Las faldas de Primo Rojas

Sáb, 28/09/2013 - 03:55

Primo Rojas no soporta que, por gustarle usar faldas, lo tachen de loca que bota plumas. Una  tarde tuvo la osadía de salir de su apartamento en el barrio Belmi

Primo Rojas no soporta que, por gustarle usar faldas, lo tachen de loca que bota plumas. Una  tarde tuvo la osadía de salir de su apartamento en el barrio Belmira sin más atuendos que una enagua escocesa que había comprado en un almacén del centro de Bogotá, caminó algunas cuadras hasta llegar al apartamento de su novia, que vivía a unos minutos, pero en la mitad del trayecto los taxistas le pitaban y los albañiles lo hicieron el blanco de sus chanzas. No aguantó más. Cuando llegó donde Sandra lo primero que hizo fue pedirle los pantalones que dejaba como reserva en su casa.

Esta historia me la cuenta en el camerino  del Teatro Nacional La Castellana minutos antes de salir a escena. Está sentado en una silla giratoria que da frente a un espejo inmenso empotrado en la pared para el maquillaje y el cambio de vestuario. El camerino es amplio, con muchas luces, detrás de nosotros hay unas varillas dispuestas horizontalmente en las que está lista su indumentaria para la noche de hoy: un pantalón de equitación alemán habano, unas botas color ocre con un pedazo de felpa que compró en el Restrepo y que modificó para la obra. Colgada en un gancho, junto a una blusa blanca, una capa roja de seda que llega hasta el suelo, que según él “es para conquistar…”

Medio horas más tarde comenzó la función de ‘El Tímido y el amor’.

¿Qué es una familia sino el más admirable de los gobiernos?

Tres días después del sábado agotador en el que tuvo dos funciones me recibió en su apartamento, un espacio adusto con paredes blancas, entrada de luz natural que se acompasa con el silencio que marca la pauta de su vida. No está de falda ni de pantalones. Está vestido con un pantalón corto y un suéter naranja que crea una impresión ascética.

—Yo crecí en Kennedy, un barrio de mucha chusma. Mi padre, Bernardo Rojas, era empleado judicial, clase media.

—Bueno, eso le sirvió para crear sus personajes o caricaturizarlos.

— Sí, esa mezcla de gente y los chinos “ñeros” me marcaron.

Primo Rojas, Kienyke

Le gusta escuchar radio en las mañanas, prefiere la sobriedad y amabilidad de las cadenas básicas, pues no soporta el humor de las emisoras juveniles.  Toma un sorbo largo de café y se recuesta en su silla, mira por el ventanal grande mientras hilvana las respuestas. Sus palabras son justas, sus frases pensadas, meditadas. Nos cuenta que su familia era extraordinariamente conservadora, “a mi mamá no le gustaba el contacto con la calle”, asevera mientras agrega un tris de azúcar a su café. “Mi educación fue en colegios privados, para personas que no querían que sus hijos estuvieran en una escuela pública... un  encierro.”

 Moda es todo aquello que dentro de diez años causará risa

En marzo del 2011 llegó a la oficina de Ricardo Pava para trabajar en el diseño de su vestuario para su próxima obra, ‘Plop’. “La primera impresión que tuve de él era que sabía lo que quería”, cuenta Pava, por eso el trabajo fue fácil, Primo deseaba dejar atrás las pruebas que le quitaban tiempo por algo propio, “una evolución interior que vi en él y que demostré en el diseño que hice”, comenta Pava, una falda en negro plateado, del siglo XVIII que le llegaba al suelo sin interferir en el movimiento corporal. Además de la combinación de saco negro y camisa blanca con corbata gris de cuadros.

Aunque Pava prefiere un hombre moderno, sofisticado y elegante, la idea de trabajar para un comediante de stand up comedy que juega con la figura del gañán fue un reto particular, el escape de trajes hechos a medida para clientes del jet set o la política, “la falda de Primo es un juego, un goce, casi que una caricatura, no de él, claro, sino de todos”.

El pudor que lo obligó a no usar falda por la calle se convirtió en su sello de identidad, “recuerdo que quería hacer un personaje que tuviese alguna evocación religiosa, como de hábito religioso, así inventé una falda”, cuenta Primo. Descubrió que era fascinante, que podía moverse y jugar con sus personajes.

 —Desde ese momento comencé a diseñar mis trabajos con falda. Dependiendo de lo que quería hacer. — ¿Qué tiene en cuenta a la hora de escoger una falda de uno u otro tipo? —Los materiales, el diseño, hay telas que me encantan pero al tacto sé que no me sirven, hay otras que no parecen mucho pero son cómodas… — ¿Tiene alguna preferida? — Las escocesas.

