A la espera de un anuncio oficial, en las próximas horas se prevé que el precandidato Juan Carlos Pinzón confirme su ingreso a la Gran Consulta por Colombia, un mecanismo interpartidista pensado para escoger un candidato único del bloque de centro-derecha. La jornada está prevista para el 8 de marzo de 2026, antes de la primera vuelta.
¿Qué cambia si Pinzón entra a la consulta?
Más que un gesto individual, su eventual llegada lo pone en una carrera con reglas compartidas. Participar implica aceptar que la viabilidad se mida en un escenario comparativo con otros aspirantes del mismo espectro, y no solo en precampañas separadas. También sería una señal de disposición a coaligarse: si el proceso se respeta, la consulta puede ayudar a reducir la dispersión del voto en la primera fase del calendario electoral.
¿Para qué sirve una consulta interpartidista?
Una consulta suele perseguir dos objetivos. El primero es coordinación: ordenar candidaturas para llegar con un nombre definido y un mensaje más claro. El segundo es legitimidad: con una participación visible, el ganador obtiene una validación ciudadana previa y un mandato político para integrar apoyos. Que esté fijada para marzo de 2026 acelera la competencia: obliga a aterrizar alianzas, equipos y propuestas con menos margen para dilatar decisiones.
Incentivos y riesgos hacia 2026
Si el mecanismo se consolida, cambia los incentivos para todos. Quien compite allí concentra agenda y recursos en un solo hito; quien se queda por fuera asume el costo de enfrentar a un candidato que llegue con un proceso de selección público. El riesgo, sin embargo, está en lo básico: sin reglas claras y aceptación del resultado, la consulta puede convertirse en una suma de candidaturas sin efecto o en una disputa que deje fracturas. Por eso, lo clave será ver si los acuerdos se sostienen y cómo se procesa la derrota de quienes no ganen.
