La herencia de Merkel: ¿más luces que sombras?

Publicado por: felipe.lopez el Dom, 26/09/2021 - 16:54
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Agencia Sputnik
El legado de la canciller germana Angela Merkel se resume bien en una de sus expresiones más conocidas: Wir schaffen das!, una frase que significa en alemán: ¡Lo vamos a conseguir!
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EFE/EPA/CLEMENS BILAN / POOL

Lo dijo en 2015 en plena crisis de los refugiados y se refería a que Alemania acogería a los que llamaban a su puerta. Un millón de personas que huían de la guerra en Siria, sobre todo.

"Fue un giro histórico, muy valiente. Esa convicción de que se puede conseguir también la ha aplicado a la Unión Europea. Gracias a su empuje, la crisis del coronavirus se ha abordado de una forma más solidaria y por primera vez la UE unifica su deuda". Esa es la opinión de Ana Alonso Montes, una experimentada periodista española que trabajó como corresponsal en Berlín para diario El Mundo entre 1999 y 2003.

Pero Alonso también reconoce que Merkel, la primera mujer jefe del Gobierno en Alemania, con nada menos que 16 años ininterrumpidos en el poder, erró en algunas de las decisiones que tomó, especialmente durante una crisis tan potente como la del euro que dio la cara en 2010 y que estuvo a punto de obligar a los griegos a abandonar la moneda única europea y tener que regresar al dracma. Entonces primó el interés alemán sobre el europeo. Eso le granjeó muchas enemistades.

"Merkel ha aprendido de sus errores, y la austeridad a toda costa causó graves daños en países del sur como Grecia. Merkel deja tarea por hacer porque Alemania es un país con reformas estancadas, sobre todo en materia de infraestructuras y digitalización. Y con una asignatura pendiente que ha marcado estas elecciones: abordar el cambio climático con atención a la justicia social. Será el reto del nuevo Gobierno, sea cual sea su color", cuenta Alonso, quien trabaja para el diario digital El Independiente cubriendo la información internacional. En estos días ha estado muy ocupada escribiendo sobre la campaña electoral de la que saldrá el nombre y apellidos del sucesor de Merkel.

Nadie duda de que el balance económico ha sido bueno. Alemania está mejor que en 2005; hay menos paro y mejores sueldos que cuando Merkel tomó el poder. El país es más rico, pero bastante menos equitativo, lo que genera el descontento entre los ciudadanos menos favorecidos y eso deriva en que puedan tomar malas decisiones cuando les toca acudir a votar. El saldo final es una "mezcla" de elementos positivos y negativos, explica Marcel Fratzscher, economista y profesor de la Universidad Humboldt de Berlín.

Quienes critican la gestión de Merkel se centran en las medidas que propició sin consultar a sus socios europeos para solucionar el aluvión de inmigrantes y en las consecuencias que eso desató dentro y fuera de Alemania. Para el periodista alemán Philip Plickert, la crisis migratoria, en la que ella jugó un papel destacado "para bien o para mal", fue una de las causas del Brexit, esto es, la salida del Reino Unido de la Unión Europea.

El error de Merkel en este sentido fue, a juicio de la feminista alemana Alice Schwarzer, que dejó las fronteras abiertas demasiado tiempo. "Ella no contribuyó a una política fuerte y decisiva de integración" de los refugiados, cree Schwarzer. Y eso parece formar parte de las sombras que proyecta su legado. Por no hablar de la inseguridad que provoca en Europa no saber cuál va a ser el rumbo que tome el nuevo maquinista germano.

Sus detractores también la hacen responsable del aumento de la polarización dentro de la sociedad alemana y del aumento de la popularidad de la formación ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD), un partido que no tenía representación en el Bundestag o Cámara Baja del Parlamento y que ahora tiene tantos diputados como los liberales de centro. El AfD abiertamente xenófobo y euroescéptico es cada vez más votado no sólo en los Lander occidentales sino también en ciudades de la antigua Alemania comunista como Dresde, Erfurt o Leipzig, precisamente esta última donde ella estudió Ciencias Físicas antes de dar el salto a la política. Para Plickert, Merkel modernizó a su partido conservador, la Unión Demócrata Cristiana (CDU), desplazándolo "hacia el centro, incluso hacia el centro izquierda, pero eso dejó un gran vacío en la derecha que ocupó la AfD".

Lo paradójico del asunto, añade Plickert, es que una líder de derechas como ella pusiera en marcha reformas más propias de la izquierda como fueron la eliminación de la energía nuclear, la supresión del servicio militar obligatorio, el matrimonio homosexual, la apertura de las fronteras para los inmigrantes o la mutualización de la deuda europea como consecuencia de la pandemia. "Es un camaleón", sentencia el periodista.

En cuanto a política exterior, como bien apunta Cristina Gallach, alta funcionaria de la UE, Europa es "ahora más alemana de lo que hubiera sido sin ella". No obstante, la que ha sido sin duda la mujer más poderosa del mundo [hasta ahora] no ha logrado que su nación, la cuarta economía del planeta e indiscutible locomotora de Europa, sea relevante en términos geopolíticos o militares. Berlín ahora depende de Estados Unidos, China y Rusia en asuntos de defensa, comercio y energía. Tampoco hizo lo suficiente para fortalecer al Viejo Continente, cada vez más dividido internamente.

Escribe Xavier Mas de Xaxàs en el diario La Vanguardia que "Merkel no deja una Europa y una Alemania bien preparadas para afrontar los retos globales, pero sí nos deja el ejemplo de su ética". Esa cara y cruz define su legado, un patrimonio que no resulta tan luminoso si se lo compara con el de tres de sus predecesores: Konrad Adenauer, Willy Brandt o Helmut Kohl. El primero fue el arquitecto de la unidad europea; el segundo reconcilió a Alemania con los países de Europa del Este; y el tercero culminó la reunificación alemana. La historia dirá en qué lugar coloca a Merkel.