Andrea Posada trabaja rodeada de pieles de cocodrilos, caimanes y pitones que tienen los colores del arco iris. También de Zorros rojos y minks que cuelgan de las estanterías y que pronto se convertirán en carteras, cinturones, chalecos y pantalones. “Arte portátil”, dice Posada. Su marca, Brun & Co., tiene sólo tres años y con ella ha llegado a seducir el gusto exquisito de monarcas de Oriente Medio, Mónaco, la Riviera Francesa e importantes personajes colombianos.
Los diseños de esta colombiana fueron escogidos para hacer parte de una subasta organizada por el principado de Mónaco en beneficio de la fundación Monaco Disease Power, que trabaja con discapacitados mentales. Posada compartió la subasta con marcas tan reconocidas como Cartier y Baccarat.
Posada nació en San Francisco, una ciudad influenciada por la diversidad de culturas, la moda extravagante y el amor al arte. Es diseñadora industrial de la Universidad de Los Andes, pero su pasión por la moda hizo que se aventurara en el campo de la marroquinería desde antes de graduarse. Su carrera comenzó junto a la diseñadora de moda Pepa Pombo, con quien trabajó en la creación de accesorios y zapatos para complementar los atuendos de sus clientes.

Sus influencias están lejos de las tendencias que dictan las revistas. Para ella la verdadera moda es atemporal y no está dictaminada por lo que imponen unos cuantos diseñadores. Esto lo aprendió de su mamá, quien le enseñó a escoger y apreciar prendas y objetos que se consideran clásicos irrepetibles, pero que están diseñados para ser eternos, como una cartera Hermes o un sastre Chanel. Posada se deleita e identifica con la naturaleza y por eso su arte se basa en materiales y colores orgánicos.

Posada vivió en Colombia desde los seis años y después de graduarse decidió irse a vivir a Paris para experimentar la verdadera alta costura. Sus contactos lograron que trabajara con una de las mejores agencias de servicio al cliente y relaciones públicas de moda en Europa. Mientras tanto, la diseñadora se llenaba de imágenes coloridas que grababa en su mente para luego plasmarlas en sus pinturas y diseños. Los jardines florecidos de la capital de Francia la inspiraron para crear su propia empresa de accesorios con las mejores pieles exóticas.

"El mundo de los cueros exóticos es maravilloso para expresar la creatividad de los hombres perpetuando la elegancia del reino animal", opina Posada. Brun & Co. trabaja con grandes costureros de Francia, Alemania e Italia de diversas disciplinas. Cada país se especializa en diferentes tipos de pieles. Posada sólo labora con granjas de cría sostenible donde los animales se encuentran en libertad en América del Sur y el mundo. El resultado son paletas de tonos que parecen imposibles de imaginar en la piel de un reptil. Colores y acabados suntuosos que necesitan ser vistos y palpados para creer que existen.

Consciente de que los mayores criaderos de caimanes del mundo están en Colombia, Brun & Co. fue establecida para crear y representar el talento nacional bajo una industria comercial de élite. En la actualidad exportan artículos hechos en Colombia con altos estándares de calidad, basados en un paquete técnico italiano de curtiembre para caimán crocodilus fuscus. Por medio de un laboratorio de investigación intensiva se seleccionan sólo las pieles de primera calidad.

Posada es equitadora y dice adorar a los animales. Su visión no es ajena a la problemática del medio ambiente y busca que su empresa fomente la preservación de las especies exóticas en Colombia, por lo que el 5% de las ventas se destina al programa de repoblación gestionado por la CAR. La actividad tiene el aval de todas las instituciones del medio ambiente, ya que no afecta a la biodiversidad, produce empleo en la región y previene la caza furtiva.
Cada una de las actividades desarrolladas en criaderos (o cotos de caza europeos) son autorizados y supervisados por el programa ambiental establecido por la Corporación Regional de Cundinamarca (CAR) y el Departamento Nacional de Medio Ambiente de Colombia (CITES). Ambos son los principales entes reguladores de la legislación relacionada con la cría de animales exóticos y especies protegidas en Colombia.
En una noche de invierno parisina, Posada pintaba frente a una ventana y en ese momento supo que debía buscar otro rumbo. Ya habían pasado dos años y aunque amaba Paris, se aventuró a ir a Mónaco, donde hoy reside. Para Posada Mónaco es como estar en un cuento de hadas, en el que también puede trabajar. “El principado es un paraíso de inspiración, los colores de la Riviera, su historia y su luz atraen a personalidades sumamente interesantes que pertenecen a su comunidad con las cuales he compartido experiencias inolvidables”.

Brun & Co. cuenta con el apoyo que el Príncipe Alberto II y la casa Real Grimaldi brindan a los jóvenes emprendedores residentes del principado. Las carteras y accesorios de Posada han sido protagonistas de galas de caridad y demás actos a los cuales asiste la realeza. Brun & Co. pertenece a Ladies Lunch, una reunión que se hace dos veces al año en la que participan mujeres líderes del principado con el fin de ayudar a distintas causas internacionales. La organización fue fundada por Baronne Cecile de Massy, dentro de su comité de no honor se encuentran la princesa de Mónaco, Charlene Wittscock, Madame Safia Al Rashid, Lady Tena Green y la relacionista pública Celina la Fuente de Lavotha.
El principado aprecia el arte y lo ha convertido en una plataforma internacional del mundo de lujo. En diciembre, Brun & Co. participará en un evento de caridad organizado en el Club de Yates de Mónaco y consolidará su colaboración con la casa Fashion for Walls para producir obras de arte elaboradas con pieles exóticas. Una de las más exitosas de Brun & Co. es la bandera de Mónaco hecha con cocodrilos y caimanes. Ha tenido gran demanda. Cuelga de las paredes de oficinas y yates privados.

Posada extraña Colombia y en un futuro quiere formar una alianza con algún diseñador que quiera vender sus productos en el país. No será fácil debido a los altos estándares de calidad que Brun & Co. exige, pero es un paso que con seguridad muchas de sus clientas colombianas agradecerían. Melissa Amín y Salomón Amín están dentro de su lista de clientes exclusivos que, por cuestiones de privacidad de la empresa, no se divulgarán. Entre estos se cuentan hijas de expresidentes, grandes empresarias y demás jóvenes de las familias más influyentes del país.

“Nuestra posición consiste en hacer realidad los sueños de nuestros clientes, invitándoles a adquirir un espíritu que sin duda trascenderá en el tiempo. El verdadero lujo es poder expresar su alma por medio de su segunda piel, arte de cueros extraordinarios, un espíritu excepcional”, dice Posada. Las mejores pieles del mundo están, pues, en las manos de una colombiana.
