¡No soy negrita, soy negra y me llamo Yolanda Perea!

31 de mayo del 2019

La vida de Yolanda Perea Mosquera ha estado marcada por duras pruebas. La tristeza ha formado parte de su historia personal desde que era muy joven. Cuando solo era una niña, vivió un acontecimiento atroz: fue violada en la oscuridad de la noche. Era el año 1997, tenía 11 años de edad. Un guerrillero de […]

¡No soy negrita, soy negra y me llamo Yolanda Perea!

La vida de Yolanda Perea Mosquera ha estado marcada por duras pruebas. La tristeza ha formado parte de su historia personal desde que era muy joven. Cuando solo era una niña, vivió un acontecimiento atroz: fue violada en la oscuridad de la noche.

Era el año 1997, tenía 11 años de edad. Un guerrillero de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc) la ultrajó y, días después, miembros de la misma guerrilla asesinaron a su madre. Ella aún recuerda cuando llegaron a su hogar y su mamá le hizo prometer que cuidaría a sus hermanos.

Era como si ella supiera lo que le pasaría.

A esas heridas se sumaron otras, como el desplazamiento forzado que sufrió Yolanda junto a otras familias de Riosucio, Chocó. La mujer terminó en Apartadó y luego en Medellín. Habían transcurrido años, cuando encontró ayudar a otras mujeres, que como ella, también fueron víctimas de la violencia sexual del conflicto armado.

Foto: Yolanda Perea

Para ella “ser mujer, negra y colombiana es un orgullo. Desde ahí parte algo, que hayan asesinado a mi mamá por defenderme, eso me da una fuerza y fortaleza de mostrarle a ella, donde quiera que esté, que no dio la vida por mí en vano”, explica.

“Por eso me levanto cada día confiando que desde la defensa que hago por las víctimas de violencias sexuales y por nuestros derechos, se puede evitar que otros niños se queden huérfanos y vivan todo lo que viví. Además, tengo hijos y no quiero que vivan la desgracia que yo viví y las tristezas que tuve que pasar”, dijo.

Para poder ganar luchas, hay que perder cosas

Vivir con el recuerdo de su madre asesinada por los mismos hombres que la violaron ha sido un peso que le encorvó el alma, pero no la voluntad. Su tragedia le ha importado poco a quienes objetan su rol como líder social, en favor de los derechos de las mujeres abusadas sexualmente en Colombia.

No tiene vida pública. No sale al cine o a una café, porque la idea de que sus detractores quieran atacarla la paraliza.

“Son tantas las amenazas que he recibido que he perdido mi vida social ¿por qué? Dejas de salir hasta a un parque a pasear, porque el temor está latente. No tengo una vida íntima porque me da miedo, entonces no salgo. Así es la vida, para poder ganar unas luchas hay que perder algunas cosas. Yo he perdido mi privacidad, pero creo que ha valido la pena porque pese a tanto miedo no me he quedado callada. Siempre he dicho que si me quedo callada las piedras hablan, y no he visto que ellas hablen”.

Foto: Yolanda Perea

Aunque la violación a los 11 años fue el escenario más cruel al que ha estado expuesta, no ha sido el único y cree que por eso el silencio es la peor decisión. “Cuando las víctimas de delitos sexuales nos quedamos calladas, le hacemos un favor al victimario porque él aprovecha y abusa de otra. No lo podemos permitir, debemos ser mujeres de eco y ayudar a no permitir que suceda de nuevo”, explicó.

“Odiosa”, por exceso de amor y protección

Con pulso y sudor Yolanda se ha ganado un lugar como una de las voces más importantes de las mujeres afrocolombianas, de las poblaciones más distantes e ignoradas del territorio colombiano. Eso le ha permitido ayudarlas y lograr que sean escuchadas.

Por encima de la lucha, solo están sus hijos. A ellos, más que a nadie, les hace comprender su labor como activista y la razón de su sobre protección.

“Me tocó hablar con ellos y explicarles porqué era ‘odiosa’, así me decían ellos. Pero, ¿por qué lo era? Yo siempre los restringía, esos pelaos no tenían derecho a amigos, ni a salir ni a nada. A raíz de que pude sentarme y explicarles porque era así, todo lo que yo había vivido y que me obligaba a ser así de protectora, me entendieron”.

