El papá llanero de Daniel Coronell

El papá llanero de Daniel Coronell

3 de julio del 2011

Cuando Daniel Coronell nació, su papá se enfrentaba en la radio a los políticos corruptos de Arauca. Su espacio y dirección en el noticiero Pregón Llanero estaban orientados a que el pueblo interpusiera sus denuncias y desde las ondas hertzianas se ejerciera una veeduría ciudadana. Eran otros tiempos, los sesentas, cuando la bonanza del petróleo todavía no había tocado de lleno los sombreros de los vaqueros del Llano.

Medio país sabe quién es Daniel Coronell, pero muy pocos saben quién es  Álvaro Coronell Mancipe, su papá. Para muchos, el primero es el periodista que se ha enfrentado con rigor a los dirigentes políticos más poderosos del país, con el ex presidente Uribe a la cabeza, durante los últimos ocho años. Mientras que para los llaneros, el segundo es uno de los grandes periodistas que ha dado el  Arauca, y uno de los investigadores más rigurosos de toda la Orinoquía colombiana.

Cuentan los oyentes que no había nadie que le ganara a Coronell Mancipe en un duelo oral. Era el campeón de la oratoria en el Llano. Cuando enfrentaba a los hacendados que se querían apoderar de alguna hectárea de tierra de un campesino indefenso, Coronel los defendía con documentos en mano y con las palabras medidas para poner al hacendado en su puesto y dejar al campesino en su hato.

Álvaro Coronell Mancipe es más llanero que el rio Cravo. Nació un primero de febrero de 1940, exactamente en el hato de Puerto Salvador, en Tame (Arauca). Sus papás también nacieron en ese departamento: su mamá se llamaba Julia y su papá Daniel. Tal vez por eso el columnista más leído de Colombia, Daniel Coronell,  repitió el nombre de su abuelo .

Desde niño, Coronell Mancipe alternaba sus estudios con el trabajo en el Llano. Se graduó de bachiller a los 18 años e inició su carrera como periodista. Muchos años después, recibiría su tarjeta profesional en estos menesteres, documento que se inscribió con el número 1453 del Ministerio de Educación. Su programa radial más recordado en los Llanos Orientales se llamaba “Al caer la tarde”. En ese espacio no había denuncias, sólo charlas amenas sobre el acontecer de aquellos pueblos olvidados de Colombia. Se hablaba de los artistas y de sus bellos joropos. La exposición del maestro Coronell sobre la historia de cada pieza musical y de sus cantantes era tan minuciosa y estudiada que muy pocos se atrevían a contradecir sus postulados.

El lugar del mundo donde mejor se siente Álvaro Coronell Mancipe es en el llano adentro.

Al joven también le gustaba bailar. Cuentan sus amigos que lo hacía con altura y galantería. El sobrenombre con el que lo apodaron por aquellos días fue el de Bayiyo. Tal vez el apelativo sobrevino a su figura delgada, su bigote negro y su pelo grueso, como el de los caballos bayos. El periodista asistía a cuanto festival de música lo invitaban. Transmitía en vivo para la emisora y después escribía columnas sobre los eventos para el periódico Llano Rojo. Desde entonces, se inició en la investigación de la génesis de la música llanera. Con interés, viajaba a todos los pueblos para conocer de los abuelos los orígenes de aquella cultura olvidada para rescatarla y nunca dejarla morir. A dónde iba, tomaba apuntes de lo que le contaban y escarbaba las bibliotecas donde aún yacían los libros de historia para revivirlos en el imaginario de las nuevas generaciones.

Sus conocimientos lo llevaron a ser profesor. Comenzó a enseñar español e historia en el Bachillerato Femenino de Arauca y también en el Instituto Técnico Industrial. Para sus alumnas, el maestro era tan bueno que ellas hubiesen querido recibir el resto de materias con él. Así llego a ser el rector del Liceo de Tame. Allá les inculcaría a los estudiantes el amor por el Llano y la pasión por la música llanera. Músicos para los grupos y cantantes para la vida saldrían de aquel colegio incrustado en los adentros del Llano.

Hay Llanos colombianos y venezolanos, pero también los hay brasileros. Coronell Mancipe se interesó por la cultura de estos últimos. Es por eso que decidió estudiar idiomas en la Universidad de La Salle, para perfeccionar su portugués. Sus acercamientos con esas tierras fueron tan propios que se ganó con honores el afecto de los vecinos, de tal suerte que llegó a ser Cónsul de Colombia en Manaos y también en Tabatinga, republicas federativas de Brasil.

Pasados los años ha recibido cientos de distinciones por sus conocimientos y por su entereza para conservar las culturas de la Orinoquia. Cantantes como ‘el Cholo’ Valderrama dicen que no hay persona en el Llano que conozca más de sus músicas y de sus compositores como el propio Álvaro Coronell Mancipe. Así mismo, cuenta otro de los grandes conocedores de la cultura llanera, el maestro Jairo Ruiz Churion que en la tertulias de su casa quien tenía la última palabra sobre de dónde venia un instrumento o cuál era la fuente de inspiración de algún compositor era Coronell.  Lo hacía con argumentos, con fechas y hasta con las horas.

Hasta el momento, cinco grandes legados le ha dejado al país este periodista e investigador: sus cuatro libros sobre el llano –Manuscritos del Llano, El Llano y su Recovecos, María Macaguana y las cosas del llano, En el Llano adentro–. Y a su hijo  Daniel Coronell.