Enigmático: Descubriendo el origen de las máscaras

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Enigmático: Descubriendo el origen de las máscaras

25 de septiembre del 2017

Para abstraerse de la realidad, crear una personalidad alterna y experimentar el dualismo de la naturaleza, el hombre creó las máscaras, como un símbolo de las necesidades, los temores, las inquietudes y el deseo latente de ocultarse y tener otra identidad. Desde la prehistoria, el ser humano ha utilizado máscaras para venerar a los dioses y obtener beneficios de ellos, como la fecundidad y abundancia de la tierra, la sanación de enfermos y el equilibrio entre las fuerzas del bien y del mal. 

Muchos pueblos primitivos han hecho uso de estos objetos sagrados en ceremonias religiosas, al invocar a espíritus, deidades malignas y seres mitológicos, prestando su cuerpo como un medio para canalizar energías elevadas y misteriosas. Así lo plasmaron diferentes regiones del África, donde empleaban ésta ornamentación en los funerales, con el fin de honrar y conectar la fuerza vital del muerto al espíritu universal, un lazo entre dos dimensiones que intercedía a favor de la comunidad, a través de sacrificios y ofrendas.

Por otra parte, los aztecas atribuían poderes mágicos a las máscaras y eran una protección para los muertos en su viaje al otro mundo, acentuando sus rasgos con piedras preciosas dependiendo del rango social. En la selva amazónica de Perú, Colombia y Brasil, algunas tribus elaboran estas piezas en madera, decoradas con plumas y semillas, inspirada en los personajes de sus leyendas. Así mismo en Estados Unidos y Canadá, los nativos tallaban estos instrumentos del tronco de un árbol vivo, al cual le pedían permiso para su confección, cuando obtenían el consentimiento, ofrecían tabaco en señal de agradecimiento, danzando alrededor para aumentar el efecto del espíritu en la máscara. 

También en Nueva Guinea los nativos utilizaban estos objetos en forma de lechuza para cuidar a los niños y en Costa de Marfil, en la noche se llevan a cabo reverencias a los vivos y muertos, con caretas en forma de cocodrilo con cuernos de antílope para armonizar la relación. 

En la vida diaria, consciente o inconscientemente, nos ponemos máscaras para crear la ilusión de lo que queremos hacer ver a los demás, pero ¿qué tratamos de aparentar o esconder? La mentira es más antigua que las palabras, las especies se camuflaban para sobrevivir a los ataques del enemigo, una característica que el hombre adaptó a su conveniencia. Ocultarse fue un mecanismo para encubrir la vergüenza, la culpa y el miedo al rechazo, al fracaso, a los compromisos emocionales y las expectativas familiares y sociales, que nos impiden ser auténticamente quienes somos. A continuación, algunas de las máscaras que se utilizan con mayor frecuencia: 

1. Indiferencia: Aparentemente nada le importa.  No se conmueve ante lo que ocurre alrededor o lo que los demás digan o hagan. 

2. Chiste: tiene la habilidad para hacer ver que todo es alegría. Se ríe, se burla y todo parece que fuera superficial y jocoso.  

3. Agresividad: constantemente se defiende ante el ataque de los demás, agrede a las personas, es autoritario e inclusive puede llegar a generar miedo, pues impone a la fuerza sus ideas. 

4. Yo no fui, yo no sé: nunca sabe nada, hace las cosas y aparece como ingenuo e inocente, culpa a los demás y nadie puede cuestionarlo porque se las arregla para presentarse como una víctima. 

5. Crítico: no está de acuerdo con lo que otros dicen y hacen, siempre cuestiona a los  demás. Aparece como un sabelotodo y desde esa orilla desvaloriza todo a su alrededor.

6. Confundido: nunca toma decisiones porque dice no estar seguro. Cambia permanentemente de idea y de posición, sin saber que rumbo va a tomar.

7. Pesimista: Visión catastrófica de todo, siempre vive  pensando que lo peor vendrá, que nada es posible, que es mejor no hacer nada porque igual saldrá mal. 

8. Popular: siempre  minimiza  a los que lo rodean, hace creer a los demás que todos deben comportarse a imagen y semejanza para ser aceptados. Se burla de aquellos que son diferentes y no se someten a sus exigencias. 

Las máscaras tienden a resquebrajarse cuando la vida nos conduce a situaciones impredecibles, estresantes o fuera de nuestro control, que nos enfrentan a la pregunta esencial: ¿quién soy yo? Conocerse a uno mismo es quizás una de las tareas más difíciles pero gratificantes que tiene el ser humano, para encontrar la libertad y experimentar el amor incondicional al aceptarnos tal y como somos. 

Por: Armando Martí