Arturo Yepes: “No puedo ser uribista ni lo seré nunca”

Arturo Yepes: “No puedo ser uribista ni lo seré nunca”

1 de septiembre del 2014

Arturo es senador y hermano del saliente presidente del directorio conservador, Omar Yepes Alzate. No son enemigos aunque sí contradictores al interior de su partido. Arturo no sólo es santista sectario sino antiuribista provocador y agresivo. Celebra que a su hermano lo haya sucedido David Barguil, de sólo 33 años:

–El partido necesitaba remozarse, viendo el ejemplo que dio el liberalismo en su momento con Simón Gaviria, quien lo hizo bien. Creemos que Barguil tiene suficiente capacidad, inteligencia y esperamos que tenga suficiente ponderación para dirigir a un partido que está prácticamente por mitades”.

¿Y por qué Barguil y no Marta Lucía Ramírez?

Es que Marta lamentablemente es uribista, en cambio Barguil es conservador. Lo he dicho desde hace seis meses, que ella fue una infiltrada del uribismo para evitar que el Partido Conservador apoyara a Santos. Finalmente eso gracias a Dios salió bien porque le dio la oportunidad al presidente de hacer un consenso sobre la paz que no hubiera logrado si el partido lo apoya desde el principio en primera vuelta. Hubiera ganado las elecciones sin el apoyo nacional.

En cambio, logró construir unas mayorías nacionales en favor de la paz que no las hubiera construido si toda la gavilla lo hubiera elegido en el mes de marzo.

¿El Partido Conservador se unirá todo al gobierno de Santos?

Como lo ha sido siempre, es que el conservatismo es un partido que entiende las necesidades del país.

Pero no pueden echarse a la basura los 7 millones de votos del uribismo…

El tema electoral se supera cuando pasan las elecciones pero el partido ha demostrado en su ejercicio parlamentario que es serio, que cuando se compromete cumple, distinto a lo que pasa en otras latitudes donde se la pasan haciendo cálculos para saber si el voto de hoy me conviene o no me conviene o qué me dan a cambio de un voto. El conservatismo ha sido el soporte de los últimos gobiernos precisamente por eso, porque si se compromete vota para cumplir con la palabra empeñada.

¿El gobierno les ha cumplido?

La verdad es que no nos han cumplido. El que mejor nos trató fue Pastrana. Los conservadores le fuimos fieles a Uribe y nos fue muy mal. Falta ver si el gobierno va a hacer un ajuste a nivel de viceministerios y de gerencias, para mejorar la participación conservadora.

¿Usted hizo cola hasta que llegó al Congreso?

Estuvimos trabajándole a Omar durante más de 30 años y llegó la hora de hacer oír nuestra voz propia, muy distinta a la de Omar, trabajamos juntos pero él tiene su criterio y yo el mío.

¿Por qué tan rabioso con el expresidente Uribe?

He sido profundamente antiuribista porque mi primer voto fue por Galán, y acuérdense que en la época en que Galán era influyente en política, insistió para que fuera declarado insubsistente Álvaro Uribe por Belisario porque tenía amistades peligrosas. No puedo ser uribista ni lo seré nunca.

¿Es un asunto personal?

No es personal pero es institucional. Uribe representa la influencia de las mafias en política.

¿Se ha visto con él?

No, y aspiro a no verme nunca… Lo veo en el Congreso cuando él entra, pero aspiro a no tener que cruzar palabra con él porque tengo profundos prejuicios en su contra.

¿Se pueden tener prejuicios en la política?

Claro que sí, creo que todos los tenemos, ¿para qué nos metemos mentiras? Los trinos de María Fernanda Cabal son prejuiciosos, los trinos de Uribe son prejuiciosos, y naturalmente que a uno los prejuicios lo llevan a declararse impedido, por eso no quise aceptar estar en la comisión de acusaciones del Congreso.

¿Por qué no habló duro cuando el conservatismo estaba arrodillado, suplicante, chupándole rueda a Uribe en su gobierno durante ocho años?

Siempre hablé duro, lo que pasa es que no era nadie. Hablaba duro y me oían en Manizales pero no me oían en Bogotá.

Algunos decían que usted era el loquito de la familia….

Siempre he sido igual de duro con Uribe, lo que pasa es que en esa época no me oían.

¿Tiene dos o tres cargos concretos contra Uribe?

Todos los colombianos los tenemos. Primero, la entrada del famoso Job a Palacio. Un Presidente de la República no recibe a una persona que está procesada por narcotráfico en el palacio de los presidentes, eso es una indignidad absoluta.

