A comienzos de 2026, el gobierno de Carlos Fernando Galán muestra una foto clara: los proyectos grandes avanzan y ya se ven en concreto, pero la discusión pública sigue marcada por lo cotidiano: seguridad, basura en la calle, salud y el costo del transporte.
Para ordenar ese balance de su mitad de gobierno, hicimos un "semáforo" de gestión con tres colores. Verde cuando hay avances medibles y resultados visibles, amarillo cuando los datos mejoran pero la experiencia ciudadana sigue en duda, y rojo cuando persisten problemas estructurales, riesgos operativos o cuentas que no cierran. Con esa regla, estos son los frentes que hoy inclinan la balanza.
Verde: obras y modernización en marcha
En infraestructura, el dato central es el Metro de Bogotá. La Primera Línea pasó de 28,98% de ejecución (corte diciembre de 2023) a 68,64% a finales de 2025: casi 40 puntos en dos años. Ya hay más de 9 km de viaducto construidos y llegaron los primeros trenes al patio-taller de Bosa, señales concretas de avance.
En troncales, el ritmo también subió. La Avenida 68 (Grupo 1) pasó de 39,9% recibido a 65,5% (octubre de 2025). Y la troncal de la Avenida Ciudad de Cali (Grupo 4) saltó de 29,5% a 77,7% en el mismo periodo. Además, entró en operación a finales de 2025 un punto clave: la glorieta elevada de Av. Ciudad de Cali con Av. Américas, que pasó de 36% a 99,8% y busca aliviar el tráfico de más de 1 millón de habitantes del suroccidente.
En transporte, la apuesta de modernización se mueve en paralelo: se pactó la incorporación de 705 buses eléctricos para TransMilenio (436 vía concesionarios y 269 cofinanciados por la Nación). El acuerdo incluye un aporte nacional de $938.000 millones (constantes 2024). Es un hito porque abre la puerta a cofinanciación del Gobierno central en flota, aunque los desembolsos sean graduales (2027-2040).
Amarillo: seguridad y experiencia urbana en contraste
En seguridad, las cifras y la sensación van por carriles distintos. 2025 cerró con reducciones en 9 de 11 delitos de alto impacto. El homicidio bajó alrededor de 4% frente a 2024 y diciembre registró la cifra mensual más baja en dos décadas. Pero la calle no se siente así: la percepción de inseguridad llegó a 62%, la más alta desde 2008, esto de acuerdo con Bogotá Cómo Vamos.
El reto es convertir resultados estadísticos en confianza barrial, especialmente en delitos del día a día: hurtos, riñas y violencia intrafamiliar.
En TransMilenio, el balance también es mixto. La evasión sí cayó: los colados bajaron a 13,5% en 2025, menos de la mitad del 29,6% de tres años atrás. Sin embargo, la experiencia del usuario sigue golpeada: solo 35% dice estar satisfecho. Se paga más y más gente paga, pero persisten quejas por congestión, demoras e inseguridad dentro del sistema.
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Rojo: déficit, salud y aseo en estado crítico
El rojo más pesado es el déficit del transporte. Aunque la tarifa subió, sigue lejos de la tarifa técnica estimada en $5.840 por usuario. La brecha supera los $2.000 por viaje y se cubre con el Fondo de Estabilización Tarifaria, con deudas cercanas a $3,1 billones. La alcaldía optó por un ajuste moderado (alrededor de 10,9%) frente al aumento del salario mínimo (+23%), pero el modelo sigue presionando las finanzas distritales.
En salud, las alarmas están encendidas por caja y deudas. La cartera vencida de las Subredes supera los $250.000 millones y el Distrito ya destinó $290.000 millones en transferencias extraordinarias para pagar proveedores y evitar escenarios de insolvencia. A esto se suman efectos de la crisis de aseguradoras: la deuda de Nueva EPS con la red pública habría pasado de cerca de $35.000 millones a más de $90.000 millones a septiembre de 2025, con impactos visibles como demoras en medicamentos y en citas especializadas.
En aseo, el tamaño del problema quedó en números: en 2025 se retiraron 63.855 toneladas de escombros, basura y voluminosos, y se intervinieron 5.552 puntos de arrojo clandestino. El panorama se complica porque en febrero de 2026 vence el esquema vigente de aseo y la ciudad debe transitar a libre competencia, con reglas tarifarias y regulatorias (CRA) y nuevas licitaciones. Si esa transición falla, el riesgo no es abstracto: puede sentirse rápido en la frecuencia de recolección y en la calle.
En este punto, el semáforo deja una lectura simple: Galán llega a 2026 con un verde fuerte en obras y planificación de proyectos grandes, que además ya se ven en la calle. Pero su gestión se juega en lo que la gente mide todos los días. Mientras la seguridad siga siendo un amarillo por la brecha entre cifras y percepción, y el rojo del déficit de TransMilenio, la salud y el aseo no se contenga, el balance público seguirá siendo más exigente que el balance técnico. La segunda mitad del mandato, en pocas palabras, no se decidirá tanto por el ladrillo, sino por si Bogotá mejora en lo básico: viajar mejor, sentirse más segura, tener servicios que respondan y una ciudad más limpia.
