en forma de monstruos, villanos que no podrían estar mejor retratados que en la figura de un Cepeda. Y de sobra hay otros mal encarados, como Mordisco o Calarcá. A ellos y a muchos más es a quienes tendrá que enfrentarse nuestro héroe, pero para lograrlo tiene que pasar por las oscuras aguas de una justicia tomada que quiere impedirle el paso con sentencias amañadas.

Así podría seguir este cuento de fantasía, con la tranquilidad de que, como yo, millones de colombianos le daremos una victoria contundente al Tigre, que aspiro llegue a los 14 millones de votos. A estas alturas podemos soñar sintiéndonos vencedores. Nada ni nadie podrá frenar esa ola de entusiasmo que se despertó con una ilusión: la de que el monstruo maligno podía ser derrotado gracias a que apareció, como de la nada, un guerrero que se ha sabido rodear de los mejores sin ceder a las viejas y oxidadas castas politiqueras.

Como ejemplo, otro guerrero de talla universal: don José Manuel Restrepo. Si uno es el Tigre, el otro es el Dragón. Juntos son una fuerza incontenible. El coraje, la fuerza, el instinto del guerrero y la capacidad de acción inmediata del Tigre se ven complementados por la visión, el conocimiento, la autoridad y la fuerza del Dragón. No es sino verlos frente a las pantallas o en manifestaciones públicas para comprender la fortaleza indestructible de esa unión.

Nos quieren arrebatar los símbolos patrios con muy discutibles sentencias. Lo que no nos pueden sustraer es una mitología de cuento de hadas que se ha venido construyendo desde la campaña de Abelardo de la Espriella y que será motivo de estudio, como lo fue la de Antanas Mockus en su momento.

La imagen del Tigre se impuso como símbolo y ha tenido una fuerte repercusión en una campaña que, desde sus inicios, se presentó como una batalla en la que quien usufructúa el trono haría lo que fuera por mantenerse en él. Cuando se nos quiere arrebatar el uso de símbolos patrios a pocos días de la batalla final, que es también espiritual, el grito libertario de Firmes por la Patria, de los Defensores de la Patria, se escucha con mayor fuerza. No hay quien detenga esa ola que va arrasando con los enemigos de la libertad.

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Redacción Kienyke.com
Este contenido corresponde exclusivamente a la opinión y perspectiva del artista, Carlos Salas. Las ideas, reflexiones y afirmaciones aquí expresadas no comprometen la línea editorial ni institucional de KienyKe
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