El espacio en el poder que dejó la captura de Nicolás Maduro y de su esposa, Cilia Flores, en una operación ejecutada por Estados Unidos, reconfiguró de inmediato el tablero político en Venezuela. Mientras el chavismo busca mantener el control del Estado y Washington perfila una transición condicionada, dos figuras emergen: Delcy Rodríguez y Jorge Rodríguez, hermanos, aliados históricos del régimen y hoy piezas clave del futuro inmediato del país.
Ella asumió la conducción del Ejecutivo de forma interina. Él controla el Parlamento. Juntos, representan la continuidad del chavismo en su momento más crítico.
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Delcy Rodríguez, la mujer que asumió el mando en el momento más crítico
A los 56 años, Delcy Eloína Rodríguez Gómez se convirtió en la primera mujer en la historia de Venezuela en encabezar el Ejecutivo, aunque sea de manera provisional. Nació en Caracas el 18 de mayo de 1969 y pertenece a una familia marcada por la militancia revolucionaria. Su padre, Jorge Antonio Rodríguez, fue fundador del partido Liga Socialista, figura reivindicada por el chavismo como “mártir”.
Abogada formada en la Universidad Central de Venezuela, Delcy amplió su perfil académico en París, donde se especializó en derecho laboral y ejerció como docente universitaria. Su entrada al Estado comenzó en cargos técnicos, como directora de Asuntos Internacionales del Ministerio de Energía y Minas y vicecanciller para Europa.
Su ascenso político se consolidó en 2006, cuando fue designada ministra del Despacho de la Presidencia durante el gobierno de Hugo Chávez, aunque permaneció apenas seis meses. Con la llegada de Nicolás Maduro, su influencia creció de forma sostenida.
En 2013 asumió el Ministerio de Comunicación e Información, convirtiéndose en la voz oficial del gobierno. Un año después fue nombrada canciller, cargo que ocupó hasta 2017, cuando pasó a presidir la Asamblea Nacional Constituyente, un órgano desconocido por la oposición y parte de la comunidad internacional.
Desde junio de 2018 ocupa la Vicepresidencia Ejecutiva, y ha concentrado áreas estratégicas como Economía, Finanzas y Comercio Exterior. A ese poder se sumó, en agosto de 2024, su nombramiento como ministra de Hidrocarburos, reforzando su control sobre la economía venezolana.
Tras la captura de Maduro, juró como presidenta encargada, respaldada por el gabinete y las Fuerzas Militares, en medio de rumores sobre contactos previos con la Casa Blanca.
El presidente Donald Trump descartó a María Corina Machado como figura de transición y aseguró que Delcy Rodríguez es la dirigente con la que Washington está dispuesto a negociar. Según declaraciones oficiales, Estados Unidos no desplegará tropas si la vicepresidenta “hace lo que quiere EE. UU.”.
Trump también confirmó que Marco Rubio, secretario de Estado, mantiene contacto directo con Rodríguez, quien ha manifestado públicamente su disposición a un diálogo, aunque bajo las leyes venezolanas y la legalidad internacional.
Jorge Rodríguez, el operador político que controla el Parlamento
Mientras Delcy asumía el Ejecutivo, Jorge Rodríguez optó por un perfil más reservado. Psiquiatra de profesión, es uno de los dirigentes más influyentes del chavismo y el actual presidente de la Asamblea Nacional, cargo que ocupa desde 2021 y que fue ratificado el 5 de enero, días antes de la autoproclamación de Maduro.
Rodríguez fue vicepresidente durante el mandato de Hugo Chávez, ministro, negociador y jefe de campaña de Maduro en las elecciones presidenciales del 28 de julio de 2024. Además, lideró los diálogos entre el chavismo y la oposición, con participación directa de Estados Unidos.
Dentro del régimen es señalado como el arquitecto de la propaganda y la estrategia política, un rol que hoy le permite garantizar el control institucional del Congreso en medio de la transición.
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Tras la captura de Maduro, estuvo presente en la primera rueda de prensa de su hermana, enviando señales de estabilidad a las Fuerzas Armadas y a los sectores más duros del chavismo, incluidos grupos paramilitares.
Hijos de un histórico dirigente revolucionario, Delcy y Jorge Rodríguez han compartido poder y protagonismo dentro del chavismo durante más de dos décadas. Hoy, con Maduro fuera de escena, ambos concentran los resortes fundamentales del Estado venezolano.
La transición avanza bajo presión internacional, tensiones internas y negociaciones discretas. En ese escenario, el apellido Rodríguez se consolida como el eje del poder en la Venezuela post-Maduro, mientras el país observa si esta nueva etapa significará continuidad, cambio controlado o una ruptura definitiva.
