Camu camu, la fruta bendita de la Amazonia

Publicado por: erika.diaz el Mié, 07/04/2021 - 18:24
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Los shipibo-konibo y kukama kukamiria recolectan los frutos camu camu y aguaje en la Reserva Nacional del Pacaya Samiria, en Perú, como parte del movimiento Amarumayu que les permite generar ingresos al tiempo que cuidan los bosques de los taladores.
Los pueblos originarios de los shipibo-konibo y kukama kukamiria recolectan los frutos camu camu y aguaje en la Reserva Nacional del Pacaya Samiria en Perú como parte del movimiento Amarumayu que les permite generar ingresos al tiempo que cuidan los bosques de los taladores.
Créditos:
BioAmayu

Al interior de la húmeda y tropical Reserva Nacional del Pacaya Samiria, ubicada al norte de la Amazonía peruana, las comunidades indígenas de los shipibo-konibo y kukama kukamiria se han convertido en protectores de los bosques amenazados por la deforestación. Cuidan de la biodiversa zona mediante el uso sostenible de sus recursos naturales. Su trabajo cuenta con el apoyo del Gobierno peruano y de un incipiente sector privado comprometido con el cuidado de la selva.

Bajo esa filosofía surgió el movimiento Amarumayu, que comercializa los frutos aguaje y camu camu que se generan al interior de las 2 millones de hectáreas que tiene la reserva, en la que viven 965 tipos de plantas silvestres y más de 1.000 especies de animales entre los que se encuentran tortugas, delfines rosados y garzas.

Amarumayu es conformado por el grupo empresarial AJE, el Gobierno peruano y las comunidades indígenas, entre otros. Sus integrantes tienen el compromiso de proteger la reserva de la amenaza constante de los taladores al tiempo que le dan uso al camu camu y al aguaje.

Como parte del movimiento las comunidades recolectan los frutos amazónicos y los venden para que finalmente sean comercializados por el Grupo AJE transformados en jugos.

Ronald Suárez, líder shipibo-konibo, asegura que la iniciativa genera conciencia sobre la importancia de mantener el bosque en pie sin deforestarlo, no solo por un compromiso con el cambio climático sino por la riqueza que les representan los frutos.

“Viene siendo una actividad biocomercial que nosotros estamos aprovechando para vivir sosteniblemente de ella. Creo que esta actividad es de vital importancia por no depredar el bosque”, relata Suárez.

Pedro Gamboa, jefe y presidente del Consejo Directivo del Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas por el Estado de Perú, respalda la visión de Suárez sobre el movimiento Amarumayu y resalta que los jugos que resultan de su trabajo “no proviene de la tala ni de una sobreexplotación”.

“En realidad ayuda a las comunidades y locales mientras se presenta un producto de calidad al consumidor final”, destaca Gamboa.

Jorge López Dóriga, director global de sostenibilidad y comunicación del Grupo AJE, afirma que para la fabricación de los jugos solo se usa un 20% de los frutos del aguaje (también conocido como moriche) y del camu camu que da el bosque, para garantizar que el resto sirva de alimento para las especies que habitan la reserva.

“Al menos 180 especies de vertebrados incluyendo tres especies de macacos que están casi extintos viven, por ejemplo, del moriche. Por ello le llaman el árbol de la vida. Entonces hay que cuidarlo”, dijo López.

López menciona que la integración de la empresa a la dinámica de la reserva se dio debido a que se cumplían tres condiciones para que las comunidades y el bosque estuvieran protegidos que son que el área estuviera protegida por el Gobierno, que los indígenas realizaran la recolección de acuerdo a sus tradiciones y tiempos y que se garantizara que la actividad no generaría ningún impacto en la flora y fauna.

“Tenemos una relación directa con estas comunidades que reciben unos ingresos para poder educar a sus hijos y todo lo que necesitan a través de lo que han hecho siempre, que es recolectar los frutos y cuidar el bosque. Como eso tiene valor y les da ingreso, sabemos que no van a permitir que se entre nadie a cortar los árboles”, relata el directivo.

López explica que, por su valor, a nadie se le ocurre en Europa cortar olivos o manzanos. A modo de comparación, explica que esa idea es la que buscan imitar con su proyecto en Perú. “Mientras la gente piense que lo que está debajo del Amazonas tiene más valor que lo que está encima o que un árbol cortado tiene más valor que un árbol en pie se van a seguir depredando los bosques”, lamenta.

El directivo relata, además, que con el modelo implementado en Perú se busca que las comunidades, basadas en su estilo de vida, logren darles a los frutos recolectados un lugar en el mundo. “Esa es la idea de Bioamayu (nombre del producto)”, describe.

Unas 500 familias indígenas hacen parte del movimiento Amarumayu, en el que han encontrado mediante la recolección de frutos un sustento. La iniciativa atrajo, recientemente, al Gobierno británico que decidió invertir recursos en el proyecto al considerar que hace parte de los negocios sostenibles con los que busca apoyar la protección del Amazonas.

La ONG Saving the Amazon también aplaude al movimiento y, de hecho, revela que con las ventas de los jugos se sembrarán árboles para reforestar áreas del departamento colombiano del Vaupés.

“Agradezco a la marca Bioamayu porque con su entrada a Colombia van a donar un porcentaje de lo que vendan a nuestra tarea de restaurar el Amazonas. Sus frutos además vienen de zonas en las que recolectan comunidades indígenas y de esa manera se le da trabajo a estas personas, así como un valor al bosque. Gracias a esos frutos, estos bosques no son talados”, asegura sobre el proyecto el director de Saving The Amazon, Daniel Gutiérrez.

La importancia de trabajos conjuntos para la protección de la Amazonía cobra relevancia cuando se tienen en cuenta las advertencias sobre el impacto que traería su deforestación. Una alianza conformada por ocho organizaciones dedicadas a trabajar por la conservación de la región amazónica, llamada Alianza Noramazónica, indicó en un reciente informe que el 17% del bioma amazónico se encuentra deforestado.

La cifra espanta si se tiene en cuenta que, según reportes académicos, si la deforestación alcanza un 25% el bosque amazónico comenzará un proceso de sequía irreversible, lo que se traduciría en un cambio en el ciclo hídrico global y en la regulación del clima planetario.

Por: Sergio García Hernández / Anadolu