El pasado 13 de junio, la Registraduría de Colombia le dio luz verde al “Movimiento Libertad y Orden”, liderado por el periodista Herbin Hoyos, como comité de un referendo que busca desaparecer la Justicia Especial para la Paz (JEP), remover a los magistrados de las Altas Cortes y reducir el número de congresistas a la mitad.
En medio de la polarizada agenda mediática y política que vive el país por cuenta de quienes repudian y defienden el acuerdo de paz de La Habana, surge un interrogante sobre este propósito ciudadano abanderado por algunas víctimas de las Farc: ¿su derrota es inminente o, por el contrario, existe un camino para que la consulta prospere?
En este contexto, para que el referendo sea aprobado tendría que coincidir una serie de requisitos poco probables. El primer paso es recolectar 1.853.083 firmas en los próximos seis meses. En la práctica, este sería el único punto en el que los promotores del mismo tendrían éxito ya que, a través de la pregunta que sugiere reducir el número de curules en el Congreso, se apalancarían miles de firmas.
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Posteriormente, y en caso de obtener el umbral de casi 2 millones de rúbricas equivalentes al 5% del censo electoral, esta consulta llegaría a la Registraduría. Allí se encontraría su primer obstáculo: la certificación y validación de las firmas.
Algo que para Herbin Hoyos no supone un problema. En conversación con la Agencia Anadolu, el principal promotor del referendo dijo: “nosotros no nos contentaremos con el 5% del padrón electoral, nos vamos con el propósito de obtener por lo menos entre el 20% y el 25%”.
Una cifra considerable si se tiene en cuenta que, por ejemplo, la consulta anticorrupción de 2018 -que consensuaba a la mayoría de colombianos- obtuvo 4,2 millones de firmas, de las cuales tres millones fueron avaladas por la Registraduría, según explica un artículo de Juan Esteban Lewin en el portal La Silla Vacía.
En el segundo trámite, y sobre la base de recibir el visto bueno por parte de la Registraduría, el referendo enfrentaría otro desafío ante el Congreso de Colombia en la primera legislatura del 2020. Los legisladores entrarían a debatir una iniciativa que los afecta directamente y reduciría al Parlamento en cerca de un 50%. Es decir, pasaría de 282 curules a 160: 80 en Senado y 80 en Cámara. Algo que, bajo las dinámicas del Congreso, no verá la luz.
En el supuesto de que el Legislativo respalde por mayoría el mecanismo de participación ciudadana, este sería enviado a una revisión en la Corte Constitucional. Aquí la cosa se complicaría aún más porque los nueve magistrados de esta corporación son en su mayoría proacuerdo de paz y, como en el Congreso, no aceptarían ser removidos de su cargo.
En dicha “purga” de las instituciones judiciales también serían remplazados los 23 magistrados de la Corte Suprema de Justicia, los 27 del Consejo de Estado y los 13 del Consejo Superior de la Judicatura. Una movida con la que, asegura Herbin Hoyos, se erradicaría la descomposición en la administración de la justicia en Colombia.
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