Los dos infiernos de los pequeños migrantes centroamericanos

20 de julio del 2014

Eduardo, como otros miles de niños, vivió el acecho de narcos y traficantes de personas.

Niños migrantes

La mayoría de ellos viaja a los 14, 15 o 16 años de edad. Provienen especialmente de Guatemala y El Salvador, aunque otras naciones centroamericanas como Honduras o Nicaragua también sirven como fuente de oleadas migratorias de menores en busca de refugio en Estados Unidos.

Casi todos viajan huyendo de la violencia que asfixia a sus poblaciones. Otros son involucrados en las redes de trata. Eduardo* partió de una aldea en Guatemala cuando apenas tenía 16 años. Buscaba conseguir algún trabajo que ayudara en la manutención de sus hermanos menores, quienes aguantaban hambre tras el asesinato de sus padres por parte de pandilleros.

En su búsqueda fue retenido por la banda narcocriminal los Zetas, quienes lo secuestraron para usarlo como juguete sexual y explotarlo laboralmente.

Después se contactó con ‘coyotes’ que llevan inmigrantes ilegales hacia Estados Unidos, donde se les prometía un futuro próspero y seguro. Esas dos garantías eran lo único que le interesaba a Eduardo, por lo que convenció a los traficantes de que lo incluyeran en uno de sus operativos de traspaso. Firmaba, en su inocencia, la sentencia a su primer infierno.

De acuerdo con un reportaje del diario mexicano Excélsior, “la pesadilla del sueño americano para los niños que viajan solos rumbo a Estados Unidos” comienza desde que llegan a la frontera entre Guatemala y México.

Eduardo llegaba sin dinero a ese viaje peligroso y para pagar su pasaje debía someterse -como el resto de niños- a trabajos sexuales o mendicidad. En los pueblos en los que descansan por su recorrido, algunos de ellos venden dulces en los parques centrales o las calles más concurridos, por lo que reciben el apodo de ‘canguritos’, pues llevan en su cintura la caja con mercancías. Si el dinero no alcanza, deben optar por prostituirse.

Los menores luego deben aventurar por caminos que muchas veces son mortales para los adultos físicamente más aptos. Deben nadar por ríos caudalosos soportados solo por neumáticos de caucho, o caminar largas horas por zonas desérticas bajo el sol abrazador. Incluso deben soportar largos encierros en el interior de contenedores de contrabando donde pueden asfixiarse.

Niños migrantes

Entre las más riesgosas actividades, muchos de ellos deben subirse a escondidas al tren conocido como ‘La Bestia’, un ferrocarril de carga con 2.330 kilómetros de longitud que atraviesa de sur a norte a México. El tren se ha descarrillado, muchos inmigrantes han caído por accidente o en la mayoría de oportunidad son detenidos, lo que implica una peligrosa apuesta con tal de llegar al borde del Río Bravo.

Eduardo usó ese tren, y según su testimonio, el temor de morir nunca fue tan creíble. Sin embargo, en el caso del menor guatemalteco, su travesía no logró ‘coronar’, pues recién cruzaba los límites entre México y Estados Unidos, agentes de la Patrulla Fronteriza gringa lo detuvieron.

De inmediato, al constatar que no iba acompañado por algún familiar o mayor de edad que asumirá su responsabilidad, Eduardo fue puesto en custodia del Departamento de Saludo y Servicios Humanos del condado Orange, en California. Allí comenzó su segundo infierno.

Niños inmigrantes son despreciados y maltratados jurídicamente en Estados Unidos

Eduardo es uno de los casos de miles de menores de edad que llegan solos a Estados Unidos, provenientes de Centroamérica, y son llevados a juicio sin suficientes garantías en búsqueda de la única condena posible: que sean rápidamente deportados sin siquiera la posibilidad de soñar con el asilo.

Cuando los niños inmigrantes que llegan a Estados Unidos son de México, las autoridades fronterizas tiene la potestad de devolverlos rápidamente por un acuerdo bilateral de lucha contra los ‘mojados’. En pocas ocasiones son considerados refugiados, a menos que ellos hagan una solicitud en ese sentido. En el caso de los cubanos, si llegan a Florida, consiguen automáticamente un estatus migratorio de asilo.

