El orgullo paisa en el Día de la Antioqueñidad

El orgullo paisa en el Día de la Antioqueñidad

11 de agosto del 2017

Los collares de arepas, los sombreros aguadeños, los ponchos, carrieles y machetes; las delicias gastronómicas y, entre ella, la típica bandeja paisa en su exhuberancia: con sus fríjoles, arroz, huevo, carne molida, chicharrón, morcilla y chorizo, el aguacate, la tajada de maduro y el hogao, se apropian este 11 de agosto de los salones de los colegios, que se convierten en fondas de exhibición de todo lo que a un antioqueño lo hace sentir orgulloso de ser antioqueño. 

Esta fiesta de la antioqueñidad se celebra cada año el día de la independencia del departamento, como parte de una tradición que pasa de generación y generación y que busca arraigar en los más chicos y recordarle a los más grandes el amor por su tierra.

Y ese amor en los paisas sí que se nota al evidenciar el orgullo y sentido de pertenencia que sienten (o sentimos) por Antioquia. 

La niñas se visten de campesinas y los niños de arrieros; se recuerda a los próceres Juan del Corral, Francisco Antonio Zea, Atanasio Girardot (punto a parte, su escultura fue robada este jueves de la Plazuela de la Veracruz), José María Córdova, José Félix de Restrepo, por mencionar algunos; y no falta hacer una lectura de alguno de los textos de Tomás Carrasquilla, Manuel Mejía Vallejo o de Fernando González.  

Otro infaltable en todo este ritual para celebrar el orgullo paisa es el humorista Guillermo Zuluaga Azuero, más conocido como Montecristo, y alguna imagen de Horizontes, la pieza pictórica más recordada del artista Francisco Antonio Cano.

Al conmemorar 204 años de separación de la corona española, es pertinente hablar de esas cualidades que han definido la cultura antioqueña y que, como lo explica a kienyke.com el escritor y docente de la Universidad Pontificia Bolivariana, Memo Ánjel, hace parte del “mito fundante de lo que significa ser antioqueño”.

En Antioquia, comenta el académico, “hay cuatro tipos de antioqueños que tienen sus propias culturas: el del Nordeste, que es minero; el del Suroeste, que es finquero; el del Oriente, que es lechero o cultivador, y también está el de las riberas de los ríos”.

Por eso, no hay un solo tipo de antioqueño que defina todas las idiosincrasias de estas subregiones del departamento, pero si hay un mito que los reúne a todos: y es ese que habla del paisa emprendedor, que no se vara, que sale adelante pese a las dificultades, que es acogedor y amable con el visitante, que ama a su familia, que es conservador y regionalista. El que considera que la arepa no puede faltarle al desayuno (incluso puede acompañar cualquier otra comida) y que no perdona unos fríjoles con mazamorra al menos una vez a la semana.

“Todo pueblo tiene un mito fundante y a través de él va logrando alcanzar lo que el mito le propone. En el caso del antioqueño, hacerse conocer por ser negociante y salir adelante en condiciones difíciles. Eso es válido para cualquier pueblo”, afirma Ánjel.

Eso, precisamente, es lo que se celebra un día como hoy, lo que se cree que es la antioqueñidad aunque no sea exactamente lo que se refleja en la realidad.

“Todo lo que somos va cambiando, porque Medellín es una ciudad de inmigrantes y eso hace que se vaya transculturizando, pero, aunque esos procesos son válidos, la cultura se defiende y la gente se encuentra en la cultura por medio de la literatura, allí aparece algo que se llama el inconsciente colectivo: lo que la gente sabe que sí es”, recuerda el docente.

Por eso es que cuando le ofrecen una arepa al paisa que vive en un país lejano o en otra región de Colombia, se enloquece, dice Ánjel, “porque eso lo mantiene en el inconsciente como parte del mito fundador y le recuerda su origen antioqueño”.

Pero allí mismo hay una contradicción. Si bien el paisa tiene un gran sentido de pertenencia por su tierra y lo que ella representa, también hay un anhelo en muchos de ellos por salir a explorar el mundo.

“El sueño del antioqueño es irse. El regionalismo es la memoria que se maneja, pero al elegir entre Antioquia y otro país del mundo, prefiere viajar, aunque con los años busque regresar”, comenta.