Sus hijos se reconocen como víctimas

Perea recuerda, con emoción, la declaración de su hijo mayor. “Me dijo que ellos me entendían, pero me pidieron que también los entendiera a ellos porque eran niños y que seguirían mis consejos, pero que querían que les diera su libertad”. Además, le dijo que nunca le pediría que abandonara su causa, que era la que la definía.

Foto: Yolanda Perea

“Una vez lo intenté y me enfermé por ver tantas cosas que hacer, para decir y yo ahí sin poder decir nada. Entonces mi hijo me dijo ‘no te pediremos que lo dejes porque nosotros también somos víctimas y lo que tu haces ayuda a la reivindicación de derechos de nosotros. Pero, cuídate porque te necesitamos. Porque no queremos que nos dejes por algo como lo que le pasó a nuestra abuela”, contó.

Perea asegura que siempre que sale de casa, antes de despedirse de sus hijos, les da ‘el último abrazo y beso’, porque no sabe qué pueda pasarle estando fuera de su hogar, de su fortaleza, del abrigo de la familia. Aunque Yolanda guarda la esperanza de que nada pasará, ha recibido tantas amenazas que prefiere mantener la práctica del “ultimo adiós” como parte de su rutina de vida.

“Siempre espero que no pase nada, pero si pasa, entonces ya nos despedimos. Lo importante es que si ocurre, habrá sido en defensa de una lucha”, dijo.

“Arrópame con tu esperanza”

Como defensora de Derechos Humanos logró obtener el premio a los Mejores Líderes de Colombia en 2018 por su arduo trabajo en apoyo a más  300 familias, 500 niños y jóvenes de Riosucio en temas como educación, alimentación y orientación.

“Como víctimas estamos abrazando y arropando a Colombia, esperamos que ella nos arrope con esa esperanza y esa fortaleza de la no repetición. Desde nosotras, las víctimas, estamos dispuestas a seguir trabajando y construir la memoria para que no se repita lo que vivimos”, cuenta.

Yolanda lidera una iniciativa llamada ‘Colchas arrópame con tu esperanza’, que son hechas por mujeres que han sido víctimas de la violencia. El pasado 22 de noviembre de 2018 “arroparon” el Congreso de la República motivadas por las ganas de seguir luchando por un país mejor.

“Desde las colchas tenemos una esperanza de poder terminar de tejer todo, desde dentro y sobretodo fuera del país para poder hacer una subasta que nos permita recoger los fondos para poder conseguir la Casa de la Memoria de las Víctimas de Violencia Sexual, esa es la gran meta que tenemos. Es un objetivo muy grande, pero sé que lo lograremos”.

Foto: Yolanda Perea

Colombia “la loca, la muda”

Yolanda se prometió nunca abandonar su lucha por reivindicar los derechos de las mujeres que han sido víctimas de abusos. Es por eso que lidera un llamado que hizo el pasado 22 de mayo la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), en el que solicitaron abrir un caso que busque la verdad restaurativa.

“Queremos que que se sepa la verdad a la que Colombia se le está haciendo la loca y muda porque muchos no quieren saber la realidad de esas violencias que vivimos las víctimas en el marco del conflicto armado, sobretodo la violencia sexual”, dijo.

La líder social cree que es hora de fortalecer la confianza, construir conjuntamente desde las diferentes, las posiciones y pensamientos diversos. En este sentido, hizo un llamado a abocarse en una solo causa.

“Cómo vamos a prevenir todo lo que ha pasado en el país y que no se repita en otras generaciones. Para eso necesitamos reconstruir la memoria, que sirva de referencia para todas esas nuevas juventudes que están creciendo y van a ser parte de la construcción de este país”, comentó.

Agradece ser negra, y pese a que por ello ha sido víctima de discriminación, quiere empezar a cambiar los ‘chips’ que se tienen desde diferentes posiciones. “Porque el otro es negro, indígena o blanco, soy menos o más que él. Somos seres humanos y todos estamos en igualdad de condiciones, hay que empezar a cambiar. Así comenzamos a construir conjuntamente una mejor Colombia”.

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