Primo Rojas, Kienyke

Luego de tres años de estudio en la Escuela de Teatro del Distrito en Bogotá ocurre entonces un hecho definitivo en la vida de Primo Rojas: su encuentro con el trabajo de Darío Fo en 1984. Primo Rojas trabaja de cabeza en cada obra, no deja ningún detalle al azar, de ahí que prefiera él mismo hacer el diseño de sus faldas, una tarea sencilla, pues no modifica la tela, no le hace costuras ni botones o añadiduras de sastre. Tan solo los pliegues, las texturas y el relieve. “Me dejo llevar por mi instinto, busco las telas y me las mido. Así no más”.

La pluma femenina le da libertad al trabajo

Los juegos que Primo Rojas más recuerda son aquellos en los que se vestía con ropa de mujer, la de doña Bárbara de Rojas, “le sacaba un vestido y collares, hasta zapatos. Me parecía fascinante”. Perfumes, maquillaje y accesorios no duraban mucho tiempo en su lugar mientras Primo estuviese en el cuarto de sus padres.

—A mí me gusta la pluma que es la parte femenina, porque la naturaleza femenina es infinitamente más dúctil, más bella. Cuenta mientras termina su café y juega con una botellita especial de Coca Cola, que de niño le pareció fuerte pero deliciosa. La naturaleza femenina que en sus obras sorprende y vincula es un recurso de buen estudioso del teatro, como opina el poeta José Luis Díaz-Granados, “me gusta su ambigüedad sexual, que es completamente andrógina […] cuando lo ven en escena creen que es homosexual”.

Primo Rojas, Kienyke

Inició su formación teatral en la Escuela de Teatro de Bogotá con Luis Enrique Osorio, en 1997 se interesó por la narración oral e integró el colectivo La Perola. 

El ritmo de su conversación se corresponde con el de su cuerpo. Cuando recuerda descansa y mira fijamente hacia fuera, ahora cuando hablamos del tema de la ambigüedad sexual es preciso y calculado en sus ademanes, como si hablase con las manos y la mirada.

—La dinámica del cuerpo femenino es curvilínea, por eso caminan de forma fascinante.

—Puede haber alguna excepción en sus representaciones —  le digo—, no todo va en bloque.

— Sí hay una excepción: cuando hago de la madre humilde. Mira que la naturaleza femenina tiene eso, le imprime mayor libertad al trabajo.

El humor es una terapia de combate

Se pone de pie para mostrarnos unas fotos de su familia. Sandra, su novia desde hace seis años, nos cuenta que en el apartamento de ella están la mayoría de telas que Primo Rojas tiene para sus obras, “bueno, es que hace poco llegamos acá y no hemos terminado el trasteo”. Él regresa con la instantánea a blanco y negro que saca del estante de sus libros, allí aparecen sus padres y hermanos con un gesto serio del padre y los hermanos, mientras que su madre mira al suelo. De hecho el único que aparece sonriendo es él. “El humor es un escape, cuando nos aburrimos la vida se estanca”, comenta.

Vamos para el apartamento de Sandra, mientras nos cuenta que en el humor negro uno puede meter la verdad envuelta en caramelo. Dice que no hay nada más divertido que dos tipos con un discurso opuesto, como el rico y el “ñero.”

Llegamos al apartamento, hay toda una cantidad de trajes acomodados en dos armarios de cedro oscuro. Allí está la falda negra que le diseñó Ricardo Pava y la falda escocesa que encontró en un almacén de remates una semana antes de hacer su parodia del matrimonio en ‘La elección de un marido’. Primo busca con cuidado en el cajón de abajo, saca una tela blanca se seda, es gruesa pues se forman relieves al primer doblez, la extiende y vuelve a doblar.

—A mí me gusta experimentar, sacar cosas nuevas, volver sobre lo que ya se ha hecho.

—Además son muy prácticas, le digo.

—Sí, las doblas en un cajón y te caben cinco o seis. Además procuro que sean muy funcionales, es que una tela es como una obra: ambas tienen que funcionar simultáneamente.

—Bueno, y qué es lo más incómodo o lo que le da más jartera de sus indumentaria, le preguntó.

—Lo más incómodo…. los zapatos.

Primo Rojas, Kienyke

Afirma que "soy espontaneo, yo estoy pendiente de cuándo salta la liebre para aprovechar el momento de hacer reír". 

Su humor no ha variado desde la noche en que hizo reír a su papá. A partir de una anécdota familiar que involucraba taxis, borrachos y un tío que era la oveja negra de la familia, Primo contó un chiste. Ese chiste se iba alimentando cada vez que lo repetía a sus hermanos, que no paraban de reír.  “Una noche mi papá se dio cuenta y me dijo, a ver hágame reír a mi también… y le fascinó la vaina”. Ese fue el origen de su primer personaje y su show 'Quintero a Tinterillo'.

Primo cierra el armario de su casa, lleva algo de afán pues tiene una cita en media hora.

— El mundo es muy triste en cierto sentido. La sonrisa es una bendición. En especial el humor negro, mi caramelo.

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