El poder de la negra Rosita

24 de agosto del 2011

No hay ley que pueda aprobarse sin consulta previa a la población afro. Esta maestra de Guapi tiene la llave y la confianza de las comunidades negras.

El poder de la negra Rosita

Quien la ve, cree que está ante una ciudadana extranjera recién llegada del África a Colombia para hablar de negros, de esclavitud, inclusión social y respeto por la raza. Todos la llaman, todos se le acercan, todos quieren hablar con ella en el Encuentro Iberoamericano de Culturas y Comunidades Afrodescendientes que se celebra en Cali. Es Rosita Emilia Solís, una educadora pensionada nacida en Guapi, Cauca, considerada la voz de las organizaciones negras en Colombia y su mayor representante en los procesos consultivos con las comunidades. En más de una ocasión, la Corte Constitucional ha frenado actos legislativos por falta de esta consulta, en la que Rosita juega un papel fundamental. De allí su cercanía con el vice ministro del Interior, Aurelio Iragorri, encargado de los procesos consultivos en el trámite de las leyes.

Comparte manteles con el expresidente del BID Enrique Iglesias, la ministra de Cultura, Mariana Garcés, y el vicepresidente, Angelino Garzón, y puede ser tan recia como cariñosa. Es toda una estrella. No hace la cuenta de la edad, pero dice con gracia que nació en 1952. Usa túnicas y trajes vistosos, con aires africanos, de telas gruesas y estampadas cuyos diseños toma de revistas, Internet o de la televisión por cable. No lo hace para llamar la atención. Su ropero está compuesto por treinta vestidos que le sirven para impactar con su presencia en eventos gubernamentales y para buscar atención a los proyectos de las negritudes sin que la asocien con la extrema pobreza. Tiene diseñadora personal, An Irme, que vive en Buenaventura. Su segundo esposo no solo la ayuda a recoger el orgullo negro, sino a diseñar sus vestidos.

Su postura, antes que mendicante, es altiva, a pesar de conocer la pobreza en carne propia. Pero nunca se quedó enterrada en el lamento. Salió pronto de Guapi y desde 1975 fue maestra en distintos colegios del Pacífico donde dictaba comportamiento y salud. Se propuso entonces cuatro cosas en la vida: conocer todos los espacios donde tenían cabida las comunidades negras, no tener hijos, conseguir un esposo después de los 50 años y mantenerse económicamente, así fuera vendiendo empanadas. “Los pobres no tenemos derecho a soñar si no a hacer”, una consigna que la ha puesto en un sitio alto en el país y que no le ha permitido detenerse ni un momento.

En el Encuentro Iberoamericano de Afros, Rosita fue la voz que más se oyó.

Estudió historia en la Universidad del Valle y ahora está a punto de graduarse en una maestría en pedagogía para adultos. Fue presidente de la organización Cimarrón en Buenaventura y ha estado al lado de los candidatos que han representado a las comunidades negras en el Congreso, para que los de su raza no tuvieran complejo. En 1994 Rosita se convirtió en la primera persona en organizar  los títulos colectivos de tierras para los negros. También es representante de las negritudes en el Consejo Directivo del Incoder en Buenaventura y del Icetex. Se sienta con los funcionarios del gobierno para hablar de títulos territoriales, educación y salud para los pueblos negros. “Sin equivocarme, y siendo modesta, conozco todos los espacios donde deben estar los temas negros. Me ha tocado estudiar mucho”, dice con satisfacción que se evidencia en el rostro.

Habla duro y sin miedo ante cualquier auditorio. Muchos recuerdan la manera como en el segundo semestre de 2009, durante un Consejo Comunitario en el gobierno Álvaro Uribe, le habló duro al mandatario y al entonces ministro de Transporte, Andrés Uriel Gallego, porque no había terminado la carretera Simón Bolívar en Buenaventura. Durante cuarenta minutos, le dijo al Presidente que respetara a los cinco millones de negros que hay en el país, el 10% de la población. Con esa misma entereza le habla al Presidente Santos, porque sabe de su obligación como una luchadora de los de su raza. Es consciente que se poder ha crecido, más este año, cuando la ONU declaró el 2011 como el Año Internacional de la Afrodescendencia. Una oportunidad que no piensa desaprovechar.

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