Margarita se desmovilizó por desamor

Margarita se desmovilizó por desamor

14 de Agosto del 2011

“No se pinte que se enamora un civil y se la lleva”, le decían a Margarita sus compañeros en la guerrilla. A los catorce años había dejado Florencia, Caquetá, para irse al monte, y allí la vanidad de toda niña de su edad era un peligro porque amenazaba la permanencia de las mujeres en la tropa.

Margarita hoy, en la vida civil, tiene aretes gigantes de libélulas, un collar con dijes de fantasía que parecen esos globos terráqueos del Renacimiento, tacones altísimos y labios carnosos pintados de rojo Ferrari. Después de dos meses de haberse desmovilizado quiere regresar a Florencia a estudiar para ser esteticista. Esa vanidad hizo que luchara contra el uniforme y la presión de la guerrilla para verse fea. Y ganó la batalla: el comandante guerrillero alias ‘Marlon’ se enamoró de ella, el mismo que coordinó el atentado con carro bomba que mató a nueve personas en Buenaventura y secuestró a José Armando Acuña, Concejal de Garzón, Huila. Fue su pareja durante sus seis años en la guerrilla de las Farc. Cuando él visitaba algún pueblo o caserío, le compraba aretes, pintalabios, barniz para uñas y otros lujos pequeños para la vanidad.

Un día, en una caminata por la selva, Margarita y sus compañeros encontraron cientos de volantes en el piso y en los árboles que invitaban a la desmovilización. No era la primera vez que ella oía del Programa de Desmovilización del Gobierno Nacional. A veces, en los radios que la guerrilla tiene para interceptar las comunicaciones del Ejército, oía a exguerrilleros hablar sobre la desmovilización ‒se trata de una estrategia del Ejército para que el mensaje del programa llegue a los guerrilleros‒. Sin embargo, a Margarita nunca se le había pasado por la cabeza desmovilizarse. Tenía ciertas comodidades por ser novia de un comandante y nunca había tenido otra oportunidad en la vida. Antes de irse a la guerrilla, en Florencia, los combatientes que bajaban al casco urbano la invitaban y le decían que se la iban a llevar. Pero ella se fue sin que nadie la obligara.

Estos audios son pasados por las emisoras del Ejército y puestos en los “cañones de sonido” de los helicópteros del Ejército.

Según Marcela Durán, asesora en comunicaciones del Programa de Desmovilización, los volantes, el perifoneo aéreo, las cuñas radiales y los comerciales televisivos sobre el programa no tienen un efecto en la decisión de desmovilizarse. Pensar que sí sería tan inocente como creer que alguien compra un carro o una gaseosa sólo por la publicidad.

Stickers, volantes en forma de tamal y desprendibles para que los guerrilleros puedan ocultar los datos del Programa son algunos de los mecanismos del Ejército para dar a conocer el Programa de Desmovilización. Están hechos en papel biodegradable, que soportan las condiciones de la selva hasta por dos meses. Imprimir un millón de volantes llega a costar 19 millones de pesos. Son lanzados desde helicópteros en coordenadas especiales que les suministra la inteligencia del Ejército.

El Programa de Desmovilización ha realizado encuestas con exguerrilleros sobre cómo se enteraron del programa: 50% lo hizo por cuñas radiales ‒de ese porcentaje, 63% lo hizo en la emisora del Ejército, la única que se sintoniza en varios lugares de influencia guerrillera‒, 18% a través de terceras personas, 15% a través de volantes ‒68% dijeron haberlos visto caer encima de los campamentos guerrilleros‒, 11% en televisión y 4% a través de perifoneo aéreo ‒que se hace a través de unos parlantes de alta potencia que emiten mensajes desde el helicóptero‒. Así, todos estos volantes y ondas de radio y televisión esperan a que los guerrilleros se enteren del programa para que accedan a él cuando se les presente la oportunidad.

Y la oportunidad de Margarita fue la infidelidad. Fue enviada a otro departamento a cuidar a un secuestrado con cuatro guerrilleros más. Pasaban las noches oyendo música y bailando en la selva hasta que, dos meses después, una comunicación oficial de la guerrilla le informó a Margarita que su novio estaba ahora con otra mujer. “Me provocaba arrancarme las orejas”, dice. Al ver su desazón, dos compañeros le dijeron que huyeran juntos. Pensaron en llevarse al secuestrado, pero no podía caminar. Cada uno tomó una linterna, huyeron y dejaron a dos compañeros con el secuestrado sin que se enteraran.

El 1 de mayo de 2011, Margarita se enteró que su exnovio, alias ‘Marlon’, murió en combates con el Ejército. “No vuelvo a creer en los hombres”, dice. Mientras tanto, el Programa de Desmovilización sigue con la tarea de llenar la selva de información. Incluso, crearon unos stickers con una flecha roja que se pegan en los árboles para señalar el camino hacia los caminos que llevan a las veredas. Así, las Margaritas y los guerrilleros que sufren de amor y otros males en la guerrilla, no se perderán cuando decidan volver a la vida civil.