Este domingo 11 de marzo se llevarán a cabo las elecciones legislativas que definirán cómo quedará conformado el Congreso de la República en los próximos cuatro años. Se trata de una cita de gran importancia para los colombianos, ya que el futuro de toda la nación está en juego. Sin embargo, este año, al igual que ha sucedido históricamente, la fiesta electoral podría verse empañada por el abstencionismo.
Colombia no se caracteriza por ser un país con altos índices de participación política. Todo lo contrario. Las recientes jornadas electorales muestran como patrón común la poca cantidad de ciudadanos que acuden a las mesas de votación para ejercer su derecho al voto, y este año la tendencia podría continuar.
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La baja aceptación del Congreso de la República (cuyos índices de desfavorabilidad supera el 60%) refleja el inconformismo de los colombianos con la corporación, sobretodo por la inoperancia y la corrupción. Esto podría causar que las personas sientan innecesario o improductivo votar. Pero también está el tema de la gran cantidad de candidatos, los cuales no logran mover tantas pasiones, como sí sucede en elecciones presidenciales. Otros factor que influye en el abstencionismo es la apatía con la política.
Las tres últimas elecciones legislativas son claros ejemplos de esto. Por ejemplo, en el 2014 de 32'835.856 personas aptas para votar, apenas lo hicieron 14'310.367. Esto quiere decir que el 56,42% de colombianos que podían ejercer su derecho en un puesto de votación se abstuvieron. En 2010 esta cifra fue de 55,76% y en 2006 del 59,42%.
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¿Qué pasaría si es grueso del electorado decide votar? Esa es una pregunta que muchos se hacen, ya que es más de la mitad de los colombianos la que no vota. Si lo hiciera, es posible que los resultados de las elecciones cambie radicalmente.
Por eso algunos candidatos al Congreso proponen una reforma política con la que el voto sea obligatorio. De esta forma se busca garantizar que la rama legislativa realmente refleje la opinión de los ciudadanos. En Colombia votar es un derecho mas no una obligación. Lo que se propone es multar o sancionar a quienes no voten.
La propuesta de a poco toma fuerza en diferentes partidos políticos, y podría ponerse en marcha en el Congreso durante la próxima legislatura. Sin embargo, este 11 de marzo se corre el riesgo de continuar con un alto abstencionismo.
