La captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses y su traslado a Nueva York reordenó el mapa político regional en cuestión de días. En Colombia, ese golpe externo se cruza con un pulso ya tenso entre Donald Trump y Gustavo Petro, y termina metiéndose en la campaña presidencial de 2026.
La pregunta de fondo es práctica: cómo reacciona el electorado cuando la agenda nacional se llena de presión internacional, amenazas, sanciones y un relato de “alinearse” o “resistir”.
Impacto en el oficialismo (izquierda de gobierno)
Para el Pacto Histórico, el choque con Trump abre una oportunidad de narrativa: soberanía y “defensa del país” frente a una Casa Blanca que, según Petro, busca influir en el resultado de 2026. Esa línea tiene un incentivo claro: en escenarios de presión externa, parte del público tiende a cerrar filas con el gobierno, incluso si venía crítico, por pura lógica de identidad nacional.
El problema es que esa ganancia simbólica puede venir con costos materiales. Trump ya hace un tiempo ha estado escalando el tono con Petro (lo ha llamado “matón” y “líder del narcotráfico”), mientras defendía operativos antidrogas más agresivos en el Caribe Si el electorado percibe riesgo económico o aislamiento (cooperación, comercio, inversión), los votantes moderados pueden castigar la continuidad por miedo a una crisis fabricada desde fuera.
Aun así, hoy el oficialismo parte con ventaja en intención de voto: una encuesta de Invamer ubicó a Iván Cepeda alrededor del 31,9%, por encima de Abelardo de la Espriella (18,2%) y Sergio Fajardo (8,5%). Ese dato importa porque sugiere que el bloque de gobierno, con o sin Trump como antagonista, está compitiendo por el primer lugar.
Impacto en el centro político (moderados)
El centro tiene un dilema incómodo: si la elección se lee como “Petro vs. Trump”, el espacio para matices se encoge. En teoría, su mensaje es vendible: ni sumisión a Washington ni choque permanente, sino una relación “seria” con EE.UU. sin regalar soberanía. En la práctica, eso suena tibio cuando la discusión está electrificada.
Aquí ayuda mirar cómo se ubica la gente. En la encuesta Polimétrica (Cifras y Conceptos), el centro apareció como la mayor identificación ideológica, con 45%, por encima de derecha (32%) e izquierda (22%). Es decir: el centro existe, pero todavía le cuesta convertirse en voto consolidado para un candidato.
La ventana que sí podría abrirse es un error de cálculo de los extremos: si la confrontación con EE.UU. se traduce en un golpe real (empleo, dólar, inversión, cooperación), o si el “alineamiento automático” con Trump se ve como entrega, un candidato de centro puede venderse como salida de emergencia: bajar la tensión sin “arrodillarse”.
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Impacto en la oposición de derecha (uribismo y aliados)
La derecha compite con un viento a favor y otro en contra. A favor: Trump ha mostrado señales de preferencia por un giro político en Colombia, y desde su gobierno se ha hablado de elecciones colombianas en términos poco habituales para una relación bilateral. Además, el golpe contra Maduro le sirve a la oposición para insistir en la idea de “cortar de raíz” el eje Caracas-Bogotá y reforzar su bandera de seguridad y mano dura.
En contra: la cercanía con Trump es munición para que el petrismo los pinte como “dependientes” de Washington.
El otro riesgo es aritmético: si la oposición llega fragmentada, el respaldo internacional no alcanza. La misma foto de Invamer, Cepeda arriba y varios nombres disputando el resto, sugiere que el principal reto opositor no es solo crecer, sino unificar.
Lo que se está jugando en 2026
Con Maduro ya en tribunales en EE.UU., Trump gana un trofeo geopolítico y sube la presión sobre los gobiernos vecinos. En Colombia, eso puede mover encuestas por dos vías distintas: orgullo nacional (rechazo a la injerencia) o temor económico (preferencia por “normalizar” la relación con Washington). La campaña, por ahora, parece encaminada a decidir cuál de esas emociones pesa más.