Segunda, la llevada de los líderes del cartel del paramilitarismo al Congreso. Creo que eso le quitó la dignidad al Congreso de la República. ¿Cómo el Congreso de la República aplaude a Mancuso, el jefe de un cartel narcotraficante, todo prohijado por el gobierno del Presidente Uribe?

Y no solo tres, habría muchos más cargos pero se volvería muy aburrida esta entrevista si nos ponemos a repasar todos los episodios nefastos de Uribe.

Le agrego las licencias que le entregó a muchas aeronaves en la década de los 80 que terminaron transportando droga a los Estados Unidos.

¿Eso es cierto?

Sí, claro, las licencias él las firmó.

¿Le consta, usted ha investigado sobre el tema?

¿Que él las firmó, sí? ¿Que sabía? Eso no lo puede probar nadie. Como en Colombia se volvió costumbre decir que todo fue a mis espaldas pues nadie puede probar que él sabía para qué iban a usar las aeronaves, pero las firmas están ahí.

¿Y cómo entiende que su hermano haya sido tan cercano al gobierno de Uribe siendo el mafioso de quien usted habla?

Porque Omar es Omar y yo soy yo.

¿Omar es más laxo?

Omar es más prudente. Digamos que Omar y yo no aprendimos a aparentar, ambos somos profundamente sinceros, lo que pasa es que él es muy discreto y yo soy muy aguerrido.

Pinta a Uribe como un delincuente y su hermano estuvo con su gobierno durante ocho años…

No soy juez de la República, pero como político digo que tiene amistades peligrosas, y que esas amistades no le convienen al país, y fuera de eso que tiene un vocabulario también peligroso porque el expresidente Uribe sigue usando lenguaje parlamentario, no gubernamental, y contagió lamentablemente a la mayoría de las autoridades colombianas.

Hoy la mayoría de los altos funcionarios del Estado son deslenguados e imprudentes porque Uribe les dejó ese ejemplo, y resulta que eso es muy bueno en un congresista. Soy congresista, por eso uso ese vocabulario, y por eso nunca aspiré ni aspiraré a ser funcionario del Estado.

A este país hay que unirlo y naturalmente eso le corresponde al Gobierno, no al Congreso.

¿Usted es santista?

Soy antiuribista.

¿Y es sano para el país, para la política y para la democracia no ser algo sino “anti”?

Creo que sí porque el Congreso es eso, es el resumen de todas las fuerzas del país, y en este país hay antiuribismo, y digamos que soy la voz del antiuribismo porque no tengo rabo de paja; a mí el gobierno de Uribe nada me dio, nada le pedí, repito, no lo conozco, nunca he hablado con él pero lo he estudiado.

Es una habilidad de muchas familias, un hermano en un lado y otro en la orilla opuesta. Uno gana y nos ayudamos…

Sí, pero tampoco le ayudó a mi hermano. Al contrario, Álvaro Uribe le barrió a Omar hasta el último de los porteros.

Algunos se sorprenderán, un Yepes hablando tan duro de corrupción, cuando participaron en el robo a Caldas…

Yo era un adolescente cuando eso. Hay que preguntarle a Omar…

¿Usted no fue el ladrón, pero sí su hermano Omar?

No tengo idea pero es un problema que no me corresponde.

¿Se lava las manos?

Sí, porque no me corresponde. Es que yo no tengo por qué responder teniendo 16 años por un escándalo que se hizo sobre personas que estaban en el poder. En esa época yo era apenas un estudiante, Omar dice que el tal robo no existió.

¿Qué quiere hacer en el Congreso?

Trabajar por mi región, por eso me metí a la Cámara. Si yo pensara transformar al país hubiese aspirado al Senado, ganando o perdiendo. Pero creo que me corresponde trabajar por mi región.

Hay quienes me dicen que si sigo hablando así, no seré reelegido. No me importa. Yo de hambre no voy a morir, pero no voy a callar solo por intereses electorales.

Veo que son bien distintos, Omar y usted…

Somos hijos de Elvia. Creo que mi papá le heredó sus genes a Omar y mi mamá me los heredo a mí. Mi mamá era así, aguerrida, imprudente, decía lo que pensaba. A Omar no me parezco en nada.

A mi papá no lo conocí porque yo nací póstumo. Cuando nací, hacía seis meses lo habían matado (tenía 52 años), por un enfrentamiento que tenía con Manuel Marulanda, Tirofijo, en Génova.

¿Quién lo mató?

No se sabe. Sicarios, se supone, que de alguna manera por influencia de Manuel Marulanda, pero eso nunca se sabrá porque Tirofijo ya murió.