La colombiana que junto a otras mujeres paracaidistas busca romper un récord mundial

Publicado por: richard.ladino el Vie, 03/04/2020 - 15:36
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Agencia Anadolu
Ana Aponte, paracaidista profesional y artista plástica, quiere romper un récord mundial con cien mujeres volando de cabeza, una iniciativa del Proyecto 19 de la Red de Paracaidismo de Mujeres.
Paracaidista

Ana Aponte Zuluaga, paracaidista profesional y artista plástica colombiana, lleva meses preparándose para ser parte de un nuevo récord mundial en el cual cien mujeres saltarán de un avión en caída libre, en un vuelo vertical de cabeza formando una figura. Por el momento es la única sudamericana clasificada y es la capitana encargada de entrenar a otras paracaidistas de la región que quieren hacer parte de este acontecimiento. Este sería el tercer récord mundial que Ana obtendría en su carrera como deportista.

El primer salto

La primera vez que saltó de un avión fue a los 16 años, cuando estudiaba artes visuales en la Universidad Javeriana de Bogotá. Como era menor de edad, debía llevar un permiso escrito de sus padres, quienes en un principio le dijeron en broma que no se lo darían, pero luego ellos la acompañaron a que viviera esta experiencia. Sin embargo, ese primer salto no fue el más importante ni el que generó su pasión por el paracaidismo.

En 2007, cuando estaba en Australia aprendiendo inglés y trabajando, conoció a Melissa Philippe, una paracaidista francesa con la que vivió en la misma casa. Ella encontró una zona de salto y decidió invitar a Ana con la promesa de grabarle un video. Ana saltó junto a un instructor y Melissa sola: ese momento marcó su vida.

“Cuando vi a una persona tan importante volando al frente mío fue algo simplemente maravilloso. En ese momento supe que quería hacer esto para toda mi vida, que quería volar”, recuerda Ana.

Casi de inmediato llamó a sus padres a contarles que había saltado, una vez más, y que había decidido ser paracaidista. Sin embargo, nunca ha dejado su pasión por el arte: le encanta desde muy pequeña pintar en formatos grandes y en la universidad descubrió otras técnicas como la joyería, la cerámica, el acrílico y el óleo.

“Cuando inicié con este cuento del paracaidismo la gente comenzó a pedirme que les diseñara logos para sus zonas de salto, para sus equipos de paracaidismo. Así empecé a pintar y diseñar cascos”, recuerda.

Paracaidista profesional

Cuando volvió a Colombia conoció a Nicolás Rubio en una zona de salto en Flandes, Tolima. “Desde que empezamos a salir tuvimos una magia impresionante, una conexión que no puedo describir. Empezamos a soñar juntos, pues ambos amamos el paracaidismo con nuestra alma”, señala Ana.

Más tarde, los dos decidieron mudarse por seis meses a una carpa ubicada en una zona de salto en Florida y así completar el número de saltos necesarios para hacer el curso de instructores de paracaidismo en la Skydive University de Estados Unidos.

Para pagar el curso que los convertiría en instructores profesionales hicieron de todo, desde vender manillas y collares hasta construir una escultura gigante de una mariposa que se encuentra a la entrada del condominio El Peñón, en Girardot. Por suerte, luego de graduarse del curso consiguieron un trabajo en Pensilvania, Estados Unidos, como instructores de otros paracaidistas aficionados que querían convertirse en profesionales y, más tarde, ayudaron a crear una zona de salto en Puerto Vallarta, México.

Hace casi siete años decidieron crear juntos Xielo Skydive, una escuela de paracaidismo recreativo que busca convertirse en la primera empresa de paracaidismo en Colombia con estándares de seguridad internacionales. De acuerdo con Ana, luego de graduarse como instructores se dieron cuenta de que se infringían muchas normas que no se deben hacer al practicar este deporte. Lo más difícil de crear esta empresa es que no había una regulación clara de paracaidismo en Colombia.

Los récords

Ana decidió especializarse en vuelo libre o ‘free fly’, una rama de caída libre en la que se puede hacer todo tipo de posiciones y crear un vuelo tridimensional: “Es como estar en el agua”, explica.

