El fútbol, ese viejo sabio que no entiende de justicias pero sí de épica, guardaba una página dorada para España en el Mundial.
Dieciséis años después de aquella mágica noche en Johannesburgo, La Roja volvió a tocar el cielo, bordando su segunda estrella en el pecho tras un combate titánico que paralizó al planeta. Le ganó 1-0 a Argentina, un resultado corto para la inmensidad de lo vivido.
Desde el pitido inicial, el guion fue un monólogo de posesión y de colmillo afilado por parte de la selección europea. España dominaba, sometía y tejía su fútbol de salón, pero la pelota se negaba a besar la red. Argentina, fiel a su genética guerrera, resistía con el alma en un puño. Los 90 minutos reglamentarios se esfumaron entre el suspiro de la grada y la madera, obligando a ambos gigantes a mirarse a los ojos en el tiempo extra.
El drama de la prórroga
La prórroga acentuó el asedio. Cuando Enzo Fernández vio la tarjeta roja, dejando a la Albiceleste con diez hombres, el campo pareció inclinarse definitivamente hacia la portería sudamericana. Sin embargo, el fantasma de la falta de gol flotaba en el ambiente, amenazando con la lotería de los penaltis.
Entonces, llegó el minuto 106. El momento en que los hombres se convierten en leyendas.
En el amanecer de la segunda mitad del tiempo extra, el balón encontró los pies de Ferran Torres. Con la frialdad de un cirujano y la fe de todo un país, el delantero sacó una definición celestial que batió la resistencia argentina. ¡Gol! Un grito contenido durante más de cien minutos que rompió la garganta de millones.
Un epílogo de puro sufrimiento
Los minutos finales no fueron aptos para cardíacos. Con más orgullo que gasolina, Argentina apeló a la heráldica, a su histórica valentía, y se lanzó con todo al ataque buscando un milagro que forzara los penaltis. Fueron instantes dramáticos, de despejes agónicos y corazones en un puño, pero el muro español resistió.
Con el pitazo final, la gloria abrazó a España. Una gesta eterna que el propio Ferran Torres resumió con la voz quebrada por la emoción en la zona mixta:
“Al final el gol ha sido de 47 millones de personas. El destino estaba escrito, estaba hecho para que ganásemos. Lejos de la gente, pero los hemos acercado. Hemos dependido de nosotros, de nuestro fútbol, y lo hemos logrado”: dijo Ferrán Torres.
La segunda estrella ya brilla en el firmamento de La Roja.