El reportaje que hizo The Daily Beast con Eduardo describe que el adolescente debió pasar dos meses y medio en un centro de tránsito para menores indocumentados, que carecía de abogado y ni siquiera un intérprete que le contara lo que el fiscal o el juez hablaban sobre su caso. “Eduardo no tendía absolutamente nada acerca de su caso. Estaba completamente solo, lejos de casa y confundido”.

Su historia tuvo desenlace gracias a organizaciones de derechos humanos que cuentan con abogados especializados en niños inmigrantes sin acompañante. Contactaron a familiares del joven en Guatemala, quienes les informaron de un primo con residencia legal en Estados Unidos, una opción que le facilitó obtener una tarjeta verde con condición de Inmigrante Juvenil Especial por historial de abuso, descuido o abandono. Su caso era una excepción a la regla.

Entre octubre de 2013  y junio de 2014, se ha reportado el ingreso de más de 47 mil menores de edad inmigrantes no acompañados que han sido retenidos en territorio estadounidense. La mayoría son centroamericanos.

Niños migrantes

Según un informe de Unicef, son varias las causas que precipitan el viaje de niños, niñas y adolescentes solos hacia Estados Unidos. El más común es desplazamiento por la amenaza de la violencia en sus comunidades, muchas veces propiciada por grupos organizados del narcotráfico, la extorsión o la violencia urbana como las pandillas ‘maras’. Otro factor importante es el deseo de reunirse con sus familiares, quien con antelación lograron pasar la frontera. Incluso se ha descubierto factores como escapar de la violencia intrafamiliar y rebeldía, que termina conduciendo a los niños a contactar a redes de tráfico de personas que los ‘secuestran’ y someten a posteriores abusos a cambio de su paso al sueño americano.

“Los niños y niñas que deciden cruzar la frontera sin compañía pueden sufrir graves violaciones a su integridad física y a sus derechos humanos. Los niños migrantes pueden sufrir accidentes (asfixia, deshidratación, heridas); ser enganchados a redes del crimen organizado; ser sometidos a explotación sexual o laboral; sufrir maltrato institucional en el momento de la repatriación o perder la vida en el momento del tránsito y cruce”, advierte Unicef.

El papa exige considerar el fenómeno como “emergencia humanitaria”

El fenómeno que afecta a niños y niñas centroamericanos que cruzan las fronteras hacia Estados Unidos y son detenidos por ese país, los convierte en presa de tratos deplorables dentro de los albergues de paso en los que pueden pasar meses antes de que un tribunal ordene su deportación.

Los jóvenes son recluidos en celdas de detención en los que duermen cientos de menores, en salones amplios y sin  ninguna comodidad, en condiciones similares a las de reclusos en cárceles.

Niños migrantes

Ante los inconvenientes que ha tenido el presidente Barack Obama para sacar adelante una reforma migratoria, en días recientes volvió a clamar al Congreso para que destine unos 3.7 millones de dólares que sirvan para mejorar las condiciones de los menores en tránsito en su territorio, pero con la promesa de que agilizarán sus deportaciones con promesas de que al regresar a sus países de origen gozarán de garantías de seguridad y protección social.

Las organizaciones de derechos de los inmigrantes piden a las autoridades ser cuidados en cumplir el debido proceso con los niños que son llevados a los tribunales, porque todos tienen opción de declarar su solicitud de asilo o refugio como víctimas.

La Convención sobre los Refugiados de las Naciones Unidas de 1951, aceptada por Estados Unidos, prioriza en atención a los menores de edad que por motivos de seguridad, raza, religión u opinión son perseguidos en sus países de origen.

La diplomacia estadounidense ha pedido a los gobierno de Guatemala, El Salvador y Honduras que controlen más sus fronteras para evitar la fuga de menores indocumentados sin compañía de adultos y realicen arduas campañas para poner en conocimiento los riesgos de un niño o niña que cae en manos de ‘coyotes’.

El otro llamado lo hizo el papa Francisco a la Casa Blanca. Pidió calificar la desbordada migración de menores a su país como una “emergencia humanitaria” y atenderla como tal. Es decir, el Vaticano pidió “proteger y acoger” a los niños, niñas y adolescentes que lograron llegar a Estados Unidos huyendo de la muerte en sus países.

*Nombres cambiados para proteger la identidad de las personas.

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