El budista que difunde discursos de odio contra los musulmanes

12 de octubre del 2018

Debajo del hábito de color azafrán que viste Ashin Wirathu se esconde algo diferente a bondad y compasión. Este monje, de contextura menuda y de baja estatura, ha llevado 36 de sus 50 años esta vestidura, experiencia que lo ha convertido en un hombre respetado en su natal Birmania y en un referente espiritual en […]

El budista que difunde discursos de odio contra los musulmanes

Anadolu

Debajo del hábito de color azafrán que viste Ashin Wirathu se esconde algo diferente a bondad y compasión. Este monje, de contextura menuda y de baja estatura, ha llevado 36 de sus 50 años esta vestidura, experiencia que lo ha convertido en un hombre respetado en su natal Birmania y en un referente espiritual en un país donde casi el 90 por ciento de la población es budista.

Un nacionalismo exacerbado y una animadversión visceral hacia los musulmanes –especialmente los rohinyá– caracterizan a Wirathu. Aunque representan solo el 6 por ciento de los birmanos y viven en el prácticamente aislado estado noroeste de Rakáin, para el monje esta comunidad representa un peligro para Birmania que hay que combatir.

Él ha asegurado que su problema no es con otras religiones: es solo con el Islam. “Los musulmanes son como carpas africanas (un pez carnívoro). Se alimentan rápidamente, tienen un comportamiento violento, y se comen entre ellos y a otras especies. Ellos también destruyen los recursos naturales y el lindo fondo marino”, dijo Wirathu en una entrevista a The GroundTruth Project en 2013.

A los rohinyás los llama bangladesíes porque, al igual que muchos políticos birmanos, considera que llegaron del vecino país de Bangladés durante la época de la colonia británica, a pesar de que existen documentos que señalan que los rohinyá habitan el oeste de Birmania desde el siglo VII.

El poder de Wirathu es conocido entre los fieles budistas, quienes siguen sus discursos de odio disfrazados de sermones espirituales y han apoyado sus ínfulas políticas que le permiten hacer lobbie de leyes que van en contra de la libertad y los derechos básicos de los rohinyá.

“Ahora todas las jóvenes usan el velo, incluso en la escuela. Algunas se tapan toda la cara y no sabemos si son mujeres u hombres. Así pueden ocultarse, esconder armas y preparar atentados. Es una cuestión de seguridad”, respondió el monje en una entrevista al diario español El Mundo, en noviembre de 2015, cuando se le preguntó si era cierto que pretendía promover una ley que prohibía portar el hiyab (velo musulmán) y sacrificar animales en las festividades ligadas al Islam.

Wirathu también ha posibilitado que las autoridades se infiltren en páginas de Facebook de los grupos musulmanes y que las escuelas islámicas tengan que llevar un registro de sus lecciones, vigilancia que también realiza, según él, con ayuda de un ejército de personas que analizan la red en Birmania.

La presión política que ha logrado ejercer en nombre de muchas personas se debe en gran parte a que es la cabeza de Ma Ba Tha, la Organización para la Protección de la Raza y la Religión en Birmania y del movimiento nacionalista 969, que se define como opuesto a la expansión del islam.

El genocidio rohinyá

Varios periodistas internacionales que han visitado la ciudad de Mandalay y han entrado al monasterio Ma Soe Yein, un lugar que alberga a cerca de 2.500 monjes y que es liderado por Wirathu, relatan que en la entrada de su oficina es posible ver fotografías de budistas asesinados contrastadas con las imágenes de casas rohinyás quemadas. Para él, las segundas escenas son justificadas por las primeras; pero nada justifica lo que para muchos es un escenario de limpieza étnica.

El 25 de agosto de 2017, el Ejército de Birmania lanzó una gran operación de represión en contra de esa minoría étnica, causando la muerte de aproximadamente 24.000 civiles y forzando a otros 750.000 a huir hacia Bangladés, según un reporte publicado por la Agencia de Desarrollo Internacional de Ontario (OIDA).

Más de 34.000 personas fueron arrojadas al fuego, mientras que cerca de 114.000 fueron golpeadas. Además, se cree que 17.718 mujeres y niñas rohinyá fueron violadas.

Al ser interrogado por el diario británico The Guardian en 2017 por las violaciones a mujeres rohinyá, Wirathu contestó que era imposible que el Ejército hiciera eso “porque sus cuerpos eran muy desagradables”.

“Los bangladesíes están posando para los medios de comunicación. No se están muriendo de hambre… A las agencias de ayuda se les niega el acceso a la zona porque están usando a los refugiados para llenar sus bolsillos”, respondió en la misma entrevista.

Desde 2012, Wirathu alimentó con más fuerza el odio interreligioso, luego de que tres hombres rohinyá violaran y asesinaran a una joven budista en el estado de Rakáin. Aunque los acusados fueron detenidos, los budistas enardecidos atacaron un autobús donde viajaban diez líderes musulmanes que fueron apaleados hasta la muerte.

En 2013, la capacidad de Wirathu para movilizar a los fieles y a otros monjes budistas de línea dura en contra de los musulmanes lo hizo merecedor de una portada en la revista Time que llevaba por título ‘El rostro del terror budista’.

Ni siquiera ser detenido en 2003, por incitar a las “razzias” (ataques sorpresa) en contra de los musulmanes, y ser condenado a 25 años de cárcel por ese hecho (de los cuales pagó nueve años), han logrado aplacar su discurso.

Apodado por los musulmanes birmanos como el Bin Laden del budismo, su rencor está dirigido a todos aquellos que intenten apoyar la causa rohinyá.

En 2015, llamó prostituta a Yanghee Lee, la relatora de la ONU para los Derechos Humanos en Birmania.

“Le hemos explicado la ley de protección de la raza, pero esa prostituta critica las leyes sin estudiarlas como es debido… Si tanto le gustan los musulmanes, que se acueste con uno de ellos”, dijo Wirathu en referencia a los informes de Lee, que en ese año constataban la difícil situación de la minoría étnica.

La personalidad cruel y el terror que genera el monje han sido llevados incluso al cine. El director de cine suizo Barbet Schroeder realizó un proyecto llamado la ‘Trilogía del Mal’, en la que incluyó la historia del dictador ugandés Idi Amin Dada y del terrorista venezolano Carlos El Chacal. Junto a ellos dos aparece Wirathu con su propia película: ‘El venerable W.’ (2017).

Mientras ostente el poder que se le ha otorgado en Birmania, todas las condiciones están dadas para que Wirathu continúe con su estela antimusulmana y chovinista. Para alentar más su odio, las autoridades birmanas y el liderazgo de Aung San Suu Kyi son cómplices de la barbarie contra los musulmanes rohinyá, mientras la comunidad internacional disimula su pasividad ante el genocidio.

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