¿Cuál es el papel del FMI en los países latinoamericanos?

17 de octubre del 2019

Un experto analiza el rol del Fondo Monetario Internacional en las crisis económicas.

FMI

Foto: Jonatan Rosas - Agencia Anadolu

Ecuador vivió una semana y media de crisis social y económica por una serie de medidas fiscales que anunció el Gobierno de Lenín Moreno, conocida como el ‘paquetazo’, en medio de un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Una de esas medidas, que hace parte de un macro paquete de requisitos del FMI para que Ecuador reciba créditos por USD 4.200 millones, era el decreto 833, que eliminaba los subsidios al diésel y la gasolina extra y ecopaís. Otras medidas son la reducción de 30 a 15 días de las vacaciones anuales para empleados públicos, la disminución en un 20% de los salarios en la renovación de contratos ocasionales y el aporte obligatorio mensual de un día de salario.

Durante varios días transportadores, indígenas y sindicalistas paralizaron Ecuador, hasta que la disposición 833 fue derogada luego de las negociaciones abiertas con los líderes indígenas del país. Según la Defensoría del Pueblo, las manifestaciones dejaron ocho personas muertas y 1.340 heridos.

El martes 16 de octubre, la economista jefe del FMI, Gita Gopinath, aplaudió la decisión del Gobierno de tener en cuenta a “todas las comunidades” para decidir sobre reformas macroeconómicas, pero las proyecciones del organismo recortaron la previsión de la economía ecuatoriana y señalaron que se contraerá este año un 0,5 % y registrará un crecimiento de apenas 0,5 % en 2020.

Con este breve contexto, vale preguntarse: ¿es el FMI un salvavidas en medio de las crisis o más bien un catalizador de las mismas?

Hay quienes pensarían que es más lo segundo, teniendo en cuenta el caso de Argentina, por ejemplo, que durante la administración de Mauricio Macri volvió a los brazos del organismo y su crisis multidimensional aumentó; o de Portugal, que desobedeciendo a las clásicas recetas del mismo, hoy es uno de los mejores y más recientes casos de recuperación económica de todo el mundo.

¿Hay algo en común en que Ecuador y Argentina atraviesen crisis por su obediencia con el FMI, mientras que Portugal se salvó haciendo lo contrario? El economista Juan Nicolás Garzón, experto y profesor de la Universidad de La Sabana, señala que en los casos mencionados hay un denominador común y es que el Fondo “aparece como un recurso de salvamento frente a una situación fiscal particularmente crítica, aparición que está acompañada de ‘medidas de ajuste’”, porque dichos préstamos están condicionados.

Dentro de las medidas de ajuste estructural están la reducción del gasto público, la medida económica inicial más sencilla (despidos de empleados públicos, congelamiento de contrataciones o disminución de recursos para obras públicas, privatización de empresas estatales, congelamiento de salario público por un determinado número de años, eliminación de subsidios a servicios públicos), o aumento de ingresos del Estado con impuestos, por ejemplo.

Garzón explica que normalmente esas medidas son muy drásticas y que además, “(las opciones) en el mercado mundial de capitales y la posibilidad de que (los países) accedan a mecanismos de refinanciación, o intenten obtener un poco de oxígeno financiero en los mercados convencionales, son muy limitadas”.

Además, el tipo de medidas que pusieron al Gobierno ecuatoriano sobre la cuerda floja suelen ser muy impopulares. El analista señala que, por ejemplo, reducir el gasto a través de un desmonte de un subsidio que representa USD 1.300 millones al año, “suponía un traslado directo a los precios de transporte, alimentos y demás bienes primarios”, lo que generó una sensibilidad muy fuerte, “porque la gente siente que se le toca el bolsillo y el bienestar, especialmente a los sectores más vulnerables”.

No obstante, aclara que la exacerbación popular ecuatoriana no solo fue producto de este punto específico, sino que fue la acumulación de varios aspectos.

“El Gobierno hace una reforma que toca los empleados públicos, reduce vacaciones, etc… eso termina siendo una combinación súper explosiva que lo tiene contra la pared. Considero que se pospusieron reformas que hubieran podido ser graduales, pero alguien tiene que asumir el costo político”, detalló el experto.

Como en Ecuador, en Portugal también confluyen varios factores

En el caso de Portugal, si bien hay un modelo muy exitoso que el mismo FMI “ha reivindicado como suyo”, también hay una combinación de muchos factores.

Para Juan Nicolás Garzón, uno de los factores está, posiblemente, en el hecho de que Lisboa “haya hecho reformas muy agresivas que con el tiempo, combinadas con el auge de turismo y políticas fiscales mucho más responsables, han dado resultados muy favorables. Pero además, hay algo que no tiene lugar en América Latina: “apareció la Unión Europea (UE), el Banco Central Europeo (BCE) hizo política híper-expansiva, bajó tasas de interés o incentivó la inversión…”. En Latinoamérica no hay ningún mecanismo, integración o política concertada que respalde las acciones de los países.

