Juan Gabriel Espinel, el deportista colombiano que recorre el país a ciegas

Publicado por: german.alarcon el Vie, 30/07/2021 - 18:12
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Creado Por
Germán Alarcón
A los 22 años de edad Juan Gabriel Espinel perdió la visión en un accidente laboral, pero sus ganas de triunfar y ser alguien en la vida se fortalecieron. Esta es su historia.
Juan Gabriel Espinel le sonríe a la vida a pesar de perder la visión
Créditos:
Instagram - laucha_oficial

"Una vida sin dificultades es aburrida", mencionó Juan Gabriel Espinel en la mitad de la entrevista.

Al oírle esta frase pensé en lo fuerte que es mentalmente este deportista luego de sufrir abandonos, humillaciones y un fuerte accidente laboral que le quitó la vista y le dejó unas cicatrices en su cuerpo que siempre le recordarán ese difícil momento.  

A pesar de no tener contacto físico con él, a causa de la pandemia y la distancia, pude observar que al otro lado de la pantalla de mi computador no había una persona del común.  

Mientras él hablaba, yo lo observaba con detenimiento ya que sus palabras estaban llenas de sabiduría. "Los límites están en la mente", fue otra de las frases que mencionó y que retumbó de inmediato en mi cabeza. 

"Tiene toda la razón", pensé en ese momento.

Sus palabras me fueron llevando a mis recuerdos y a mis sueños. A las cosas que he logrado y las que no. Y me dije: "La frustración hace parte de la vida, pero somos nosotros mismos quienes nos trazamos las metas y creamos nuestros propios caminos para llegar a ellas, sin importar los obstáculos y lo largo que sea".  

En mi mente llegué a maldecir a la pandemia, ya que quería estar cerca de ésta persona que ha sufrido, pero que así mismo ha vivido cada minuto de su vida como si fuera el último. 

Esta es la historia de Juan Gabriel Espinel, un deportista con discapacidad visual, que se propuso recorrer Colombia, Sudamérica y el mundo, en una bicicleta doble junto a su amigo y lazarillo Martín Mancilla, para llevar dos mensajes claros a la gente: 

  1. "Una vida sin dificultades es aburrida"
  2. "Los límites están en la mente"

Infancia: entre abandonos y humillaciones

En 1985, mismo año en que se presentó la toma del Palacio de Justicia y la erupción del volcán del Ruiz que desapareció al municipio de Armero, nació Juan Gabriel Espinel en la ciudad de Bucaramanga. 

Según le cuentan sus allegados, su estadía en la capital de Santander fue corta debido a que su madre se trasladó a la vereda Buenos Aires, cerca a San Gil, donde quedó a la deriva.

Son pocos los archivos que Juan Gabriel Espinel tiene de sus primeros años de vida, o más bien nulos. Sin embargo sabe que a los 2 años de edad, cuando recién estaba empezando a caminar, su progenitora lo abandonó sin explicaciones al respecto.

"Fue a dar una vuelta y jamás regresó", contó en diálogo con Kienyke.com

Los dueños de la finca donde se radicó con su madre no le ponían mucho cuidado. Una señora que vivía en una vereda cerca a la finca se enteró de la situación y lo adoptó.

"No tenía dinero, pero tenía cómo darme un plato de comida", señaló en tono de agradecimiento hacia ese noble gesto de quien se convirtió en su madre adoptiva. 

En el barrio lo señalaron y tildaron como "lo peorcito". Las maldades que hacían los otros niños resultaban siendo culpa de Juan Gabriel, aún sin tener nada que ver en esas acciones de los demás. 

"Me trataban un poquito mal, desconfiaban mucho de mí, todas las cosas malas que hacían los otros pelados las pagaba yo", recordó. 

Esta situación se presentó en diferentes ocasiones debido a que todos sabían que no tenía unos padres para que lo defendieran. Y su madre adoptiva, en vez de averiguar lo que en realidad ocurría, recurría a los golpes y castigos. 

Fue tanto lo que se habló de él que hasta lo tildaron de marihuanero. "Gracias a Dios nunca consumí ni licor ni cigarrillos ni ese tipo de sustancias", afirmó. 

En las celebraciones del Día de la Madre y Navidad lo hacían sentir como un arrimado, lo cual lo afectó mentalmente. Sin embargo, esas palabras lo fortalecieron y obligaron a ser la persona íntegra que es hoy en día. 

"Mi único objetivo era ser alguien importante para todas las personas que me apoyaron y las que no", contó.