Aprovechando que hoy se celebra el día de la antioqueñidad, ¿cuáles son esas cinco características propias de la cultura paisa? ¿Eso que en conjunto o en particular se reconoce en cualquiera que se haga llamar antioqueño?

La hospitalidad

Los más adultos tienen la costumbre de preguntar al conocer a alguien con el mismo apellido: ¿usted es de los Jaramillo (Restrepo, Arango, González, etc.) de dónde? El objetivo inicial es buscar la familiaridad, porque puede ser un primo o pariente lejano, pero el propósito en últimas es recibirlo bien.

El antioqueño es acogedor. Y por tradición de las casas viejas, que tenían múltiples piezas, normalmente en un hogar paisa hay una habitación para recibir al que pueda llegar de visita y necesite una cama para dormir, y aunque no haya lugar, en algún espacio lo acomodan.

Incluso, si no necesita hospedaje, se ofrece así sea un vaso con jugo o un plato de comida al que lo necesite. Además, si requiere una indicación en la calle o un favor, probablemente el paisa le ayuda.

El humor

Para refranes, los paisas. A todo le tienen un dicho o si no, se lo inventan. El antioqueño es pícaro y le gusta hacer reír para relacionarse.

Ánjel dice que el humor es vulgar, de herencia de los arrieros, que “expresaban sus mitos y temores al sexo por medio de él”.

Por su parte, Germán Carvajal, director de El Teatrico y conocido por su personaje en el grupo ‘Los Marinillos’, afirma que el humor antioqueño es exagerado y, se debe decir, “regionalista, burletero y ‘boquisucio'”.

Un ejemplo es el culebrero que, según Carvajal, “tiene una verborrea fluida y profusa”.

“Somos muy montañeros y cerrados, los trovadores no se han podido quitar el poncho, el sombrero y el carriel para representar a esta región nacionalmente sin usar una vestimenta de un antioqueño que ya no existe”, explica.

Un pequeño ejemplo de País paisa del Águila Descalza.

El emprendimiento

Según Ánjel, “el antioqueño habla mucho de él mismo y le gusta. Por estar ‘cañando’ logra unas construcciones espectaculares. El regionalismo se va uniendo al amor por lo que se ha podido construir”.

Y como dice el dicho, “el antioqueño no se vara”. Es reconocida su labor en el ámbito cafetero, industrial, textil y hoy son ejemplo de innovación y nuevos emprendimientos.

Esa habilidad para vender y buscar negocio de todo, los ha llevado a muchos rincones del país y del mundo. De hecho, no falta en cada pueblo una tienda con su tendero paisa.

El amor por la familia

Dice Ánjel que el antioqueño es conservador y debido a esa característica, en su vida juega un papel fundamental la familia, especialmente la mamá y la abuela.

Ellas, tradicionalmente, eran las cuidadoras en las familias extensas de hace ya varios años. Ahora lo siguen siendo, aunque el número de hijos se ha reducido y ha cambiado la composición de los hogares.

Muchos paisas van a la casa de la mamá a almorzar al menos una vez a la semana y pasan por donde la abuela a tomar el café. (Claro que esto pasa en casi todas las familias del país).

El gusto por los fríjoles

El amor por los fríjoles es casi obvio, si se tiene en cuenta que el plato tradicional es la bandeja paisa. Sin embargo, un estudio de la Gobernación de Antioquia, el Grupo Sura, la Universidad Eafit y las firmas Invamer y Etnológica, hecho en 2013, revela que la comida favorita de los antioqueños son los fríjoles con un 33% de preferencia, ante el sancocho, el almuerzo casero o el pescado.

Además, se comen a cualquier edad, aunque ingerirlos con regularidad pueda caer pesado al estómago.

Claro que normalmente se comen acompañados por una y no por todos las proteínas de la bandeja paisa. Se elige entre el huevo, el chicharrón, la carne molida, la morcilla o el chorizo.

En casa paisa, dice Ánjel, “no se come una bandeja completa”. Simplemente este famoso platillo se creó por un error cuando en los paradores de TourAntioquia, un proyecto de los años 60 y 70, se le ofrecía al comensal el plato de fríjoles con alguno de los anteriores acompañantes, y a algunos les dio por incluirlos todos.