Rafael Piñeros, internacionalista e investigador de la Universidad Externado de Colombia, también destaca el papel que jugó la UE en el caso de Portugal, y anota que para unos países es “más fácil rechazar” al FMI porque tienen más capacidad de maniobra.

“Si bien Portugal no es Suiza, tampoco es Ecuador, un país que desde el punto de vista individual y regional, tiene menos mecanismos a los cuales acudir. El Fondo para unos se convierte en una vía básicamente obligada, mientras que otros pueden hacer un quiebre o evitarlo a partir de otros mecanismos, como los de la UE”, dice.

¿Los malos resultados son del FMI o de los Gobiernos?

Juan Garzón destaca que las lecturas sobre el éxito de las medidas económicas del organismo financiero en los países en América Latina no son inequívocas. Y Argentina justamente se ubica como el principal caso de resultados negativos. Pero al final, hace una salvedad.

“Uno podría decir que Cristina Fernández tuvo que enfrentar el tema de los fondos buitre, hablar sobre cómo gestionó la deuda y comprometió los recursos del Gobierno, o los empeñó, y al final pensar que el Gobierno lo hizo bien o mal fiscalmente… para un resultado u otro. Y no quisiera hacer una defensa férrea del FMI, porque sé que ha errado en un montón de casos, pero también hay que entender que el Fondo es un último recurso”, recalca.

Pero tampoco se puede decir que el Fondo es perfecto, porque, según explica Garzón, “a fin de cuentas, es una discusión sobre tecnocracia y el Fondo no ha tenido en cuenta las realidades culturales, históricas o sociales de los países”.

“Simplemente son un montón de tecnócratas que creen que el asunto es mover dos palancas y se arregla el problema, pero a la gente en la vida diaria sí los afecta. La eterna crítica del Fondo es esa”, dice Garzón.

De manera contraria opina Piñeros, al afirmar que el FMI no puede tener en cuenta las particularidades (partidistas o socioeconómicas) de cada país, ya que “es una banca de último resorte y no está ahí por benevolente”. Para explicar esto, ejemplifica la situación de un ciudadano cuando busca ayuda de un banco o una entidad financiera.

“Cuando usted se acerca a pedir un préstamo, el banco le va a exigir una serie de compromisos que debe cumplir. Usted va a estar dentro de un rango de ingresos y con base en ello le prestan y se genera una tasa de interés. Básicamente lo mismo pasa con el FMI”, indica.

No obstante, este ejemplo se desdibujaría teniendo en cuenta que un banco, al momento de otorgar un crédito, tendrá en cuenta si el usuario tiene cómo pagar su préstamo, más no le va a pedir que despida sus empleados, que deje de invertir en otros asuntos o que destine recursos para reformas en su hogar.

Piñeros asegura igualmente que es “muy difícil” decir que el FMI “es lo peor que se ha podido inventar la humanidad” y que “macro-económicamente los Estados en América Latina están mejor gracias a las reformas del FMI que se implementaron en los años 90”.

Pero, ¿qué pasa entonces con Argentina? El analista responde que ese país “puede ser la excepción a la regla, porque tiene un severo desfase por cuenta corriente y en términos de inflación”.

En resumen: las crisis son una combinación de factores

Como señala Garzón, aunque la historia no deja bien parado al FMI, la responsabilidad de las crisis, o el estallido de las mismas, no puede endosársele únicamente a este organismo. Los resultados negativos también se dan por malas prácticas institucionales, instituciones débiles, corrupción, “una historia que se repite consistentemente en América Latina”.

Lo grave, asegura, es que en casos como el de Ecuador, “siempre a alguien le estalla la bomba en la mano. Se aplazan y aplazan las medidas, y con el tiempo esos ajustes tienen que ser más agresivos. Ya para el momento del déficit no es que haya muchas opciones, y si usted como país no tiene un BCE, una UE detrás o una Alemania grande que lo jalone, ¿qué le queda? Lo convencional”, reitera.

Hay un elemento en común en los casos mencionados, y es que el Fondo aparece pero solo como un recurso de última instancia y lo hace con consecuencias que generan mucha inestabilidad.

“Al fin y al cabo, el éxito de esos ajustes también depende de un juego de factores internos, no solamente de que el Fondo lo haga bien o mal. En Ecuador, el Gobierno no supo cómo comunicar y qué estrategia utilizar para adelantar una reforma que obviamente iba a ser súper impopular en un país profundamente acostumbrado a una participación muy grande del Gobierno en el gasto “, reflexionó Garzón.

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