Hermanos anoréxicos y bulímicos

Hermanos anoréxicos y bulímicos

24 de Julio del 2012

La noche era el momento elegido para vomitar. Angélica y Daniel Ceballos esperaban a que sus papás fueran vencidos por el sueño para encerrarse en el baño de su casa y devolver, con gran esfuerzo para no hacer ruido, la poca comida que tenían en su estómago. Hacerlo era la manera de liberarse de la culpa que les producía cada bocado de comida. Los hermanos Ceballos llegaron al punto de taponar los sifones de su casa. Mientras Miriam González, su mamá, desconocía el origen de la enfermedad, los cuerpos de sus hijos se convertían en esqueletos forrados en piel. Angélica y Daniel comparten algo más que el ADN, ambos sufren de bulimia y anorexia.

De niños, Angélica y Daniel jugaban a la escuelita y a esconderse en las calles de Aranjuez, un barrio incrustado en las montañas de Medellín. Con el paso de los años, Angélica se convirtió en una especie de madre sustituta para Daniel. Era la encargada de cuidarlo y prepararle la comida. Pasaban la mayor parte del día juntos mientras sus papás trabajan para conseguir el sustento diario. Su papá, Álvaro Ceballos, dedicado a la marquetería y su mamá, Miriam González, a oficios varios.

La bulimia y anorexia llegaron sin avisar. La comida se convirtió en su peor enemigo y el amor entre hermanos los llevó a cerrar la boca. Hoy, Angélica de 20 años y Daniel, de 18, luchan por aprender a manejar una enfermedad que se ha apoderado de sus mentes.

En septiembre de 2006, Angélica decidió dejar de comer. Recién había cumplido 15 años, pesaba 60 kilos y tenía como modelo de estética a las mujeres que aparecían en la novela Sin tetas no hay paraíso. Al no verse como ellas frente al espejo se deprimió por varios días. Las imágenes que veía en el televisor las identificaba como parte de su realidad, pues creció en la ciudad de Medellín. Estaba convencida de que podía cambiar su vida siendo delgada. Dice que no se aceptaba y creía que toda la gente la miraba feo.

Anorexia, Angélica y Daniel Ceballos
A causa de la Anorexia y Bulimia, Daniel llegó a pesar 27 kilos y Angélica 24.

Durante una semana y cumpliendo con el reto que se había impuesto a sí misma, Angélica no probó bocado. Tan solo tomó agua. Pero poco después la dejó porque creía que la engordaba.

Por solidaridad, Daniel cayó en el mismo juego dos años después. Sin embargo, no tenía ningún prototipo físico y había sido delgado toda la vida. Creía que una manera de ayudar a su hermana era imitar su comportamiento. En principio, Daniel dejó de comer solo por un par de días. Pero cuando quería retomar sus hábitos alimenticios, comía en exceso y la culpa le producía vómito.

Los cuerpos de Angélica y Daniel comenzaron a transformarse. Las costillas sobresalían sobre el abdomen, la columna se asomaba por la espalda y con el paso del tiempo sus hombros era más puntiagudos. La piel se pegó a sus huesos. Angélica con 1.56 metros de estatura alcanzó a pesar 24 kilos y Daniel con 1.64 bajó hasta los 27. Con la anorexia y bulimia llegaron otras enfermedades. Calambres, fatigas, bajas de azúcar, crisis de nervios y pánico comenzaron a ser frecuentes. También las depresiones, desmayos y el insomnio contante. Sus papás, ignorantes en el tema, se enteraron de la gravedad de la enfermedad cuando ya estaba en un nivel avanzado.

Anorexia, Angélica y Daniel Ceballos
Desde 2010, los hermanos Ceballos están en tratamiento para combatir sus enfermedades en la Fundación Gorditos de Corazón. 

La primera vez que Angélica estuvo internada fue en el Hospital Mental de Antioquia, donde permaneció durante 40 días encerrada en un cuarto. Dice que esta experiencia fue perjudicial. A la salida del lugar se volvió bulímica porque le decían que si no comía no iba a tener visitas. Daniel solo ha estado internado una vez en la clínica psiquiátrica Samein.

A mediados de 2010, su mamá, desesperada y sin resultados, decidió acudir a la Fundación Gorditos de Corazón por sugerencia de un vecino. Angélica y Daniel fueron diagnosticados e iniciaron un proceso que incluye la recuperación de su metabolismo, físico y emociones. Han estado internos en el Centro de Rehabilitación Saludable, donde reciben apoyo de varios especialistas. Sus papás, en ocasiones, se sienten impotentes por la falta de recursos económicos.

Angélica y Daniel Ceballos han sufrido varias recaídas. Su caso es un reto para los especialistas por tratarse de hermanos. El manejo es difícil porque Angélica es dominante frente a las decisiones de Daniel. A diario tienen que enfrentar la depresión y ansiedad. En el futuro tendrán que aprender a vivir con la descompensación del metabolismo, posible demencia, arritmia cardiaca y desnutrición.