Rechazado en el colegio y trabajo a temprana edad 

Con 9 años de edad empezó a trabajar en el campo y con su primer sueldo se compró un cepillo de dientes, una crema y un desodorante. "No me alcanzó para más", dijo con una marcada sonrisa en su rostro. 

A los 11 años de edad dejó de estudiar, no porque no quisiera o como dice Juan Gabriel: "porque fuera brutico", sino porque el colegio de la región no le permitió seguir al no contar con el registro civil o un documento que pudiera mostrar su nombre. 

Juan Gabriel Espinel no dudó un momento en trabajar en lo que saliera. Arrió bestias, sembró pasto y eucalipto, entre otras actividades comunes que se realizan en la región rural de San Gil. 

En ese momento, Juan Gabriel podía ver sin problema y sus ojos conectaron con sus gustos, ya que "todo lo que veía trataba de copiarlo"

Manejó volquetas y carros, trabajó en labranzas, en construcción, como jardinero, celador y como guía de rafting.

 

Juan Gabriel Espinel y Martín Mancilla hablan del proyecto 'Travesía a ciegas'

Accidente laboral: el momento en que su vida tomó un giro

Con 22 años de edad y luego de padecer por tantas dificultades, Juan Gabriel Espinel no había experimentado aún el hecho más complejo de su vida y el cual lo iba a fortalecer como ser humano. 

En el año 2007, cuando trabajaba como guía turístico en San Gil, Juan Gabriel fue a explotar una piedra por orden de unos de sus jefes. Entró a un túnel para cumplir con la regla y por un error humano de uno de sus ayudantes la piedra explotó con él dentro del espacio cerrado. 

"La explosión me botó hacia atrás, los ojos se me estallaron y me los tuvieron que sacar. Perdí tres dientes, cuatro muelas, cicatrices en la cara, brazos y pecho. Estuve un mes en cuidados intensivos. Me perforaron los pulmones para desangrarlos y me abrieron el cuello para poder respirar", recordó.  

En el momento del accidente Juan Gabriel Espinel quedó consciente pero con un dolor fuerte en los oídos y los ojos. Intentó levantarse, pero no pudo. Los habitantes del sector lo auxiliaron y trasladaron hacia el hospital donde le confirmaron la pérdida de la vista. 

Del 31 de octubre de 2007 al 1 de diciembre de ese mismo año Juan Gabriel permaneció en la UCI con poca probabilidad de vida. El 22 de diciembre le dieron de alta. 

Tras el accidente muchas cosas pasaron por su mente. "Quedé inservible porque yo necesitaba la visión para todo lo que hacía", dijo.

Retomó su vida sin ayuda de la gente 

"Yo parecía un perrito porque si quería salir me tocaba esperar a que me sacaran", manifestó. 

A Juan Gabriel Espinel no le parecía justo que sus amigos cambiaran sus rutinas por ayudarlo. Por eso, siete meses después del accidente tomó la decisión de asumir la vida por su propia cuenta. 

"Hay dos opciones: caerme o perderme. ¿Si antes lo hacía porque no lo puedo hacer ahora?", se cuestionó en ese momento.

Y así comenzó a dar sus primeros pasos con ayuda de un palo de escoba. En su mente tenía grabado los recorridos hacia el río, hacia la tienda y el de regreso hacia su casa. 

Al tener la discapacidad visual Juan Gabriel reconoció la importancia de los otros sentidos, pues el sol, el sonido y el agua lo guiaban. Esos tres elementos fueron su bastón en los primeros días de recuperación. 

Aunque sí tuvo recaídas por la condición en la que quedó, nunca pensó en quitarse la vida. Para él, el solo hecho de respirar lo hacía sentirse completo y lleno consigo mismo. 

Fortaleció su mente y su espíritu para salir adelante. 

"En un momento pensé por qué me pasan tantas cosas a mí, yo qué he hecho en la vida para que me toque tan duro, pero ya más grande después de dos años con la discapacidad entendí que no es por qué sino para qué", reflexionó. 

Travesía a ciegas: una aventura sin límites 

Juan Gabriel Espinel se trazó la meta de recorrer Colombia, Sudamérica y el mundo en una bicicleta doble junto a su amigo y lazarillo Martín Mancilla. 

Iniciaron en marzo del 2021 recorriendo la zona norte de Colombia donde han logrado recopilar cientos de anécdotas. En mayo pusieron freno a su travesía a causa de la pandemia y el Paro Nacional. 

Sin embargo, estos obstáculos no los detienen y hoy en día están más fuertes que nunca para continuar con su recorrido, con o sin ayuda del gobierno. 

Su objetivo es decirle a la gente que "una vida sin dificultades es aburrida" y que "los límites solo están en la cabeza".