En 2016, junto con Nicolás, hizo parte del primer récord sudamericano volando de cabeza. Fueron los dos únicos colombianos, y Ana, la única mujer. Por el momento hay una marca mundial más conseguida por sudamericanos y este 2020 quieren lograr la tercera entre algunos paracaidistas profesionales de esta región, entre ellos Ana y Nicolás.

La bogotana obtuvo su segunda marca mundial como paracaidista en 2016, cuando 65 mujeres de 18 nacionalidades diferentes volaron de cabeza. A raíz de este evento las organizadoras crearon Proyecto 19, una red de trabajo para empoderar a todas las mujeres paracaidistas con algo de experiencia que quieran romper récords mundiales, y ayudarles a entrenarse y dominar las técnicas necesarias para ser parte de ellos.

Este año, dicha organización quiere imponer el récord con cien mujeres volando de cabeza, un evento que estaba planeado para la primera semana de julio y que por culpa de la pandemia global del coronavirus se pospuso, de manera tentativa, para octubre. La decisión de que sean exactamente cien la tomaron para conmemorar los cien años de la conquista del voto femenino.

Este logro “recuerda todo lo importante que han hecho las mujeres. Necesitamos confiar muchísimo más en nosotras mismas, hacen falta más mujeres en el deporte”, afirma Ana.

La idea es que las cien paracaidistas hagan una figura en forma de flor, cada una en un puesto específico, volando de cabeza y cogidas de las manos durante al menos 4 segundos a más de 300 km/hr. El salto se hará en Arizona a más de 18 mil pies (unos 5.486 metros), una altura que ls obliga a llevar oxígeno.

“Lo único para tener en cuenta es que no nos podemos mover mucho porque a esa altura hay menos oxígeno y no podemos gastar ese oxígeno moviendo nuestros músculos porque nos puede dar hipoxia”, explica.

Ana, quien tiene más de cinco mil saltos y 11 años de trayectoria, no solo será la única colombiana en participar, sino que además fue escogida como capitana de Sudamérica. Su responsabilidad es entrenar a todas estas mujeres de la región para que tengan el nivel requerido en la conquista del récord mundial.

“Espero no ser la única sudamericana. Estamos entrenando muy duro con otras mujeres de la región, hay mucho talento. Son personas maravillosas, paracaidistas con mucha experiencia”, dice Ana.

Un arte espiritual

Para ella el paracaidismo no es un deporte extremo porque es más seguro que conducir en carretera. Practicarlo le ha cambiado la vida y por eso considera que todos los seres humanos deberían alguna vez en su vida saltar de un avión y tener la sensación de volar. Es, en pocas palabras, un arte espiritual: “Ha sido el medio por el cual me he conectado con mi cuerpo y con mi mente. Me ha ayudado a superarme, a creer en mí, a meditar, a ser una mejor persona y a salirme de mi zona de confort para reinventarme como deportista y empresaria”.

Es irónico que una persona que le encanta vivir volando en el aire tenga que permanecer encerrada durante esta cuarentena obligatoria para frenar la propagación del coronavirus. La pandemia ha afectado a su empresa y tuvo que cancelar los entrenamientos del récord mundial que venía haciendo. En este momento está buscando apoyo económico de algún patrocinador, pues es muy costoso pagar los entrenamientos, y creó un crowdfounding, una red de financiación colectiva, en la que cualquier persona puede hacer donaciones para que pueda continuar con sus entrenamientos.

Por suerte, aprovecha al máximo este tiempo de cuarentena en un lugar remoto en Fusagasugá, un pueblo cerca de Bogotá: “Hay que aceptar esto que nos está pasando con mucho amor y responsabilidad. Es un tiempo de cambio”.

No niega que hay una preocupación por sus ingresos económicos, pero prefiere recibir lo que sucede con mucho optimismo: “Estoy estudiando yoga, leyendo, haciendo mucho ejercicio, meditando, tratando de analizar qué quiero para mi vida y qué quiero cambiar, haciendo proyectos que había dejado suspendidos. Ahora tengo el tiempo que tanto había anhelado y estoy muy feliz”.